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Las correcciones

El único final para Andrés de Inglaterra

La familia real británica debe rendir cuentas ante la peor crisis desde la decapitación de Carlos I

Escribo este artículo al conocerse la detención del expríncipe Andrés por su turbia relación con el pedófilo Jeffrey Epstein y pienso que no había otro final para el hermano menor del rey Carlos III. El arresto coincidió con su 66 cumpleaños como si la Policía británica quisiera decirnos que nadie está por encima de la Ley. Las revelaciones de los últimos documentos del caso Epstein aumentaron las sospechas sobre la versión oficial del expríncipe, que siempre ha negado cualquier acto ilícito y, en consecuencia, dispararon la presión sobre la familia real británica para que respondiera con contundencia. Hace tres semanas, justo después de la publicación de los papeles, Andrés Mountbatten-Windsor reapareció sonriente y a caballo en Windsor. Carlos III ordenó su retiro inmediato a la finca de Sandringham. Pero el exilio interno no iba a ser suficiente para acallar el malestar de los británicos teniendo en cuenta la naturaleza de los hechos que se desprenden de los archivos.

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Andrés de Inglaterra ha mantenido que rompió la relación con el financiero pedófilo después de su controvertido viaje en 2010 a Nueva York. Decenas de correos publicados por el Departamento de Justicia de EE. UU. dicen lo contrario. Los papeles documentan la profundidad de los vínculos entre Andrés y Epstein, que se extienden además a su ex mujer, Sarah Ferguson, y a sus hijas, las princesas Beatriz y Eugenia.

La Policía del Valle del Támesis le detuvo por «conducta inapropiada en cargo público». En los archivos hay correos en los que Andrés Mountbatten-Windsor comparte información y documentos confidenciales con el pedófilo financiero durante su etapa como enviado de comercio del Gobierno britanico. Sabemos por los papeles que Epstein financió a Ferguson durante quince años. Pero sería un error limitar la investigación policial a la presunta corrupción sin aclarar el grado de implicación de Andrés en el mayor escándalo de tráfico de mujeres y menores de la historia moderna. Se lo debemos a las víctimas. En los emails se solicita a las princesas Beatriz y Eugenia que paseen por el Palacio de Buckingham a las mujeres supuestamente explotadas por la red de Epstein.

El rey Carlos III, profundamente preocupado por el daño reputacional que está sufriendo la monarquía británica, pidió ayer que «la justicia siga su curso». El debilitado primer ministro británico, Keir Starmer, tuvo que pedir perdón por nombrar como embajador en EE. UU. a Lord Peter Mandelson, un íntimo amigo del delincuente sexual. Es posible que Carlos III siga sus pasos. Cada vez son más las preguntas sobre la implicación de la monarquía británica en este escándalo. Andrés permanece en la línea de sucesión al trono y es difícil desligar la institución del caso. El acuerdo extrajudicial alcanzado con Virginia Giuffre para evitar que el entonces príncipe fuera a juicio por abuso sexual es una fuente de conflicto. ¿De dónde salieron los 12 millones de libras que se dieron a Giuffre? Hoy sabemos que Carlos III no participó en el pago. Posiblemente fueron Isabel II y el duque de Edimburgo, pero los Windsor nunca han aclarado cómo se hizo ese desembolso. La casa real británica debe ser transparente y rendir cuentas ante la mayor crisis que golpea la monarquía desde el siglo XVII con el arresto y decapitación de Carlos I.