Estudio
Uno de cada tres jóvenes recurriría a la IA para hablar de sexo y relaciones antes que a un amigo
El 37,4% usaría esta herramienta para obtener respuestas claras y objetivas sobre sexo y relaciones
La forma en que las personas viven el sexo está cambiando rápidamente. La sexualidad contemporánea ya no se limita al acto sexual, sino que se entrelaza con factores culturales, tecnológicos y generacionales que redefinen la intimidad. De cara a 2026, varias tendencias apuntan hacia una visión más consciente del placer, una mayor presencia de la tecnología en las relaciones y una normalización creciente del bienestar sexual.
Un informe internacional elaborado por Lovehoney Group, basado en encuestas a miles de personas en varios países —entre ellos España—, dibuja un panorama en el que la Generación Z, la inteligencia artificial y el concepto de bienestar sexual holístico están transformando la manera en que entendemos el sexo.
Una de las transformaciones más visibles está protagonizada por la Generación Z. Contra la idea extendida de que los jóvenes tienen una vida sexual más activa, los datos apuntan en dirección contraria: solo el 13 % afirma mantener relaciones sexuales con una pareja al menos una vez por semana, frente al 37 % de los millennials.
Lejos de indicar desinterés, esta tendencia refleja un cambio de enfoque. Los jóvenes priorizan el consentimiento, los límites personales y la conexión emocional por encima de la frecuencia. El sexo deja de ser una expectativa social automática para convertirse en una elección consciente.
Este fenómeno también se refleja en el descenso del llamado “sexo borracho”. Entre las personas de 18 a 24 años, casi la mitad afirma no haber tenido nunca relaciones sexuales bajo los efectos del alcohol, una proporción mayor que en generaciones anteriores. La reducción de la vida nocturna tradicional y el cierre de numerosos clubes en los últimos años también influyen en la disminución de encuentros casuales.
La inteligencia artificial entra en la intimidad
Otra tendencia clave es la creciente presencia de la inteligencia artificial en la vida sexual y sentimental. Cada vez más personas recurren a herramientas digitales para resolver dudas sobre sexo, recibir consejos sobre citas o interpretar conversaciones con posibles parejas.
Según el estudio de Lovehoney, solo el 17,5 % de las personas habla de sexo con su pareja con frecuencia. Este silencio ha abierto espacio para que la IA funcione como un “primer punto de consulta”. Preguntas sobre cómo mejorar la vida sexual, comunicar deseos o superar la ansiedad ante el rendimiento figuran entre las más habituales.
Una encuesta realizada en 2026 por la marca We-Vibe a 1.000 españoles confirma esta tendencia. Uno de cada tres encuestados afirma que recurriría a la inteligencia artificial para hablar sobre sexo o relaciones antes que a un amigo o amiga. La tecnología empieza así a ocupar un espacio que tradicionalmente pertenecía al círculo más cercano: el mejor amigo, el grupo de confianza o incluso la propia pareja.
Entre quienes recurrirían a la IA, el 37,4 % lo haría para obtener respuestas claras y objetivas sobre sexo y relaciones. Un 28,1 % pediría consejo sobre salud íntima, mientras que el 24,2 % buscaría recomendaciones sobre cuestiones sexuales generales. Además, el 22,8 % acudiría a estas herramientas para recibir sugerencias sobre juguetes sexuales.
Las razones también reflejan los tabúes que todavía rodean estos temas. Un 18,2 % afirma que consultaría a una IA por vergüenza, y un 13 % reconoce que prefiere no plantear estas dudas a sus amistades. Aun así, la resistencia sigue siendo significativa: el 40,5 % de los encuestados asegura que no utilizaría la inteligencia artificial para hablar sobre sexualidad o relaciones.
La relación entre IA e intimidad no se limita al asesoramiento. También está influyendo en el mundo de las citas online. El término “chatfishing” describe una situación cada vez más común: creer que se está conversando con una persona real en una aplicación de citas cuando en realidad se trata de un sistema automatizado.
Además, las aplicaciones de acompañamiento basadas en inteligencia artificial han experimentado un fuerte crecimiento global, alimentando el debate sobre si estas tecnologías reforzarán las relaciones humanas o terminarán sustituyéndolas.
El placer se vuelve lúdico
La cultura popular también está influyendo en la forma en que se consumen productos relacionados con la sexualidad. El informe señala una tendencia creciente hacia el “placer lúdico”: juguetes sexuales con diseños creativos, estéticos o inspirados en universos de fantasía.
El auge del género literario “romantasy” —una mezcla de romance y fantasía— ha impulsado el interés por productos inspirados en criaturas míticas, mientras que los diseños “cute” o con formas de frutas y flores ganan popularidad. Las búsquedas de juguetes sexuales con estética adorable se han triplicado en el último año.
Este fenómeno coincide con la creciente censura del contenido relacionado con el bienestar sexual en algunas plataformas digitales, lo que ha llevado a las marcas a apostar por diseños visualmente más neutros o decorativos.
Mientras el foco mediático suele centrarse en los jóvenes, la Generación X también está experimentando un cambio importante en su vida íntima. Muchas personas de entre 46 y 61 años están explorando nuevas formas de relación, incluyendo el uso de aplicaciones de citas o relaciones con diferencia de edad.
En particular, las mujeres de esta generación están abordando la menopausia con mayor apertura. Algunos estudios sugieren que la autoexploración sexual puede contribuir a mejorar síntomas como el insomnio, los cambios de humor o la disminución del deseo.
El bienestar sexual como parte de la salud
Finalmente, el informe destaca un cambio cultural más amplio: el sexo comienza a integrarse dentro del concepto general de bienestar. Las búsquedas del término “bienestar sexual” han aumentado más de un 25 % en el último año.
La mayoría de las personas reconoce ya beneficios concretos de la autoexploración: un 61 % considera que puede ayudar a reducir el estrés y un 42 % cree que mejora la calidad del sueño. Además, más del 70 % afirma que modificaría sus hábitos de masturbación si un médico se lo recomendara.
Este cambio refleja una transformación profunda en la forma en que la sociedad entiende la sexualidad: menos tabú, más conversación y una integración creciente con la salud mental y física.
En un contexto marcado por la tecnología, los cambios generacionales y la normalización del placer, la sexualidad en 2026 parece dirigirse hacia una idea central: no se trata tanto de cuánto sexo se tiene, sino de cómo y por qué se vive.