
Sin Perdón
Una política de tramposos, envidiosos y farsantes
«Es mejor un gobierno de centro derecha que uno que tenga un presidente que actúa como un déspota, incumple la Constitución y sigue los dictados de la escoria populista y radical iberoamericana»
Es curioso ver con qué poco se anima la izquierda política y mediática. En este caso se trata de un cambio en el gobierno socialista comunista que entraba dentro de lo previsible. Sánchez no se ha sacado ningún conejo de la chistera. Ha optado por ascender a Cuerpo, no tener una vicepresidencia política y colocar a un militante del partido, como Arcadio España, en Hacienda. No es ningún lumbreras aunque al menos es economista. En realidad su formación es irrelevante, porque no podrán presentar el proyecto de presupuestos. La ventaja del sanchismo es que eso del mérito y capacidad resulta algo excéntrico hasta el extremo que nos sorprende cuando coloca a alguien cualificado al frente de un ministerio, secretaría de Estado o empresa pública. No me parece que el currículum de España, cuyo nombre es lo más interesante, permita augurar nada bueno para la economía. El otro día un amigo socialista me consideraba clasista por defender el mérito y la capacidad, así como el sistema de oposiciones. Es cierto que hay personas con estudios básicos que son buenos profesionales o han superado una oposición de los niveles bajos de la Administración. Mi crítica surge cuando se desprecia el sistema o se cambia porque los políticos de izquierda están acomplejados por no ser funcionarios. En muchas ocasiones colocan a personas con escasa formación o con oposiciones menores. Nos hemos acostumbrado a que no se valoren los estudios y que cualquiera pueda ocupar un cargo de responsabilidad. Es algo que no sucede en las empresas serias. Ni siquiera en las familiares, porque se exige a los hijos que tengan una carrera. No conozco ninguna que no sea así. Nada que ver con lo que sucedía hace años. En cambio, en política no importa. La gente miente con sus currículos y cuando les pillan no pasa nada. En nada se valora un doctorado cuando se puede copiar íntegramente y no se pierde la condición de doctor. La realidad es que la fiel izquierda mediática es mucho más exigente con los dirigentes del PP que con los del PSOE. No es algo que nos tenga que sorprender, porque ahora colocan tertulianos y tertulianas sin formación para que ejerzan de predicadoras del sanchismo. Lo más importante es tener un buen enchufe y contar con el apoyo de La Moncloa, la sede del PSOE, los partidos socios o aliados y los sindicatos. Con este aval se puede rebuznar en cualquier radio o televisión. El otro día encontré una frase del emperador Marco Aurelio que me gustó mucho: «cuando te levantes por la mañana, dite a ti mismo: Hoy me encontraré con un tramposo, un envidioso y un antisocial». La realidad es que todo está en los clásicos. La sociedad está llena de gente tramposa, envidiosa y mediocre. En definitiva, hay más personas malas de lo que pensamos y a veces solo hay que darles una oportunidad para que muestren su auténtica cara. Y la política, desgraciadamente, es un terreno abonado para ello. El tiempo que estuve en ella lo pude constatar, pero luego confirme que es algo consustancial a determinadas personas. La política es un reflejo de la sociedad. No nos podemos quejar, porque son políticos que elegimos en las urnas o que son nombrados por aquellos que han ganado. Me resulta indiferente que me digan que mis posiciones son clasistas por exigir que haya políticos expertos y bien formados al frente de la Administración y el sector público empresarial. Con este gobierno se ha llegado a un nivel lamentable entre los altos cargos, porque muchos están en política para servirse de lo público. Al final, tenemos una política llena de envidiosos, tramposos y farsantes. Por supuesto, también sucede en las empresas, pero en menor medida. Es una lástima que Sánchez no haya aprovechado la oportunidad para hacer una remodelación más amplia colocando a personas cualificadas como Carlos Cuerpo y Margarita Robles. Lo hizo bien cambiando su gabinete, pero se queda corto con el Gobierno. Y Yolanda Díaz y sus colegas son un lastre, aunque hagan lo que a él le da la gana. Son buenos palmeros, pero no se les conoce otra utilidad que cobrar sueldos y gozar de privilegios. El horizonte judicial del sanchismo es muy malo y las noticias se amontonan, aunque muchas que serán todavía más duras irán saliendo después de las andaluzas. Este gobierno ha favorecido el capitalismo de amiguetes, el clientelismo y los lobistas que se han forrado paseándose por las covachuelas monclovitas. Estos días sacaban a pasear una foto de Santi Abascal y Juanma Moreno cuando eran jóvenes dirigentes de Nuevas Generaciones. Los juntaletras del sanchismo hacían artículos críticos ante las andaluzas, pero siempre será mejor para España los pactos del PP y Vox que hacerlos con los comunistas, los independentistas o los antiguos dirigentes del aparato político y militar de ETA. Es mejor un gobierno de centro derecha que uno que tenga un presidente que actúa como un déspota, incumple la Constitución y sigue los dictados de la escoria populista y radical iberoamericana. El cambio permitirá desmontar las leyes de adoctrinamiento e ingeniería social del sanchismo. La basura ideológica de las leyes de memoria, con la vergonzosa comisión de la verdad que han creado para colocar a Baltasar Garzón, tienen que ser derogadas. Las televisiones, las radios y la publicidad públicas no pueden estar al servicio del sanchismo hasta unos extremos que nos retrotraen a los modelos comunistas y populistas. La realidad es que los ciudadanos se sienten cómodos con los gobiernos del PP y en las tres últimas elecciones han tirado al PSOE y sus aliados a la papelera. Los palmeros pueden soñar con que se produzca un cambio en Andalucía, pero solo será posible en el metaverso que se puso de moda y fue un fracaso, aunque algunos se forraron.
Francisco Marhuenda. De la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España. Catedrático de Derecho Público e Historia de las Instituciones (UNIE)
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