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Ventanilla única

Feminismo y política: entre consignas y realidades

Cuando el feminismo se utiliza como recurso retórico mientras las fallas del sistema siguen poniendo en riesgo a las mujeres, la distancia entre el discurso y la realidad se vuelve demasiado grande como para ignorarla

El 8M ha vuelto a llenar las calles de manifestaciones, declaraciones institucionales, discursos políticos, demagogia y una ideologización del movimiento feminista que se olvida de lo que representa el Día Internacional de la Mujer, que vuelve a evidenciar una paradoja cada vez más visible: mientras la izquierda convierte el feminismo en un discurso vacío y en una pancarta sin contexto, las respuestas reales a los problemas que afectan a las mujeres siguen en un segundo plano. Este año, representantes del Gobierno y de partidos como el PSOE, Sumar o Podemos han acudido a las manifestaciones reivindicando lemas como «No a la guerra», «Arriba todas a luchar, con las guerras vamos a acabar», «De Madrid a Gaza la lucha no se aplaza» e «Israel genocida de mujeres palestinas», convirtiendo una reivindicación feminista en un mitin antibelicista del todo interesado. Estas consignas contrastan con la realidad más inmediata. España ha comenzado 2026 con una cifra alarmante de mujeres asesinadas por violencia de género, varias de ellas con denuncias previas y medidas de protección en vigor. La insistencia en debates simbólicos o geopolíticos resulta difícil de entender para muchas víctimas. El foco del discurso político se desplaza hacia conflictos internacionales o consignas ideológicas mientras persisten problemas estructurales en la protección de las mujeres dentro de nuestro propio país. Las posiciones sobre cuestiones como la prostitución, el uso del burka o la orientación de determinadas políticas públicas reflejan un movimiento cada vez más atravesado por disputas ideológicas. A todo ello se suma la percepción de que el feminismo se ha convertido en un campo de batalla partidista. Para algunos partidos de izquierda, el discurso feminista funciona como un potente elemento de movilización política. Sin embargo, el riesgo de esta estrategia es evidente: cuando las consignas sustituyen a los resultados, la credibilidad de las políticas públicas se resiente. La lucha por la igualdad y la protección de las mujeres exige algo más que declaraciones solemnes cada 8 de marzo. Requiere políticas eficaces, sistemas de protección que funcionen y una voluntad real de afrontar los problemas sin convertirlos en herramientas de confrontación política. Cuando el feminismo se utiliza como recurso retórico mientras las fallas del sistema siguen poniendo en riesgo a las mujeres, la distancia entre el discurso y la realidad se vuelve demasiado grande como para ignorarla. Y no vale con ponerse detrás de una pancarta y vociferar.