
Salud
La misión Artemis II 'traerá' de la Luna órganos en chip, claves para mejorar la medicina
La nave Orión regresa a la Tierra con una tecnología creada a partir de células de astronauta que puede ser clave en oncología y abrir la puerta a mejorar la medicina de precisión

La misión Artemis II está de regreso. A bordo de la nave Orion, la tripulación compuesta por Reid Wiseman, Christina Koch, Victor Glover y Jeremy Hensen realizó con éxito el esperado sobrevuelo lunar y ha ofrecido imágenes inéditas de nuestro satélite. Pero su viaje también supone un paso decisivo para la medicina y para las futuras misiones espaciales, pues los astronautas se han convertido en los primeros en observaciones científicas que nos ayudarán a comprender mejor los efectos del espacio profundo en la salud del organismo.
Al salir del campo protector de la Tierra, la tripulación ha quedado expuesta a niveles más altos de radiación, un factor capaz de dañar el ADN y alterar el funcionamiento celular. Por ello, la NASA ha convertido esta misión en un laboratorio en vuelo. Básicamente, lo que ha hecho la agencia espacial ha sido trasladar al espacio un experimento que los oncólogos habían realizado ya, con los pies en la tierra. Se trata de una tecnología conocida como «órganos en chips» que sirve para estudiar enfermedades como el cáncer y para el desarrollo de fármacos.
Un experimento médico que ya se usa contra el cáncer
Estos chips, del tamaño de una memoria USB, se crean a partir de células humanas vivas que, en este caso, han sido extraídas de los propios astronautas, y permiten reproducir el comportamiento de órganos como el corazón, los pulmones o el intestino. Son modelos en miniatura de órganos biológicos. Incluso pueden conectarse entre sí para simular sistemas completos del cuerpo.
Su valor está en que ofrecen datos más realistas sobre cómo reaccionan los tejidos humanos ante situaciones extremas, como la radiación o la microgravedad. El funcionamiento es relativamente sencillo: estos dispositivos microfabricados están hechos de células vivas que crecen en una plataforma a microescala y recrean la estructura y la función del órgano al que representan.
A diferencia de los estudios in vitro (que podríamos decir que son 2D), esta tecnología ofrece modelos celulares 3D que, normalmente, se usan para probar tratamientos de medicina personalizada.

Qué buscan los científicos en esta misión
El objetivo del estudio AVATAR, como se llama el experimento de la misión Artemis II, es analizar cómo los factores ambientales (en este caso, la radiación y la microgravedad) aceleran cambios en el organismo.
Estudios previos ya han demostrado que el espacio puede provocar alteraciones similares a enfermedades que en la Tierra tardan años en desarrollarse, como la pérdida ósea o problemas cardiovasculares.
En Artemis II, la investigación se centrará especialmente en la médula ósea, clave en la producción de células sanguíneas. Los chips incluyen células madre y progenitoras de los astronautas para observar cómo la radiación afecta a este proceso. Lograr comprender este impacto será esencial para proteger a futuras tripulaciones en misiones más largas y abrirá la puerta a mejorar tratamientos en la Tierra.
Claves para la medicina del futuro
La NASA destaca que estos experimentos pueden aportar información valiosa sobre cómo terapias como la radioterapia o la quimioterapia dañan las células sanas y afectan a la formación de la sangre.
En oncología, esta tecnología ya permite probar tratamientos en laboratorio con células reales de pacientes, anticipando qué terapia puede funcionar mejor según el tipo de tumor. Ahora, llevada al espacio, podría acelerar el desarrollo de nuevas estrategias médicas y ayudar en el desarrollo de una medicina más precisa y personalizada.
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