«De Bellum luce»
Me declaro hasta mis femeninos genitales de que me usen el 8M
La violencia contra las mujeres no ha desaparecido ni muestra una tendencia claramente descendente. El funcionamiento real de las ayudas, después de ocho años de gobierno progresista, también es más que cuestionable
Cada 8 de marzo la política española se llena de las mismas vacuas declaraciones solemnes sobre la igualdad de las mujeres que no pueden conciliar, de las que viven atrapadas en una burbuja de violencia machista, de las que cargan con el peso de los cuidados de la familia o de las que cada día ven cómo una casta de señores, en puestos directivos o de mando, siguen okupando el poder real (y repartiéndose los beneficios) sin más mérito y dedicación que la condición masculina de sus genitales.
El Día Internacional de la Mujer se ha convertido en una jornada de consignas, campañas institucionales y competición partidista. De la izquierda, para apropiarse de las manifestaciones, y desde una parte de la derecha (liderada por Vox) para practicar el negacionismo electoral. Solemnizo en una fecha tan simbólica que algunas estamos ya hasta nuestros genitales femeninos de toda esta retórica que opaca la obligada pregunta sobre qué está cambiando de verdad en la lucha por la igualdad.
Cierto es que España dispone hoy de un ambicioso marco legal en materia de violencia machista. Sobre el papel, el dibujo es perfecto, pero la realidad está llena de grietas que la política ignora. Así, la violencia contra las mujeres no ha desaparecido ni muestra una tendencia claramente descendente. El funcionamiento real de las ayudas, después de ocho años de gobierno progresista, también es más que cuestionable, así como el de la respuesta de los mecanismos de protección (pulseras de pega). No ha desaparecido la lentitud administrativa para acceder a prestaciones ni la dificultad para que las víctimas rehagan su vida con las ayudas actuales, insuficientes para afrontar alquileres, cuidado de hijos o independencia económica.
¿Y qué decir del uso partidista de la mujer, adornado con un discurso acusatorio contra el hombre? La izquierda ha presentado muchas de sus iniciativas como avances históricos sin reconocer errores evidentes, como ocurrió con la ley del «solo sí es sí». La autocrítica ha sido mínima, salvo aquella lastimera confesión de Pedro de que tenía amigos que estaban incómodos con las políticas de Irene Montero.
Tras estos ocho años de gobierno progresista, y con la inestimable ayuda de Vox, la causa de la igualdad, que debería ser transversal, se ha estrechado políticamente y, en consecuencia, también en el plano social. Y este 8M, que debería servir para que la política reflexione sobre el daño que está haciendo a la unidad de todos para avanzar en la igualdad, se queda en otra pancarta.