Estreno

"La mujer danesa": Ditte, jueza, jurado y verduga

Filmin estrena esta comedia negra nórdica que sigue la vida de una exespía danesa que intenta integrarse a la vida civil, pero los habituales problemas se convierten en conflictos

Trine Dyrholm canta, baila, grita, suda, amenaza y mata mientras te sirve un trozo de tarta
Trine Dyrholm canta, baila, grita, suda, amenaza y mata mientras te sirve un trozo de tartaFilmin

Ditte Jensen alcanza la cima de la montaña e interpreta el tema de Anne Linnet y Marquis de Sade «Glor på vinduer» («Reflejos en las ventanas»), mientras ejecuta un baile de lo más embriagador por su libertad. Este momento íntimo nos despista, antes de ver los primeros minutos de «La mujer danesa», miniserie nórdica en clave de comedia que acaba de estrenar Filmin. Para su máximo disfrute se estrenan tres episodios y los restantes el próximo 24 de marzo.

Y es que «La mujer danesa» está llena de sorpresas. La trama nos sitúa en Islandia, donde la recién llegada Ditte (Trine Dyrholm) da los primeros compases de su vida en una pequeña comunidad de vecinos en Reikiavik. Entre sus hobbies de exespía y militar de élite jubilada está la jardinería, en la que se encuentra a su primer enemigo a batir. Con razón el primer episodio se llama «¿Mató al gato?». Enseguida comienza a entablar las primeras relaciones sociales. Con varios niños del edificio entregados a las pantallas y a bailar delante del teléfono móvil. También se encuentra con Astridur (Halla Vilhjálmsdóttir), con problemas de pareja; Magnus (Björn Thors), presidente del edificio y contaminador amateur; Thorir (Hilmar Guðjónsson), irredento fiestero y molestón; Gulla (Kristín Þóra Haraldsdóttir), madre de Kári (Baldur Björn Arnarsson), deslenguado y adicto a los videojuegos, y dos pequeños más; sus vecinos de puerta, el matrimonio de Soffía (Halldóra Geirharðsdóttir), su marido y su hija Björk (Edda Guðnadóttir), los refugiados Juan Camillo (Juan Camilo Román) y Salima (Raffaella Brizuela Sigurðardóttir). Cada uno de ellos representará un reto distinto para Ditte, que tiene una particular manera de aplicar lo que considera «justicia» ya sea medioambiental, social, sexual o política. Todos sus años de experiencia en conflictos internacionales, con sus malas prácticas y las peores, serán usados en vecinos y gente de su círculo.

La estructura de los capítulos también es una maravilla en sí misma. La canción introductoria, siempre distinta, es interpretada por la actriz protagonista. En ocasiones, los «malos» del episodio bailan al final; incluso a veces, la canción media la historia con ruptura incluida de la cuarta pared. Al mismo tiempo que detecta, la serie alecciona sobre varios problemas endémicos del norte de Europa, así como sus derivados en la sociedad. A pesar de que su instinto la lleva al control de la ira y a separarse de los problemas mundanos, su ceja se enarca en cuanto detecta algo que no le cuadra. Queda claro desde el principio que Ditte no tiene ningún tipo de filtro y, en su particular código moral, el fin siempre justifica los medios, lo que será un deleite para el espectador. Siempre gusta ver un personaje que sólo quiere ver cómo arde el mundo sin pensar en las consecuencias.

En ocasiones, gracias a la exploración que se hace del edificio y las casas de los propietarios, la serie recuerda a «La comunidad», con la vida desarrollándose en el descansillo y las escaleras, la sala de bicicletas y el misterioso trastero de Ditte, que parece un arsenal militar estilo casero. Gracias a su descaro y conocimiento del ser humano, Ditte va prestando su ayuda y «desfaciendo» entuertos como los relacionados con la inmigración, el maltrato físico y sexual, los embarazos no deseados, el cambio climático y la adicción a las pantallas. Sus métodos son cuestionables, pero sus resultados no.

También el pasado profesional de nuestra protagonista volverá para pasarle factura y miembros de su antigua unidad en el ejército quieren que vuelva al servicio activo como espía infiltrada. Aunque al principio se niega, un tecnicismo la tiene entre la espada y la pared.

Y ya sabemos cómo es Ditte cuando se encuentra acorralada. Un paseo vía flashbacks nos descubre a una persona aún más letal, a la que ser enfermera le permite matar a los enfermos terminales de un hospital, o la veremos ejecutar la tortura de la toalla («submarino») a un joven vecino, mientras reminiscencias de sus misiones en Irak o Afganistán se cuelan en la pantalla en transiciones impactantes. La bipolaridad que sufre Ditte nos permite disfrutar del cambio de madre amorosa, vecina preocupada o ciudadana ejemplar a ejecutora implacable que tararea mientras perpetra sus venganzas. Ayuda a la gente incluso en contra de su propia seguridad. Con solo la mitad de capítulos de visionado, estoy deseando que llegue el próximo martes para descubrir en quién más ha fijado su mirada «gusano rojo», y cuál es el castigo ejemplar que le depara. Y, sobre todo, más vale que sepa hablar danés o entonces tendrá un verdadero problema.

Los registros infinitos de Trine Dyrholm

►Bailes con incienso, independencia personal y alto nivel intelectual, son algunos de los requisitos de los que goza y exige Ditte. El trabajo de Dyrholm es impecable. Con trabajos como «La comuna» y «Reina de Corazones», fue recientemente seleccionada por el jurado de los Premios del Cine Europeo (EFA) a la mejor actriz con «La chica de la aguja» (nominada a la mejor película internacional en los Oscar). El director islandés Benedikt Erlingsson buscaba alguien con versatilidad y encontró a esta actriz que pasa de un estado de ánimo a otro con pasmosa facilidad y credibilidad. Trine calibra y borda un papel dificilísimo.