
Traumatología
El deporte intenso es bueno si se hace bien: claves para entrenar sin lesionarse
Los expertos explican cómo aprovechar los beneficios del ejercicio de alta intensidad evitando lesiones mediante una buena técnica, progresión y descanso

Entrenamientos exigentes como el CrossFit han dejado de ser una moda para consolidarse como una opción real de salud y forma física. Bien planificados, progresivos y con supervisión, este tipo de actividad no solo mejora el rendimiento: también ayuda a prevenir patologías y a ganar calidad de vida.
“El cuerpo está hecho para moverse, y moverse con cierta intensidad puede ser una auténtica medicina”, subraya el Dr. Jorge Arfuch, especialista del Servicio de Traumatología del Hospital Quirónsalud Huelva. El médico recuerda, además, que el punto de partida es decisivo: “Una persona sedentaria debe hacer un proceso progresivo de adaptación a la actividad deportiva intensa ya que en caso de no hacerlo las probabilidades de lesiones aumentan”.
Entrenar con criterio

Cuando se entrena con criterio, los beneficios son claros y acumulativos. En primer lugar, se produce una mejora de la fuerza y la resistencia muscular, clave tanto para el rendimiento como para la autonomía en la vida diaria. Este tipo de sesiones también contribuye al aumento de la densidad ósea, un factor especialmente relevante para prevenir la osteoporosis a medio y largo plazo. A ello se suma la potenciación de la capacidad cardiovascular, el control del peso y una optimización del metabolismo que suele traducirse en mejores marcadores de salud.
El impacto no es solo físico. Los entrenamientos intensos, bien ajustados, suelen mejorar el bienestar emocional: ayudan a reducir el estrés y favorecen un estado de ánimo más estable. Además, trabajan movimientos funcionales —sentadillas, empujes, levantamientos— que fortalecen el cuerpo para tareas cotidianas, desde subir escaleras hasta cargar bolsas o levantar a un niño.
Necesidad de una buena técnica
Ahora bien, el riesgo no está en la intensidad por sí misma. El problema aparece cuando faltan piezas básicas del entrenamiento: técnica, progresión y descanso.
Cuando alguno de estos factores no está presente aparecen las lesiones. En consulta, las más frecuentes asociadas a alta intensidad incluyen tendinopatías de hombro (manguito rotador), lumbalgias por mala ejecución en levantamientos,lesiones de rodillapor sentadillas incorrectas, epicondilitis o “codo de tenista”, y roturas fibrilares en gemelos o isquiotibiales. En la mayoría de casos, el origen es un error técnico o un exceso de carga, no el deporte en sí.
Para quienes se lesionan, la atención especializada marca la diferencia. El profesional ofrece un diagnóstico preciso y un tratamiento individualizado que permite a los pacientes retomar su vida normal y su actividad física de forma segura y ágil. En determinados casos, puede ser necesario un tratamiento quirúrgico, siempre acompañado de seguimiento estrecho y una rehabilitación postoperatoria bien pautada.
El mensaje final es contundente: el sedentarismo es el verdadero enemigo. La inactividad prolongada se asocia a obesidad, diabetes, problemas cardiovasculares y dolores crónicos de espalda, mientras que el ejercicio —aunque sea exigente— protege cuando se adapta a cada persona. Por eso, si llevas tiempo sin entrenar, conviene realizar un chequeo médico, avanzar de forma progresiva, cuidar la técnica, entrenar con supervisión profesional y respetar la recuperación. El objetivo no es agotarse, sino construir un cuerpo fuerte, resistente y saludable a largo plazo.
✕
Accede a tu cuenta para comentar


