
Religión
El Papa: «¡Que quienes desatan la guerra elijan la paz!»
En su primer Urbi et orbi de Pascua, León XIV elude referencias explícitas sobre la crisis bélica global, pero convoca una vigilia especial de oración el 11 de abril
Suele ser algo más que una costumbre que el mensaje Urbi et orbi de los Papas sea algo más que una felicitación a los católicos del mundo, lo mismo en Navidad que ahora en Pascua. Los Pontífices se sirven de una de las alocuciones anuales con mayor proyección internacional para verbalizar una radiografía de los conflictos más graves y también de los olvidados en distintos puntos del planeta, además de visibilizar otras heridas, bien como consecuencias de dictaduras, persecuciones o catástrofes naturales. De hecho, se trata de un discurso que está especialmente supervisado por la Secretaría de Estado de la Santa Sede, en tanto que, de alguna manera, marca el papel y la estrategia geopolítica del Vaticano como agente estabilizador en medio de las crisis internas y regionales, como mediador e impulsor de salidas negociadas. León XIV ha roto este domingo con esta dinámica de ejercer de voz de denuncia con nombres y apellidos. En su primera bendición «a la ciudad y al mundo» con motivo de la Resurrección de Cristo, se erigió una vez más en abanderado de la paz, pero evitó una referencia directa, lo mismo a Ucrania que a Irán.
A las doce del mediodía, ante 50.000 fieles y desde la logia de la Basílica de San Pedro, Robert Prevost lanzó una petición a quienes están al frente de las guerras abiertas: «¡Que quienes tienen armas en sus manos las abandonen! ¡Que quienes tienen el poder de desatar guerras elijan la paz!». El hecho de que no aterrizara en realidades concretas no significa que haya rebajado su preocupación sobre el actual contexto internacional. De hecho, aprovechó el Urbi et orbi para convocar una vigilia extraordinaria por la paz para el próximo sábado 11 de abril.
El Papa reivindicó que «no una paz impuesta por la fuerza, sino mediante el dialogo, no con la voluntad de dominar al otro, sino de encontrarlo». Su reflexión no solo se dirigió a quienes toman las decisiones en los despachos, sino también a la ciudadanía: «Nos estamos acostumbrando a la violencia, nos resignamos a ella y nos volvemos indiferentes, indiferentes ante la muerte de miles de personas, indiferentes ante las secuelas de odio y división que siembran los conflictos. Indiferentes ante las consecuencias económicas y sociales que estos desencadenan y que, sin embargo, todos percibimos».
En este punto, León XIV hizo suya una de las expresiones más populares de Francisco, su constante grito en contra de la «globalización de la indiferencia», que su sucesor considera que está «cada vez más marcada».
El propio Prevost fue más allá al evocar a Jorge Mario Bergoglio, consciente de que el Urbi et orbi que impartió hace un año tuvo lugar horas antes de su fallecimiento. En aquel discurso que no pudo leer, el Papa argentino alertaba de «cuánta voluntad de muerte vemos cada día en los numerosos conflictos que afectan a diferentes partes del mundo». «Volteamos hacia otro lado, preferimos no mirar. ¡No podemos seguir siendo indiferentes! ¡No podemos resignarnos al mal!», expresó retomando las palabras que había pronunciado en la noche del sábado durante la Vigilia Pascual.
Con una impronta catequética, el Papa agustino recordó que la Pascua es «una victoria de la vida sobre la muerte, de la luz sobre las tinieblas, del amor sobre el odio». A partir de ahí, subrayó que «la fuerza con la que Cristo resucitó no es violenta». Además, explicó que «es aún más parecida a la de un corazón humano que, lastimado por una ofensa, rechaza el instinto de venganza y, lleno de bondad, reza por quien le ha ofendido».
«Hermanos y hermanas, esta es la verdadera fuerza que trae la paz a la humanidad», remarcó a modo de moraleja, convencido de que la resurrección de Jesús de Nazaret «genera relaciones respetuosas a todos los niveles: entre las personas, las familias, los grupos sociales y las naciones». «No busca el interés particular, sino el bien común; no pretende imponer su propio plan, sino contribuir a diseñarlo y a ponerlo en práctica junto con los demás», planteó en contraposición a los liderazgos autoritarios e individualistas.
Por todo esto, el Pontífice norteamericano determinó que la resurrección de Cristo «es el comienzo de la nueva humanidad». Y es que, el Obispo de Roma considera que «la paz que Jesús nos entrega no es aquella que se limita a silenciar las armas, sino la que toca y transforma el corazón de cada uno de nosotros». «¡Convirtámonos a esa paz de Cristo! ¡Hagamos oír el grito de paz que brota del corazón!», alentó a su auditorio romano.
✕
Accede a tu cuenta para comentar


