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Salud

El beso de Epstein: la enfermedad silenciosa que casi todos padecemos sin saberlo

Te infecta joven, se queda contigo para siempre y puede reactivarse años después. Así funciona el virus que tiene (o ha tenido) el 90% de la población

El virus de Epstein es la mayor causa de la mononucleosis aguda infecciosa Freepik

Todo comienza por un beso. Después, se presenta una fiebre que no termina de irse, el cansancio extremo que obliga a cancelar planes y aparece un dolor de garganta que no mejora con los días. Muchos lo confunden con una gripe fuerte, pero detrás de estos síntomas suele estar un viejo conocido de la medicina: la enfermedad de Epstein.

El nombre correcto es virus de Epstein-Barr (VEB), un patógeno conocido por ser la causa más común de la mononucleosis infecciosa o “enfermedad del beso”. No se trata de un virus raro ni exótico: de hecho, se calcula que más del 90% de los adultos en el mundo han estado en contacto con él en algún momento de su vida.

Por qué se asocia con el beso

El VEB se transmite principalmente por la saliva. De ahí su apodo. Besar, tener sexo, compartir vasos, cubiertos o incluso una botella puede ser suficiente para el contagio.

Aunque es especialmente frecuente en adolescentes y adultos jóvenes, también puede adquirirse en la infancia. La diferencia es que cuando se contrae en niños pequeños suele pasar desapercibido o con síntomas muy leves. En cambio, en la adolescencia puede provocar un cuadro mucho más llamativo.

Los síntomas que lo delatan

El virus de Epstein suele causar una mononucleosis infecciosa, que comienza por lo general de forma progresiva. Los síntomas más habituales son:

  • Fiebre persistente
  • Dolor intenso de garganta
  • Ganglios inflamados en el cuello
  • Cansancio extremo
  • Dolor muscular
  • Inflamación del bazo en algunos casos

Ese agotamiento profundo es una de sus señas de identidad, pero cabe destacar que no es un simple cansancio, y que hay pacientes que necesitan semanas para recuperar su energía habitual.

En la mayoría de los casos, la enfermedad se resuelve sola con reposo, hidratación y tratamiento sintomático. No existe un antiviral específico que elimine el virus en personas sanas.

Un virus que no se va nunca

Aquí está la parte que más sorprende: el virus no desaparece del organismo. Una vez que la infección aguda pasa, el VEB queda latente en el cuerpo, alojado en ciertos tipos de células del sistema inmunitario. Permanece “dormido” y, en condiciones normales, no vuelve a dar problemas.

Este comportamiento es típico de la familia de los herpesvirus, a la que también pertenece el virus del herpes labial. El sistema inmunitario lo mantiene bajo control, pero el virus sigue ahí. Y puede reactivarse.

En personas con el sistema inmunitario sano, la reactivación suele ser asintomática o muy leve. Sin embargo, en personas inmunodeprimidas —como pacientes trasplantados o en tratamiento oncológico— puede generar complicaciones.

Además, en las últimas décadas la investigación científica ha vinculado el virus de Epstein-Barr con algunas enfermedades autoinmunes y ciertos tipos de cáncer poco frecuentes, como algunos linfomas.

Esto no significa que quien haya pasado la mononucleosis vaya a desarrollar estas patologías. Dado que casi toda la población ha tenido contacto con el virus, el riesgo individual es bajo.

Lo importante es contextualizar: si los síntomas persisten o se agravan, se debe acudir al médico, pero es un virus muy común y la inmensa mayoría de las personas no tendrá complicaciones graves.