Sin Perdón

¿Una estrategia negociadora de Trump?

«A estas alturas sigo pensando, igual me equivoco, que Trump es un loco muy cuerdo»

El carácter excéntrico del presidente de Estados Unidos no deja de sorprender. La reacción fácil es considerarlo un chiflado. Lo que sabemos seguro es que es una persona grosera, prepotente y maleducada. Y estoy convencido de que se siente muy cómodo comportándose de esa forma. Es su forma de negociar, aunque en los negocios privados quizá llama menos la atención. En sus declaraciones a Fox News ha mostrado ese carácter refinado que le caracteriza al referirse a Irán: «Abrid el puto estrecho, locos cabrones, o vais a vivir en el infierno». Es difícil saber en qué se traduce semejante salida de tono alejada de cualquier atisbo de negociación diplomática. Desde que comenzó su segundo mandato presidencial, nos hemos acostumbrado a sus salidas de todo, hasta el extremo de que llegó un momento en que los mercados y los analistas no se tomaban en serio sus anuncios de subidas arancelarias. He de reconocer que a estas alturas ando despistado sobre cómo acabó la presión a la que sometió a numerosos países. La economía ha seguido como si no hubiera sucedido nada, como si se tratara de un ruido de fondo difícil de identificar, hasta que ha llegado la crisis con Irán. El tema es ahora más serio, porque se ha interrumpido el suministro de petróleo y el precio está subiendo. Es lo único que puede provocar una grave crisis económica. El resto que hemos sufrido se ha ido sorteando, inyectando recursos, como sucedió con la provocada por la pandemia y cuya gravedad parece que hemos olvidado. Al tratarse de una crisis mundial que afectó a todos los países por igual, fue más fácil de afrontar, aunque parezca un contrasentido, ya que nadie estaba en una buena posición como sucedió en 2008. No hay nada mejor, dicho irónicamente, que poder socializar un desastre. No se puede identificar a los culpables. Trump aseguró que «si no llegan a un acuerdo rápido, estoy considerando volar todo por los aires y apoderarme del petróleo». No solo es un disparate, sino que no veo cómo puede materializar una acción de estas dimensiones. Los demócratas consideran que despotrica como «un lunático desequilibrado», mientras que los criminales de los ayatolás quieren que lo destituyan por motivos de salud mental. A estas alturas sigo pensando, igual me equivoco, que Trump es un loco muy cuerdo.

Francisco Marhuenda. De la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España. Catedrático de Derecho Público e Historia de las Instituciones (UNIE)