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Sucesos

La eterna lucha de la madre de Denisa Dragan

Su hija fue asesinada en 2018 en Alcorcón y ahora denuncia bullying hacia su hijo pequeño, de 16 años: «Mi duelo no invalida hechos objetivos»

Denisa Dragan Cedida por la familia

La vida se quebró para ella el 25 de noviembre de 2018. Puede que mucho antes, pero hablar ahora de las vivencias de Daniela Dragan tanto en su Rumanía natal como ya en Alcorcón quizás no venga a cuento. Aquella noche de noviembre recibió la peor llamada de su vida. Estaba trabajando en una empresa de piezas de coches de Getafe, donde sólo libraba un día a la semana y recuerda que se metió al baño para hablar. Le dijeron que una ambulancia estaba trasladando a Denisa María, su hija de 17 años, al Hospital de Alcorcón y que fuera para allá. El calendario colgado en la pared de la empresa tenía sobre ese día 25 un círculo negro, de esos que rodeas muchas veces y muy fuerte, porque era el cumpleaños de una compañera. El caso es que ese día ya estaba señalado en negro mucho antes de que ocurriera la tragedia. «Qué cosas, ¿verdad?», dice ahora Daniela. Pero ella salió del trabajo acelerada sin saber qué le había pasado a su niña. Denisa. Tan joven, tan guapa, con tanta vida por delante.

De las escenas posteriores, apenas recuerda flashes. Su memoria no dejó registrado ningún momento en el que fuera consciente que la chica había fallecido por una puñalada en el abdomen. Recuerda entrar a una sala del hospital de Alcorcón donde había ¿policías? ¿médicos? y a su exmarido y padre de la niña tirando al suelo el móvil de la rabia. También recuerda verla a ella, tumbada en una cama de hospital, pero no sabe si estaba sedada o ya fallecida. En cualquier caso, su cerebro registró esa imagen como si Denisa estuviera «dormida». Tampoco le dijo nada la frase: «No hemos podido hacer nada» pronunciada por algún sanitario, ni le pareció una imagen «realista» la del tanatorio. Porque durante muchos años (ya han pasado siete) Daniela creyó que si no lo aceptaba es como si no fuera verdad, como si no hubiera sucedido. Luego llegaron otros muchos momentos «mágicos»: aquel sueño donde la joven se cubría con una capucha y llegaba, lloviendo a mares, a la renfe de Alcorcón Central y ella le dijo: «¿Denisa? Te estábamos buscando»; las mariposas posándose sobre la mochila en el hospital y sobre los papeles del sumario en el juzgado... Daniela necesita «lavar» una y otra vez estos recuerdos en su memoria, los cuenta entre lágrimas y risas, para tratar de digerirlos mientras su lucha continúa.

La depresión sonriente

Porque lejos de poder pasar página después del complicado proceso judicial que terminó con la asesina de Denisa, Rocío Martínez Santamaría «La Golosina», condenada a condenada a 18 años de prisión, la vida de esta mujer de 49 años sigue sin descanso.

Su hijo menor, David, solo tenía 9 años cuando mataron a su hermana y Daniela se preocupó en que fuera una psicóloga a casa. La profesional determinó que el chico sufría la llamada «depresión sonriente»; es decir, que para él siempre está «todo bien» aunque esté sufriendo.

Es cierto que David se ha convertido en un adolescente encantador, educadísimo y que siempre tiene una sonrisa en la boca aunque por dentro esté viviendo un infierno, como ocurrió desde que se cambió de instituto. Su llegada al nuevo centro escolar, en septiembre de 2022, no fue sencilla. Entró en 2º de la ESO, cuando ya estaban formados los grupos y eso lo notó mucho. Además coincidió con el final del proceso judicial contra la asesina de su hermana, que fue condenada en octubre de ese año a 18 años de cárcel. Por eso Daniela se preocupó en informar al nuevo centro escolar quiénes eran ellos y por lo que estaban pasando. No para que trataran a su hijo de forma especial pero sí, al menos, que tuvieran de deferencia de tenerlo en cuenta. Pero no fue así y desde el primer año sufrió gordofobia y racismo. Algunos compañeros se metían con su origen rumano: «Vete a recoger cobre», le gritaban. «Un día vino con algo en un ojo y me dijo que se había caído. No me quería contar nada para no preocuparme porque sabe que no he estado bien pero como he dicho a los responsables del centro: mi duelo no invalida hechos objetivos ni exime al centro su responsabilidad de garantizar un entorno seguro».

«Hemos encadenado varios preceptores (actúan de puente entre la familia y el colegio) que se iban a dar de baja por paternidad y lo sabían cuando nos lo asignaron», explica Daniela que, además de tener el apoyo del resto de madres del colegio (con audios que ratifican que son conocedoras del acoso sufrido) denuncia que los profesores no solo no han ayudado sino que han tratado «de forma vejatoria» al chico. El último tutor, denuncia Daniela, le ha sacado de malas formas de clase y le ha menospreciado de forma verbal, cosa que ha comunicado al centro constantemente mediante correos electrónicos. «Que me encontrara gestionando trámites judiciales tras el asesinato de mi hija no es un salvoconducto para que ellos vulneren los derechos de mi hijo menor», sostiene. «Utilizar la tragedia de mi familia para patologizar mis reclamaciones y tapar las negligencias de su profesorado es una práctica que queda aquí denunciada», les dijo en un correo reciente. Pero no solo se lo ha hecho saber a ellos. Daniela lleva años de lucha por este asunto con los equipos de Asuntos Sociales del Ayuntamiento de la localidad y los Agentes Tutor de la Policía Local, que indicaron que el chico estaba sufriendo una «revictimización institucional de manual». Ya ha acudido al Defensor del Pueblo e Inspección Educativa en busca de ayuda.

«Tu hijo sufre maltrato de obra sin lesión»

Los agentes Tutor de la Policía de Alcorcón que atendieron a Daniela que acordaron que el chico estaba sufriendo «maltrato de obra sin lesión, tipificado en el artículo 147 del Código Penal», explica Daniela, que acudió . «La Policía dijo que mi hijo era carne de cañón pero entonces ¿qué debo hacer? ¿dónde tengo que acudir?», se queja. «Hasta que no pasa algo nadie hace nada pero yo ya tengo a una hija en el cementerio ¿quién se supone que me va ayudar ahora? No a mí: a mi hijo¿Dónde están las instituciones? Nadie está haciendo nada», reflexiona tras denunciar el sufrimiento que atraviesan.