Tecnología militar
Así protege Irán su arsenal de misiles balísticos de los ataques de EE. UU. e Israel
Teherán utiliza estrategias basadas en la orografía, ingeniería y movilidad para ocultar el mayor arsenal de misiles de la región
Irán posee el mayor arsenal de misiles balísticos de la región y, con los años, ha desarrollado diferentes métodos para ocultarlos y protegerlos. Desde que el pasado sábado se iniciaron las operaciones militares 'Furia Épica' y 'León Rugiente', se ha convertido en uno de los principales objetivos de los Ejércitos de Estados Unidos e Israel. Para garantizar que no sean destruidos, Irán utiliza una serie de estrategias que se apoyan en la orografía, la ingeniería y la movilidad, según recoge Interesting Engineering.
'Ciudades de misiles'
Irán ha llevado parte de su infraestructura de misiles balísticos al subsuelo, excavando grandes complejos en el interior de montañas bajo cientos de metros de rocas. La lógica es que, a esa profundidad y con el terreno interpuesto, se reduce la vulnerabilidad frente a ataques convencionales e incluso frente a munición diseñada para penetrar búnkeres.
Estos complejos, conocidos como 'ciudades de misiles', se organizan como redes de túneles reforzados y espacios de almacenamiento conectados, con áreas diferenciadas para componentes sensibles como ojivas, combustible y sistemas de guiado. La compartimentación y la redundancia de accesos buscan mantener la operatividad, incluso si algunas entradas quedan dañadas, y complican que un ataque de precisión neutralice el conjunto de la instalación.
Entradas fortificadas de forma natural y artificial
Las entradas de estos complejos subterráneos suelen quedar incrustadas en roca profunda, camufladas por el propio relieve y reforzadas con revestimientos de hormigón armado y acero. El objetivo es convertir un punto vulnerable como la boca del túnel en una especie de acceso de búnker capaz de aguantar impactos y dificultar que un ataque 'abra' el corazón de la instalación.
En el interior, el diseño favorece la supervivencia. Se incorporan galerías ciegas alineadas con la entrada que actúan como trampas para la onda expansiva, desviándola hacia ramales secundarios. A eso se suman puertas resistentes a explosiones y cámaras compartimentadas pensadas para contener la sobrepresión que producen, de modo que el daño quede localizado y no se propague por todo el complejo.
Engañar al enemigo
Irán combina camuflajes y engaños para complicar la vigilancia continua de satélites y aeronaves de reconocimiento. La idea es que, si el adversario no puede distinguir con rapidez qué es operativo y qué no, el proceso de selección de objetivos se vuelve más lento, más caro y, sobre todo, más propenso al error.
En la práctica, esto se traduce en señuelos (desde lanzadores simulados hasta réplicas ligeras a la vista del enemigo) pensados para atraer munición de precisión y dispersar la atención. A la vez, parte de la infraestructura se 'disfraza' con acabados que la hacen pasar por instalaciones civiles, o se oculta con cubiertas y barreras que rebajan la huella térmica y la detectabilidad por radar, reduciendo las pistas que suelen delatar un objetivo militar. También ocultan sistemas de lanzamiento en el interior de remolques de camiones civiles cuya parte superior se retira cuando se va a efectuar un disparo.
Dispersión
Irán apuesta por la dispersión y, sobre todo, por la movilidad para evitar que su capacidad de misiles quede 'atrapada' en un puñado de objetivos fijos. En lugar de depender de plataformas permanentes, utiliza lanzadores montados sobre vehículos (los TEL o Transportadores Erectores Lanzadores) que permiten repartir el sistema en distintos puntos y reducir el impacto de un ataque concentrado.
Estos medios móviles esperan en refugios reforzados y, en algunos casos, en garajes subterráneos, desde los que pueden desplegarse con rapidez hacia carreteras, pistas en zonas desérticas o valles apartados antes de un lanzamiento. La combinación de rutas alternativas y el uso de elementos de distracción en el entorno complica el seguimiento continuado y hace más difícil que la vigilancia por satélite convierta a estos lanzadores en un blanco predecible.
Refuerzo físico
Irán refuerza parte de su infraestructura más sensible con varias capas de hormigón y después la integra en el paisaje enterrándola bajo el terreno. El resultado es que, por un lado, añade protección física frente a ataques aéreos y munición guiada y, por otro, reduce el contraste visual y la firma detectable, de modo que, observadas desde satélites, esas estructuras tienden a confundirse con el relieve.
En zonas vinculadas al programa de misiles, incluidos emplazamientos próximos a Teherán, se han documentado edificios que quedan literalmente cubiertos por 'techos' de hormigón y una capa de suelo. Y cuando se producen daños, la respuesta suele buscar rapidez y discreción mediante el sellado de accesos, la reconstrucción de elementos de protección y la instalación de cubiertas provisionales para recuperar la actividad y minimizar lo que queda a la vista.