Canela fina
Trump abre el templo de Jano
«Azora segunda, versículo 212, de El Corán: “Está escrito que combatiréis, aunque tengáis horror a la guerra’’»
No existe la guerra justa ni la guerra legítima ni la guerra defensiva ni la guerra religiosa ni la guerra necesaria. Todas las guerras son una atrocidad. En mi primera juventud fui corresponsal de guerra para ABC y sé muy bien lo que digo, Lo he repetido además a lo largo de toda mi vida. Como escribió Lamartine, la guerra no es más que el asesinato en masa. En Vietnam, en Camboya, en Israel, en el Congo y en otros lugares menores tuve ocasión de comprobar la bestialidad de la guerra. Sangrienta perdición, yugo tirano, escribió nuestro Hurtado de Mendoza, «origen y osadía de la primera tiranía».
Hay que explicar la guerra, sin embargo. Es tarea que corresponde al periodista y al intelectual. El líder supremo de Irán, Alí Hoseiní Jamenei, proclamó en varias ocasiones la voluntad del pueblo iraní de aplastar a Israel. No se trata de vencer a los israelíes. Se trata de borrar del mapa al Estado de Israel. Con dos o tres bombas nucleares no quedaría de la nación judía nada más que cenizas. Detectado el programa nuclear de Irán, el año pasado, Israel, con el apoyo de Estados Unidos, bombardeó las instalaciones atómicas iraníes. Unos meses después, los servicios de inteligencia israelíes y estadounidenses informaron que Irán proseguía con sus proyectos nucleares en lugares subterráneos. Israel y Estados Unidos emprendieron hace poco más de un mes una guerra atroz contra el Irán terrorista. Donald Trump decidió abrir de par en par los portones del templo de Jano. Había que arrasar la realidad nuclear iraní antes de que fuera demasiado tarde. No se podía comprometer la operación pidiendo respaldos legislativos. Y se desencadenó la «horrenda guerra» de la que habla Virgilio en sus versos sobre la Farsalia. Algunos expertos piensan que Trump, tras la muerte de Alí Hoseiní Jamenei el primer día de la contienda, pensó que Irán se rendiría. Pero se trata de una nación de casi 100 millones de habitantes que, hasta ahora, ha sido capaz de hacer frente al Ejército más poderoso del mundo. «Está escrito -se lee en la segunda azora de El Corán, versículo 212- que combatiréis, aunque tengáis horror a la guerra. Es posible que abominaréis de algo que os sea un bien y es posible que estiméis algo que os sea un mal. Dios sabe que vosotros no sabéis».