Astroquímica
La NASA señala que hay una química oculta en el corazón de la Vía Láctea
Ha sido posible gracias a la imagen más grande jamás producida por el conjunto de telescopios ALMA.

El centro de nuestra galaxia no es un lugar amable. Allí, a unos 26.000 años luz de la Tierra, reina un agujero negro supermasivo, las densidades son extremas, las explosiones estelares frecuentes y la radiación intensa. Sin embargo, es precisamente en ese entorno hostil donde un equipo internacional de astrónomos ha descubierto una química sorprendentemente rica y compleja que obliga a repensar cómo nacen las estrellas y qué tipo de ingredientes pueden surgir en condiciones límite.
Gracias al radiotelescopio ALMA, en el desierto de Atacama (Chile), un equipo internacional de científicos, de la NASA, el Observatorio Austral Europeo (ESO) y la Agencia Espacial Europea entre otras instituciones, ha obtenido la imagen más grande jamás producida por esta instalación. El mosaico, equivalente en el cielo a tres lunas llenas alineadas, revela con un nivel de detalle sin precedentes la llamada Zona Molecular Central (CMZ, por sus siglas en inglés), una vasta región de gas frío que rodea el agujero negro supermasivo en el núcleo de la Vía Láctea.
“Es un lugar de extremos, invisible a nuestros ojos, pero ahora revelado con un detalle extraordinario - explica Ashley Barnes, astrónomo del Observatorio Europeo Austral (ESO), en un comunicado -. Por primera vez, el gas frío de toda esta región, la materia prima con la que se forman las estrellas, ha sido explorado con tal profundidad”.
La región analizada se extiende a lo largo de más de 650 años luz. En ella se concentran nubes densas de gas y polvo sometidas a fuerzas gravitatorias intensas, choques frecuentes y oleadas de radiación procedentes tanto de estrellas masivas como del agujero negro central.“Es el único núcleo galáctico lo suficientemente cercano a la Tierra como para que podamos estudiarlo con tanto detalle”, señala Barnes. Y lo que han encontrado no es solo estructura: es química.
El proyecto, denominado ACES (ALMA CMZ Exploration Survey, ha detectado decenas de moléculas distintas en este gas frío. Desde compuestos relativamente simples como el monóxido de silicio hasta moléculas orgánicas más complejas como metanol, acetona o etanol. En otras palabras: uno de los entornos más violentos de la galaxia, tiene una química orgánica diversa.
Esta combinación resulta desconcertante. Durante décadas, los modelos de formación estelar y evolución química se han construido, en gran medida, a partir de regiones más “tranquilas” del disco galáctico. Pero el centro de la Vía Láctea no se comporta como el vecindario solar. Las nuevas imágenes muestran una red intrincada de filamentos de gas frío que canalizan materia hacia núcleos más densos. Esos “grumos” son las semillas de futuras estrellas. En la periferia de la galaxia conocemos bastante bien este proceso: el gas colapsa bajo su propia gravedad, se fragmenta y, finalmente, enciende la fusión nuclear. Pero en el centro galáctico las reglas parecen alterarse.
“La CMZ alberga algunas de las estrellas más masivas conocidas en nuestra galaxia, muchas de las cuales viven rápido y mueren jóvenes, terminando su vida en potentes supernovas e incluso hipernovas - afirma Steve Longmore, líder de ACES y profesor de astrofísica en la Liverpool John Moores University -. La pregunta es si nuestras teorías de formación estelar siguen siendo válidas en un entorno tan caótico”.
La densidad, la presión y la turbulencia allí son mucho mayores. El campo gravitatorio es extremo. Las explosiones de supernovas remodelan continuamente el medio interestelar. Y, aun así, el gas frío sobrevive y mantiene una química sorprendentemente sofisticada. Comprender lo que ocurre en la Zona Molecular Central no es solo una cuestión local. “Al estudiar cómo nacen las estrellas en la CMZ, podemos obtener una imagen más clara de cómo crecieron y evolucionaron las galaxias - confirma Longmore -. Creemos que la región comparte muchas características con las galaxias del universo temprano, donde las estrellas se formaban en entornos caóticos y extremos”.
En otras palabras, el centro de la Vía Láctea podría funcionar como una máquina del tiempo. Las primeras galaxias del cosmos eran más densas, más turbulentas y químicamente menos evolucionadas. Si la formación estelar puede prosperar en estas condiciones extremas actuales, quizá también lo hizo de formas más diversas de lo que imaginamos en el universo joven.
Y ahora la pregunta clave: ¿Qué implica una nueva química? Detectar moléculas orgánicas complejas en un entorno tan agresivo plantea preguntas profundas. Tradicionalmente se pensaba que la complejidad química necesitaba estabilidad: regiones frías, protegidas de la radiación intensa. Pero aquí vemos que la química puede resistir y quizás hasta prosperar, incluso bajo estrés cósmico.
No significa que haya vida en el centro galáctico. Pero sí amplía el abanico de escenarios donde los “ladrillos” químicos fundamentales pueden formarse. Y eso obliga a reconsiderar qué entendemos por entornos potencialmente habitables a escala cósmica.