Hay muchos elementos en «Girl Taken», la nueva miniserie británica que acaba de llegar a SkyShowtime, que nos suenan: sótanos, mujeres jóvenes recluidas en ellos contra su voluntad y los actos más inenarrables que un ser humano puede perpetrar contra otro. Llámese «El monstruo de Amstetten», Natascha Kampusch o Jaycee Lee Dugard: vemos un triste patrón que no debería existir, ni siquiera como inspiración para productos de ficción que van de más a menos morboso. Por suerte, la serie creada por David Turpin (basada en el libro «Baby Doll», de Hollie Overton) se sitúa en la parte de abajo de esta escala, esa que no utiliza situaciones reales para explotar a sus víctimas y hacer su vida, si cabe, algo más complicada.
«Girl Taken» se centra en las hermanas Lily y Abby Reiser (Talullah y Delphi Evans, respectivamente; gemelas en la vida real). Ambas viven con su madre, Eve (Jill Halfpenny), en un hogar ya suficientemente desestructurado como para sumarle un secuestro. Este no vendrá de alguien obvio, sino que quien secuestre a Lily Reiser será su profesor de lengua, Rick Hansen (Alfie Allen, al que todos recordamos por ser Theon Greyjoy en «Juego de Tronos»). Hansen, casado, atractivo y plenamente respetado por la comunidad, mantendrá a Lily en su casa de campo durante más de cinco años, en los que la someterá a todo tipo de abusos y la destrozará psicológicamente, mientras su hermana, su madre y la policía —aquí personificada en el personaje de Vikash Bhai— compaginan su búsqueda con la titánica tarea de seguir adelante con sus vidas, dada la situación.
Con esta sinopsis, se puede pensar que con «Girl Taken» nos encontramos ante otra serie policiaca más, en la que seguiremos la investigación para dar con la joven que terminará, en un trepidante episodio final, con su liberación o, en el peor escenario, el hallazgo de su cuerpo. Nada más lejos de la realidad. Evitando hacer mucho spoiler, es importante aclarar que esta no es una serie sobre secuestros, sino más bien sobre sus consecuencias. Si bien el hecho existe y lo vemos con todo lujo de detalles, el núcleo de la trama ocurre después del mismo, con Lily de vuelta a casa: a un mundo que ha seguido avanzando sin ella, y con unas secuelas psicológicas y emocionales difíciles de afrontar. Es ahí donde la serie de Turpin muestra su mejor cara, sustentada en las solventes interpretaciones tanto de las dos hermanas (cada una, por su situación, tiene un papel complicado) como de su madre, a la que el guion, eso sí, no termina de hacer justicia, con un personaje algo obvio. Esa «vuelta a la vida» de Lily está llena de temas realmente complejos, que van desde aceptar que tus seres queridos han evolucionado en ese tiempo hasta verse revictimizada cada vez que, directa o indirectamente, tiene que exponerse a su agresor y revivir lo ocurrido. La serie, aunque no siempre escoge centrarse en los más interesantes, sí parece apostar por esta idea, y ya desde su estructura y tono marca que es, ante todo, un drama familiar y psicológico. Es una pena, dado este caso, que parezca tener miedo a mantener la apuesta hasta el final y que, ante la pérdida de fuelle fruto de sus decisiones, opte por un último tercio radicalmente distinto, más propio de lo que ya popularmente conocemos como «pelis de tarde». El acto final de «Girl Taken» hace gala de convenciones de guion, giros melodramáticos y situaciones inverosímiles que, lejos de agitar la trama, la lastran, culminando en un episodio final tan innecesario (el cierre dramático ya había sucedido) como incoherente.
El antagonista, correctamente interpretado por un Allen que cumple con lo que seguramente se le pidiese, también es más propio de esas ficciones más «telenoveleras». Siendo un papel ingrato, en el que la humanización puede confundirse muy fácilmente con justificación, uno nunca llega a creerse cómo alguien así es mínimamente valorado en el día a día. Su Rick Hansen no aparenta normalidad, no fuerza apenas el encanto; es una especie de villano de Marvel que únicamente varía el grado de inquietud con el que se comporta. La relación que tiene con Zoe (Niamh Walsh), su esposa, tiene sentido en lo teórico, pero nunca vemos cómo se ha construido la base que se necesita para que funcione. Él es el mejor ejemplo de la pelea interna de «Girl Taken» entre ser una serie que explora la parte humana y psicológica de un secuestro de este tipo y, quién sabe si por inseguridad o falta de ideas, ceder a las tentaciones del telefilme.