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Desarrollan un material que "detiene" las balas: así es el nuevo tejido que se endurece en caso de impacto
Investigadores alemanes han desarrollado un material capaz de resistir el impacto de balas y cuchillas sin romperse

La seguridad es una de las preocupaciones de cualquier país en materia de defensa. Los agentes de policía cuentan con medidas de protección que sirven para protegerse frente a amenazas de arma blanca y arma de fuego.
Sin embargo, con el paso de los años la tecnología y las investigaciones permiten crear nuevos materiales que aumentan la protección de los cuerpos de seguridad de cada estado. Es el caso de un nuevo tejido revolucionario desarrollado en Alemania capaz de soportar el impacto de una bala sin daño alguno.
Este material es incorporado en las prendas y, aunque parece totalmente normal, actúa en forma de armadura. Un invento que supera a los chalecos antibalas clásicos y que puede suponer un antes y un después para las fuerzas del orden.
Así es el nuevo tejido antibalas
Ingenieros del Instituto Fraunhofer de Alemania, una organización de investigación con 75 laboratorios que trabajan en diversos proyectos, han desarrollado un nuevo tejido inteligente que se endurece al instante al se sentir el impacto, logrando desviar balas y cuchillas sin llegar a romperse.
Se trata de un material transpirable, flexible y lavable a máquina, hasta el punto que podría transformar los dispositivos de seguridad actuales, haciéndolos fácilmente usables gracias a su comodidad.
Las características del tejido
El tejido cuenta con 3 milímetros de grosor y está fabricado con una matriz de nanopartículas de un fluido espeso incrustado en fibras similares al kevlar, que se endurecen al impactar. En condiciones normales, las partículas fluyen libremente, pero al producirse una fuerza de alta velocidad, se fusionan formando una estructura sólida que dispersa la energía del impacto.
La bala no se absorbe, sino que se desvía. De hecho, en varias pruebas balísticas realizadas, una camiseta con este tejido detuvo balas de 9 milímetros a corta distancia y resistió cortes de cuchillo y golpes de martillo.
Más allá de la defensa, el invento abre la posibilidad de una nueva generación de materiales inteligentes capaces de adaptarse al entorno y ofrecer seguridad dinámica. Además, con este avance Alemania reafirma su liderazgo en innovación aplicada a la protección humana.
Cómo se crea este material
El secreto de este material se remonta a su origen, es decir, a la construcción del tejido, que requiere de una impresora 3D especializada. Esta maquina crea dos capas de tejido separadas por un espacio nanométrico. Por un lado, la capa en contacto con la piel es lisa, mientras que la capa exterior tiene una construcción de "hoja dentada", creando un ángulo de casi 30 grados.
A diferencia de los chalecos antibalas tradicionales, este material está diseñado para el uso diario: ropa, uniformes e incluso mochilas. En Alemania, las autoridades incluso planean distribuir esta ropa a profesores, periodistas y trabajadores humanitarios y aeroespaciales en zonas de alto riesgo, para posteriormente comercializarse como producto de consumo habitual.
China, pionera en esta creación
Además de Alemania, China también ha sido creadora de este tejido. Varios investigadores de la Universidad de Pekín llevan más de seis años intentando desarrollar un nuevo material que supere las prestaciones de otros como el Kevlar o el Dyneema, un polietileno de alta resistencia considerado el tejido más fuerte del mundo.
En concreto, un material así puede transformar el blindaje militar al lograr prendas y vehículos antibalas mucho más ligeros que permitirían mayor movilidad con la misma protección. Los chalecos antibalas tradicionales son efectivos pero muy pesados, mientras que este nuevo tejido se caracteriza por su facilidad para ser portado.
El equipo de investigación ha logrado desarrollar una estrategia que regula la orientación de nanotubos de carbono dentro de las fibras para inhibir el deslizamiento de la bala, de tal forma que las moléculas del tejido trabajen mejor juntas y repartan la fuerza del impacto de forma más eficiente.
El resultado de ello son fibras con una gran resistencia que permiten que una sola capa de 0,6 milímetros puede frenar la velocidad de una bala que viaja entre los 300 metros por segundo hasta los 220.
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