Religión

El Papa: «La economía deformada saca provecho de todo»

León XIV cuestiona el actual modelo financiero en la clausura del Jubileo

FOTODELDIA CIUDAD DEL VATICANO, 06/01/2026.- El papa León XIV ha puesto fin este martes al Jubileo inaugurado hace un año por su predecesor, Francisco, con el cierre solemne de la Puerta Santa de la basílica de San Pedro del Vaticano por la que han pasado millones de peregrinos. Con este rito termina un evento que la iglesia católica organiza aproximadamente cada cuarto de siglo para ofrecer la indulgencia a los peregrinos de todo el mundo que lleguen a Roma. EFE/ Yara Nardi/ Pool
El papa clausura el Jubileo al cerrar la Puerta Santa del VaticanoYARA NARDI/ POOLAgencia EFE

El Jubileo de la Esperanza ya es historia. Después de que en estas semanas navideñas las diócesis de todo el planeta cerraran las puertas santas de sus templos, este martes León XIV hizo lo propio con la más importante del catolicismo: la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro. El Papa norteamericano clausuró este Año Santo que abrió el fallecido Francisco el 24 de diciembre de 2024. Cerca de 33,5 millones de peregrinos de 185 países han viajado a Roma durante este tiempo para alcanzar este jubileo compartido entre dos pontífices. Sin embargo, estas cifras pueden quedarse algo más que cortas, en tanto que la Iglesia mira ya con expectación el Jubileo de la Redención, que se celebrará en 2033, cuando se cumplirán los dos milenios de la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo.

«El Jubileo ha venido a recordarnos que se puede volver a empezar, es más, que estamos aún en los comienzos, que el Señor quiere crecer entre nosotros», señaló León XIV en el marco de la eucaristía de la solemnidad de la Epifanía, que se conoce popularmente como la fiesta de los Reyes Magos. En su homilía el Pontífice agustino recordó que «la Puerta Santa de esta Basílica, que ha sido hoy la última en cerrarse, ha visto pasar innumerables hombres y mujeres, peregrinos de esperanza». En este sentido, planteó un particular examen de conciencia eclesial al plantear si la Iglesia ha sabido salir al rescate en este tiempo de «la búsqueda espiritual de nuestros contemporáneos, mucho más rica de lo que quizá podamos comprender». «Millones de ellos han atravesado el umbral de la Iglesia. ¿Qué es lo que han encontrado? ¿Qué corazones, qué atención, qué reciprocidad? Sí, los magos aún existen», compartió Robert Prevost en un templo abarrotado.

Historia de vida

«¡Qué importante es que, el que cruza la puerta de la Iglesia, se percate de que el Mesías recién ha nacido allí, que allí se reúne una comunidad donde ha surgido la esperanza, que allí se está realizando una historia de vida!», apuntó después. Y continuó con su particular interrogatorio a cuantos le escuchaban: «Después de este año, ¿seremos más capaces de reconocer en el visitante a un peregrino, en el desconocido a un buscador, en el lejano a un vecino, en el diferente a un compañero de viaje?».

Estas palabras eran una referencia directa al acto simbólico que presidió a las nueve y media de la mañana, al estilo de Juan Pablo II en el Jubileo del año 2000. León XIV no clausuró personalmente la puerta de la basílica vaticana con mampostería, sino que simplemente se limitó a cerrar los batientes. Será dentro de diez días cuando, de manera privada, sí se proceda a sellar el portón, en un acto privado que coordina la Oficina de Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice.

El Papa hizo de su homilía, no solo una evaluación del jubileo, sino también de la capacidad de la Iglesia para acoger al diferente y para continuar adelante con las reformas que surgen de las sorpresas de Dios. De hecho, echó mano de una de las expresiones de referencia del Concilio Vaticano II, «captar los signos de los tiempos», para instar a los católicos a no dejarse llevar por el inmovilismo: «El Evangelio lleva a la Iglesia a no temer este dinamismo, sino a valorarlo y a orientarlo hacia el Dios que lo suscita».

