Opinión
La salud en 2026
Como médico, lo veo a diario en la consulta: no falla la intención, falla la estrategia

Cada comienzo de año viene acompañado de una avalancha de buenos propósitos relacionados con la salud. Comer mejor, hacer más ejercicio, dormir más o reducir el estrés aparecen año tras año en la lista, aunque la experiencia demuestra que la mayoría se abandonan en pocas semanas. Como médico, lo veo a diario en la consulta: no falla la intención, falla la estrategia. Queremos cambiarlo todo de golpe y nuestro cerebro, sencillamente, no está diseñado para eso. Recientemente, escuchando una conversación entre el médico Peter Attia y el divulgador James Clear, autor de «Hábitos Atómicos», encontré una idea clave que merece ser recordada: la salud duradera no se construye con gestos heroicos, sino con decisiones pequeñas y repetidas.
La primera regla es simplificar. Pretender transformar dieta, ejercicio y sueño al mismo tiempo es la mejor forma de no cambiar nada. Elegir un único hábito y reducirlo a su mínima expresión (cinco minutos de actividad física, una pequeña mejora en la alimentación) crea algo mucho más importante que el resultado inmediato: la identidad de una persona que cuida su salud. A esto se suma el diseño del entorno. No todo es fuerza de voluntad. Colocar lo saludable al alcance de la mano y eliminar tentaciones innecesarias convierte la constancia en algo casi automático.
También es fundamental abandonar el castigo. Saltarse un día no invalida el esfuerzo previo. Celebrar los pequeños aciertos refuerza el comportamiento correcto y reduce la ansiedad que lleva al abandono. Porque vivir más y mejor no es una carrera de velocidad, sino una suma silenciosa de buenas decisiones mantenidas en el tiempo.