
Emergencia
Sociólogos alertan del desplome de la felicidad de los jóvenes españoles: trabajo precario y redes sociales, en el foco
España se cae hasta el puesto 128 mundial en bienestar juvenil, situando al país en la cola del ranking global de felicidad

España vive inmersa en una contradicción social insostenible. Mientras los grandes datos macroeconómicos del Estado intentan vender una imagen de recuperación y fortaleza, la realidad a pie de calle para los ciudadanos más jóvenes refleja una auténtica emergencia generacional. Nuestro país suspende de forma estrepitosa en materia de bienestar juvenil: los españoles de entre 16 y 30 años se encuentran hoy hundidos en los peores registros internacionales, ahogados por la extrema precariedad laboral y una desconexión emocional sin precedentes que pone en jaque el futuro de nuestra sociedad.
Tal y como revela el World Happiness Report, aunque España se sitúa en el puesto 41 del ranking general de felicidad, la cifra se desploma dramáticamente hasta la posición 128 de 136 países cuando el análisis se centra exclusivamente en nuestros jóvenes. Esta tremenda brecha nos relega al vagón de cola mundial, un hundimiento acelerado por un ecosistema digital que los sociólogos del Consejo de la Juventud de España califica de modelo "depredador". Las redes sociales y plataformas actuales, huérfanas de regulación efectiva en nuestro país, están destrozando el descanso de esta generación y disparando la ansiedad mediante comparaciones continuas que pulverizan su autoestima.
Pero más allá de la adicción a las pantallas, la herida es puramente estructural y duele directamente en el bolsillo. Para una juventud española que sitúa la crisis de la vivienda como el problema más grave por encima de cualquier otro, intentar alquilar o comprar un piso en nuestras ciudades se ha vuelto una misión imposible y una fuente de angustia diaria. Se da una paradoja sangrante en la España de hoy: la economía nacional crece sobre el papel, pero los jóvenes chocan de frente contra la frustración salarial y la nula capacidad de ahorro, lo que dinamita por completo el mandato constitucional de una vivienda digna y cualquier esperanza de emancipación real.
Hacia un rescate generacional
La salvaje mercantilización del espacio público en los barrios, donde las plazas han sido devoradas por un modelo orientado exclusivamente al consumo, ha eliminado las zonas de socialización gratuita y ha empujado a los adolescentes hacia un encierro digital obligado.
Para darle la vuelta a este drama, las alternativas para estos expertos exigen levantar una industria nacional de los cuidados sólida y tejer una red de ocio público municipal que rompa la dependencia del teléfono móvil. En el plano educativo, la hoja de ruta es muy clara: urge bajar la ratio de alumnos por aula y aumentar drásticamente la inversión en educación, revirtiendo de una vez por todas los recortes sistemáticos que han aplicado diversas comunidades autónomas durante la última década.
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