Los puntos sobre las íes

Feijóo, «el perdedor»

Un hecho que en él resulta incontestable: ha ganado todas las elecciones a las que se ha presentado

Aznar, de largo el mejor primer ministro de la democracia, amaba una frase que de tanto repetirla se convirtió en letanía: «Estoy aquí porque me han despreciado». Y no le faltaba razón. Que el expresidente y el futuro presidente Feijóo son cuasiclónicos en sus trayectorias lo demuestra, entre otras muchísimas circunstancias, el hecho de que a los dos los ninguneaban antes de llegar a Moncloa. Fuera y dentro de su partido. Humanamente normal lo segundo, cainita y estúpidamente anormal lo primero. Al actual presidente del PP se le echa en cara de todo y por su orden: que si carece de carisma, que si le falta punch, que si jamás llegará a Moncloa, que si patatín, que si patatán. Se repite la historia: la derecha mediática y la sociológica no tuvieron piedad en la travesía del desierto con el marido de Ana Botella e implementan patrón con la pareja de Eva Cárdenas. Eso sí: el día que el primero franqueó la puerta de entrada a Moncloa, el tipo anodino, pequeñito e incapacitado intelectualmente para el cargo que nos vendía el estereotipo se transformó en el padre de todos los carismas, al punto que alguien llegó incluso a compararlo con Reagan, parecía que medía los 2,16 de Pau Gasol y todo el mundo alababa su coco y su oratoria cual Churchill redivivo. El aura presidencial ayuda ab initio pero lo que verdaderamente marca la diferencia son los resultados. Y ahí el primer premier popular de la historia se salió del mapa. Transformó un país anestesiado que se conformaba con un 20% de paro en otro que rozaba el pleno empleo, nos llevó a crecer a ritmos chinos de casi el 5% y libró una encarnizada batalla contra ETA en la que reside el auténtico principio del fin de la banda terrorista. No salió por la puerta grande porque Al Qaeda y el agit-prop socialista aguaron la fiesta en el minuto 93. Pero, objetivamente, fue el mejor callando las bocas de los pájaros de mal agüero y muy en especial las de esos gurús del centroderecha que no creían en él y luego le lamían obscenamente las suelas del zapato. El lugar común fabricado por la izquierda y admitido acomplejadamente por la derecha sostiene que Feijóo es un perdedor, vamos, que estamos ante un tipo incapaz de destronar al mafioso de Pedro Sánchez. Una burda trola como otra cualquiera que no por repetirla mil veces se convertirá en dogma de fe. Ninguno de sus antecesores puede presumir de un hecho que en él resulta incontestable: ha ganado todas las elecciones a las que se ha presentado. Desde las autonómicas gallegas de 2009, 2012, 2016 y 2020, y todas por mayoría absoluta, hasta las primeras generales a las que concurrió hace dos años. Y volverá a vencer en las que se celebrarán más pronto que tarde forjando un récord inigualado y seguramente inigualable: 6 de 6, un 100% de efectividad. Pero esta vez no se quedará a las puertas de la gloria por mor de las alianzas del marido de la pentaimputada Begoña Gómez con sediciosos, podemitas a sueldo de la narcodictadura chavista y asesinos etarras. Sólo un pucherazo modelo Maduro o un autogolpe impedirán el regreso de la derecha al poder. Y el éxito aznarista se repetirá o superará con un personaje listo como pocos y currante como ninguno. Lo demostró en Galicia y lo demostrará en España. Su verdadero desafío tardará en desencadenarse: frenar el lento pero imparable ascenso de Vox, la sucursal patria de la derecha conservadora mundial. Pero cuando llegue a ese río ya cruzará ese puente.

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