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Quisicosas

Inmigrantes ¡Ya están aquí!

Europa no se reproduce y la pobreza fuera del continente es demasiado grande para soñar con un territorio «blanco y puro»

El título de este artículo es un jeroglífico cuya respuesta es usted mismo. La aprobación ayer de la regularización de más de medio millón de inmigrantes suscita dos reacciones opuestas. Si ha experimentado sobresalto con el encabezado, es que rechaza la medida. Si, por el contrario, ha entendido que el gobierno ha dado mera carta de reconocimiento a extranjeros que ya viven entre nosotros, usted está a favor.

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Los partidos -todos- están interesados en alimentar este debate enconado entre progres buenistas y conservadores acongojados (pongo este adjetivo por no usar otro). No les importa poner de acuerdo a la gente, que en general viene toda a pensar que un trabajador honrado es bienvenido y un chorizo debe ser expulsado, sino enfrentarnos, para exprimirnos a votos. Lo ideal es alejarnos del raciocinio y alimentar la instintividad. Cuanto más miedo den los inmigrantes (sobre todo musulmanes) más voto para la derecha, cuanto más se estigmatice al «derechista racista», más voto para la izquierda.

Las redes están llenas vídeos de «moros» que pegan a sus mujeres y se casan con menores, así como de guardias de Trump apaleando emigrantes. Es agotador. Al final, usamos a los inmigrantes para tirárnoslos los unos a los otros en beneficio de los partidos. Lo que no sé es si los partidos nos benefician a nosotros.

Es verdad que ni la Iniciativa Legislativa Popular debió aprobarse en forma de decreto, por la puerta de atrás, ni esta ley es la ideal. El Consejo de Estado ha logrado que se endurezca la certificación de penales requerida para ser aceptado (se pretendía que bastase una declaración jurada) pero los huecos siguen siendo importantes. Si, a fecha del 1 de enero, llevabas cinco meses en España, apenas tienes que demostrar que has trabajado o que tienes aquí familia a tu cargo o aducir «vulnerabilidad». Esta vulnerabilidad, por ejemplo, es un coladero. Ahora bien, la cantidad de gente ilegal que hay entre nosotros y la necesidad de que trabajen con contrato y cotizando es tan urgente que la medida ha sido apoyada por la Iglesia y las organizaciones sociales, que son las que están a pie de calle con los extranjeros que hacen de temporeros agrícolas, las empleadas domésticas y quienes trabajan en hostelería, construcción y transportes. Europa no se reproduce y la pobreza fuera del continente es demasiado grande para soñar con un territorio «blanco y puro». Después de lo de ayer, el futuro debiera pasar por endurecer los controles fronterizos, arbitrar un sistema de permiso laboral en los países de origen y garantizar la formación seria y acompañamiento de los menores. Pero ya lo reclamamos inútilmente tras las regularizaciones de Aznar o Zapatero.

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