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Sentencia

El polémico adiós de Samantha y Colate: "DecoMasters" castiga la rebeldía frente al jurado

La sexta entrega del concurso de TVE vive una noche de máxima tensión marcada por el inesperado regreso de Antonia Dell’Atte y la caída de una de las parejas con más peso en la edición

El polémico adiós de Samantha y Colate: "DecoMasters" castiga la rebeldía frente al jurado RTVE

La sexta gala de "Decomasters" no ha sido una noche de diseño convencional, sino una auténtica batalla de egos que ha terminado con una de las salidas más amargas de la temporada. RTVE ha emitido una entrega donde la estética ha quedado en un segundo plano frente a la falta de disciplina de los concursantes, un error que en el mundo del interiorismo se paga con la exclusión inmediata. El programa, que ya encara su fase decisiva, ha puesto sobre la mesa la importancia de la jerarquía y la escucha, dos conceptos que Samantha Vallejo-Nágera y su hermano Colate decidieron ignorar en un momento crítico de la competición.

El reto de transformar dos locales comerciales, "La Lata" y "La terraza de Casi", con un presupuesto de 6.000 euros, fue el detonante del conflicto. Mientras el equipo liderado por Belén López y Raquel Meroño lograba interpretar las directrices de los propietarios y el jurado, el bando de Samantha y Colate se perdía en un concepto que los expertos calificaron de "colmado" más que de bar. La desconexión entre la visión de los capitanes y las advertencias de Lorenzo Castillo y Marta Riopérez generó un clima de tensión que ni siquiera la ayuda de los compañeros repescados pudo mitigar, evidenciando que el talento sin dirección no basta para convencer a Nacho García de Vinuesa.

La sorpresa de la noche llegó con la repesca, una segunda oportunidad que ha devuelto a la competición a Antonia Dell’Atte. La italiana, que regresaba con Fiona Ferrer como nueva compañera tras la baja de María Zurita, logró hacerse con el favor del jurado en una decisión que no estuvo exenta de polémica. A pesar de que las críticas internas apuntaban a una escasa participación de la modelo en las tareas de ejecución, el jurado valoró el potencial del tándem frente a otras opciones como Eduardo Casanova o la pareja favorita formada por Lucía y Palito Dominguín, quienes se quedaron a las puertas de volver al taller.

La prueba de expulsión trasladó la tensión al corazón del hogar: la cocina. Con presupuestos variables de entre 3.000 y 6.500 euros, las parejas señaladas tuvieron que lidiar con las exigencias de clientes reales bajo la supervisión de las expertas Lluïsa Deulonder y Chone de la Sotilla. Fue en este escenario donde los "Gemeliers", Dani y Jesús Oviedo, dieron la sorpresa con un proyecto "prácticamente perfecto" que no solo cumplió con las expectativas estéticas, sino que demostró una gestión económica impecable al ahorrar casi 1.500 euros del presupuesto asignado, consolidándose como los grandes estrategas de la noche.

En el extremo opuesto, Samantha y Colate no lograron remontar el vuelo. Su propuesta para la cocina acumuló "demasiados errores" técnicos y de concepto según el criterio de Lorenzo Castillo, quien no dudó en señalar la falta de evolución de la pareja. Lejos de aceptar el veredicto con resignación, los hermanos Vallejo-Nágera se despidieron manteniendo un pulso dialéctico con el jurado, defendiendo su trabajo hasta el último minuto y dejando claro que su visión del diseño no encajaba con el rigor académico exigido por el programa. "Nosotros estamos muy contentos con nuestro diseño", sentenciaba Samantha antes de cruzar la puerta de salida.

La expulsión de una de las parejas que más contenido ha generado en la edición deja un vacío importante en la convivencia, pero refuerza la autoridad de un jurado que no está dispuesto a dejar pasar la insubordinación. Con la entrada de Antonia Dell’Atte y el afianzamiento de perfiles más técnicos como el de los Oviedo, "Decomasters" entra en una nueva etapa donde la profesionalidad empieza a pesar más que la popularidad. La próxima semana, los decoradores restantes deberán demostrar que han aprendido la lección: en la televisión pública, como en el estudio de arquitectura, el cliente y el experto siempre tienen la última palabra.