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Disputa

“No puedo dormir”: un vecino denuncia el ruido de un centro de maternidad y acaba en los tribunales

El caso, que se remonta a la apertura del centro en 2025, ha terminado con cambios en sus instalaciones tras la intervención judicial y ha reavivado el debate sobre la convivencia en zonas residenciales

“No puedo dormir”: un vecino denuncia el ruido de un centro de maternidad y acaba en los tribunales

Un conflicto vecinal en Alemania ha acabado en los tribunales después de que un residente denunciara el ruido procedente de un centro de partos cercano, especialmente durante los alumbramientos, en un caso que ha abierto el debate sobre los límites entre el descanso y la actividad sanitaria.

El vecino vive a apenas una decena de metros de una de las salas del centro, que abrió en el verano de 2025 tras la transformación de una antigua residencia de estudiantes. Según su denuncia, los gritos durante los partos le impedían descansar con normalidad, sobre todo por la noche.

La queja no se limitó a una protesta puntual. El vecino recurrió la licencia de obra concedida por el Ayuntamiento e incluso llegó a amenazar con acciones legales antes de la apertura del centro. Pese a ello, la mayoría de los vecinos no comparte su postura y considera que la instalación es positiva para el barrio.

Impacto en el centro y debate abierto

El caso dio un giro cuando el tribunal dio parcialmente la razón al vecino al entender que sus derechos podrían no haberse tenido suficientemente en cuenta al autorizar el proyecto.

Como consecuencia, el promotor del centro accedió a modificar el uso de una de las salas más conflictivas, que dejará de utilizarse para partos y pasará a destinarse a atención prenatal. Tras este acuerdo, ambas partes dieron el conflicto por resuelto sin que llegara a dictarse sentencia.

No es habitual que este tipo de reclamaciones prosperen. En general, la Justicia suele considerar que ciertos ruidos, como los de niños o los derivados de la vida cotidiana, forman parte de la convivencia en entornos residenciales.

El cambio no es menor. La pérdida de esa sala, más amplia y equipada incluso con bañera, podría poner en riesgo la viabilidad económica del centro. Actualmente solo dispone de otra sala de partos, más pequeña y con menos recursos.

Desde la dirección del centro muestran su sorpresa ante la denuncia. Aseguran que los gritos son “breves” y se producen solo en momentos puntuales del parto. Además, subrayan que las ventanas suelen permanecer cerradas y que ya estudian instalar medidas de insonorización para reducir el impacto acústico.