«La fidelidad de Dios siempre nos sorprenderá», compartió. Incluso llegó a decir que «nos puede desconcertar, porque no podemos asirlo en nuestras manos como a los ídolos de plata y oro, porque está vivo y vivifica». «Sí, Dios cuestiona el orden existente: tiene sueños que inspira también hoy a sus profetas», expuso el Pontífice norteamericano, que subrayó cómo Cristo «está decidido a rescatarnos de antiguas y nuevas esclavitudes». «En sus obras de misericordia, en las maravillas de su justicia, involucra a jóvenes y ancianos, a pobres y ricos, a hombres y mujeres, a santos y pecadores», defendió desde el baldaquino de Bernini. «Sin hacer ruido; sin embargo, su Reino ya está brotando en todo el mundo», apostilló.

Ponerse en camino

Con este punto de partida se preguntó: «¿Hay vida en nuestra Iglesia? ¿Hay espacio para aquello que nace? ¿Amamos y anunciamos a un Dios que nos pone en camino?». «Si no reducimos nuestras iglesias a monumentos, si nuestras comunidades se convierten en hogares, si rechazamos unidos los halagos de los poderosos, entonces seremos la generación de la aurora», expuso como propuesta pastoral. Echando mano del relato de los Magos de Oriente, comentó cómo Herodes actúa desde el miedo y la agresión al nacimiento del Mesías. «La alegría del Evangelio, en cambio, libera; nos hace prudentes, sí, pero también audaces, atentos y creativos; sugiere caminos distintos de los ya recorridos». «Sí, ¡el Señor nos sigue sorprendiendo! Se deja encontrar. Sus caminos no son nuestros caminos, y los violentos no consiguen dominarlos, ni los poderes del mundo los pueden obstruir», sumó a su meditación.

Es en este punto, cuando las palabras de León XIV en la homilía alcanzaron un tinte más político y social. Por un lado, en su empeño personal por frenar en seco los conflictos del planeta, recordó que «amar la paz, buscar la paz, significa proteger lo que es santo». Con este punto de partida, y como ya expresara en la misa de Año Nuevo, ayer el Papa lanzó sus dardos contra el actual sistema financiero, al estilo de Francisco. «A nuestro alrededor, una economía deformada intenta sacar provecho de todo», reflexionó en voz alta, argumentado que «el mercado transforma en negocios incluso la sed humana de buscar, de viajar y de recomenzar». «¿Nos ha educado el Jubileo a huir de este tipo de eficiencia que reduce cualquier cosa a producto y al ser humano a consumidor?», apuntó.

Distribuir los recursos

Estas palabras en la homilía en la eucaristía de la Epifanía tuvieron su continuidad en los comentarios que verbalizó a mediodía durante el rezo del ángelus desde el ventanal del palacio pontificio. Allí, el Papa ahondó en cómo el Jubileo «nos ha recordado esta justicia basada en la gratuidad». «Tiene en sí mismo la llamada a reorganizar la convivencia, a redistribuir la tierra y los recursos, a devolver ‘lo que se tiene’ y ‘lo que se es’ a los sueños de Dios, más grandes que los nuestros», añadió.

Desde ahí, sentenció que la esperanza que la Iglesia ha venido pregonando con especial énfasis en estos últimos doce meses «debe tener los pies en la tierra: viene del cielo, pero para generar aquí abajo una historia nueva». «Artesanos de esperanza, caminemos hacia el futuro por otro camino», destacó con la mirada puesta en esta ruta nueva que emprendieron Melchor, Gaspar y Baltasar tras adorar al Niño y que simboliza un cambio vital.

Y fue al rematar su alocución antes de dirigir la oración mariana cuando León XIV expuso con más vehemencia su crítica al rearme global que se está produciendo en los últimos meses. «Que crezca su Reino, que se cumplan en nosotros sus palabras, que los extraños y los adversarios se conviertan en hermanos y hermanas, que en lugar de las desigualdades haya equidad, que en vez de la industria de la guerra se afirme la artesanía de la paz», dijo a modo de plegaria con una crítica adosada.

Más allá de estas cuestiones, tras el ángelus, León XIV recordó que, en Italia se celebra el Día de la Infancia Misionera y agradeció a los niños que rezan y «se comprometen a ayudar a los más desfavorecidos». De la misma manera, deseó una Feliz Navidad a las comunidades eclesiales de Oriente que siguen el calendario juliano y que este 7 de enero celebran la Navidad.