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Apuntes

El señorito irradia amor. Amemos al señorito

Es luz y guía entre los caminos del odio. Todo comprensión y empatía frente a los borrachos de sombra negra

El señorito emplaza a la sociedad española a luchar contra el odio y abrazar el amor. El amor a nuestros padres, hijos, hermanos, parejas, vecinos, amigos. Pero también, por supuesto, al diferente, al migrante, al que no piensa como nosotros. El amor a quienes percibimos como lejanos, a los que sufren en Gaza, en Sudán, en Beirut, en Kiev o en Teherán. Notarán que el señorito no ha incluido entre los sufrientes a los judíos de la zona de Ashkelon, sí, los que fueron asesinados por Hamás el 7 de octubre de 2023, ni a los que en estos momentos aguantan con sus hijos en los refugios de Tel Aviv, Jerusalén o Haifa, pero es un simple olvido porque su amor es universal. Nadie, ni siquiera Isabel Díaz Ayuso, debe sentirse excluido de su amor, ni debe renunciar a su amparo. Sólo deben temerle los tecno capitalistas que, como los mercaderes del Templo, serán expulsados del paraíso de esta España que nuestro señorito gobierna desde la verdad, la comprensión, la empatía, en definitiva, desde el amor. Desde la primera carta de San Pablo a los Corintios, en la que se describe al amor como ese sentimiento paciente, benigno, que no tiene envidia, no presume, no se engríe; no es indecoroso ni egoísta; no se irrita ni lleva cuentas del mal, nadie había hecho un canto al amor tan armonioso, tan perfecto como el que ha hecho nuestro señorito. Que tomen nota todos aquellos que chapotean entre las inmundicias del odio y no aceptan que nuestro señorito es paciente, benigno, no se engríe, no lleva cuentas del mal, no es indecoroso ni egoísta. Que goza con la verdad. Que todo lo cree, todo lo excusa, todo lo espera y todo lo soporta -por cierto, su ejemplar comportamiento ante las víctimas de la tragedia de Paiporta nos ahorra más comentarios- porque se conducen como seres de tinieblas. Sí, esos seres del odio y de lo obscuro como son los caseros con inquilino ocupa, los pequeños empresarios con la mitad de la plantilla de baja, los padres de familia que han perdido el empleo por la competencia desleal de unos bajos salarios subvencionados por el gobierno, los altos funcionarios con la carrera profesional frustrada por la inclusión de acólitos sin oposición ni estudios, los jueces acusados de prevaricadores, los inmigrantes obligados a vivir alquilando trasteros y habitaciones sin derecho a cocina, los jóvenes que no pueden independizarse porque con su trabajo no les llega, los periodistas insultados desde la tribuna del poder, los académicos de la Española a los que se pretende mangonear desde un ministerio, las víctimas del terrorismo obligadas a compartir la acera con los asesinos de sus familiares, los médicos y enfermeras que con sus bajos salarios sostienen la sanidad pública, los profesores lanzados al circo de unas aulas sin autoridad, los fiscales preteridos por no formar parte de una determinada asociación de izquierdas, los policías y guardias civiles discriminados salarialmente, los agricultores enterrados en impuestos y burocracia, los grandes empresarios tildados de inmorales y miserables desde el propio Consejo de ministros… Todos ellos son el odio y la maldad. Porque el señorito irradia amor y las buenas gentes, las que no forman parte de esa procesión de borrachos de sombra negra, que decía Machado, amamos al señorito. Luz y guía entre los caminos del odio.

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