Entrevista

Raúl Arévalo, Vito Sanz y Gabriel Guevara, protagonistas de 'Por cien millones': "Podríamos haber empujado más hacia que nuestros personajes cayeran peor"

Los tres protagonizan la nueva ficción de Movistar Plus+, en la que interpretan a los tres mecánicos zaragozanos que en 1981 secuestraron al futbolista Quini

Raúl Arévalo, Vito Sanz y Gabriel Guevara protagonizan 'Por cien millones'
Raúl Arévalo, Vito Sanz y Gabriel Guevara protagonizan 'Por cien millones'Movistar Plus+

Conseguir que empaticemos con tres secuestradores no es sencillo. Menos aún si el caso que interpretan, como es el secuestro del futbolista Quini en 1981, es real. Si alguien puede hacer que esto suceda son Raúl Arévalo (Móstoles, 1979), Vito Sanz (Huesca, 1982) y Gabriel Guevara (Madrid, 2001). Los tres protagonizan «Por cien millones», la serie de Movistar Plus+ que relata este hecho, y han charlado con LA RAZÓN.

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¿Qué les interesó de un proyecto como este? ¿Conocían la historia?

Vito. Yo no la conocía, la verdad. Fui entrando en el proyecto a través del trabajo de investigación que había hecho Nacho —Nacho G. Velilla, creador de la serie—, que era muy amplio, y eso fue lo que me permitió entender bien el caso. Me interesó mucho descubrir cómo era aquel momento en España, cómo se vivió una historia así y de qué manera se resolvió. Entrar en el proyecto desde ese contexto fue muy estimulante.

Raúl. Yo sí conocía la historia. Me llamó Nacho para contarme el proyecto y me interesó enseguida.

Gabriel. Yo no la conocía en absoluto. Cuando me llamaron para hacer el casting no tenía ni idea del caso, pero la propuesta me llamó muchísimo la atención: interpretar a un secuestrador que secuestra a un futbolista del Barça tenía algo muy potente. Yo, además, soy muy futbolero y también me apetecía hacer un personaje distinto a los que había hecho hasta ahora. Hice prueba, igual que Vito, y la experiencia fue muy buena.

¿Qué creen que hace que, 45 años después, este caso siga teniendo interés?

Vito. Creo que hay historias que solo se pueden mirar con cierta distancia. El paso del tiempo permite entenderlas desde otro lugar, con más perspectiva. En este caso, además, hay algo muy interesante en volver a esa España y preguntarse cómo era entonces y qué ha cambiado hasta hoy. Son historias que forman parte de nuestra memoria y de nuestra identidad, y convertirlas en ficción también ayuda a pensarlas mejor: a entender de dónde venimos, cómo hemos llegado hasta aquí y qué dice todo eso de nosotros.

Gabriel. Y luego está el fútbol, claro, que también engancha a mucha gente. Hay generaciones más jóvenes que quizá se acercan por ahí, porque oyen “serie sobre un futbolista” y eso ya les despierta curiosidad. Pero además sirve para recuperar una historia real que mucha gente no conoce bien o recuerda de forma confusa. De hecho, hay quien todavía la asocia a ETA o al GRAPO, y la serie también ayuda a poner los hechos en su sitio y contar lo que ocurrió realmente.

Interpretan a los tres secuestradores, pero la serie no los presenta solo como villanos, sino que los mira desde la comedia. ¿Cómo ha sido encontrar ese equilibrio?

Vito. Ha sido una de las partes más delicadas. Teníamos que movernos entre la comedia y el drama sin banalizar nunca lo que significa un secuestro, porque estamos hablando de algo muy duro y, además, de un caso real. En los ensayos trabajamos mucho precisamente eso: ajustar el tono, probar, medir hasta dónde podíamos llevar ciertas cosas y cómo acercarnos a los personajes sin perder de vista la gravedad de lo que hacen.

Gabriel. Yo lo veo igual. Incluso creo que, en algún momento, podríamos haber empujado más hacia una parte más desagradable o más oscura de ellos, hacer que cayeran peor. Pero también entiendo perfectamente la decisión de humanizarlos. Al final, ya de por sí son personas que cometen un secuestro, así que la oscuridad está ahí. Por eso tiene sentido que la serie se interese más por su parte humana, por su entorno, por su familia y por las razones que los llevan a actuar así, en vez de subrayar solamente que son malos.

¿Han llegado en algún momento a entender las motivaciones de estos personajes?

Raúl.La desesperación económica se puede entender. Lo que no se puede entender es que den ese paso.

Dentro del secuestro, cada uno ocupa un lugar muy concreto. ¿Cómo entienden esa relación y qué aporta cada personaje?

Vito. Yo creo que lo interesante es que son tres perfiles muy distintos y precisamente por eso encajan dramáticamente. Se complementan y generan una dinámica muy rica. También es importante todo lo que aportan los personajes de su entorno, especialmente los femeninos, porque les dan contraste y, de alguna manera, los aterrizan. Aunque son personajes construidos desde la ficción, hay algo muy interesante en esas diferencias de edad, de carácter y de manera de afrontar la situación. Eso es lo que acaba dando vida al grupo.

En esa construcción pesa mucho también el contexto personal de cada uno. ¿Hasta qué punto creen que su entorno los empuja a hacer lo que hacen?

Raúl. Cada uno arrastra su propio problema: uno está pendiente de un embarazo, otro se enfrenta a un desahucio, otro necesita dinero de forma urgente…

Vito. Ahí se nota mucho el trabajo de guion. Se construye todo un contexto personal y familiar que ayuda a entender la presión bajo la que viven y que, dentro de la ficción, empuja a los personajes hacia delante. Eso añade tensión y hace que sus decisiones tengan un marco. No sé hasta qué punto todos esos detalles responden exactamente a la realidad, pero sí parece claro que los tres venían de situaciones económicas muy difíciles. Ahora bien, una cosa es comprender la precariedad y otra muy distinta justificar que alguien llegue a secuestrar a otra persona. El salto es enorme.

¿Cómo fue el trabajo a la hora de rodar con Agustín Otón, que interpreta a Quini?

Vito. Yo admiro muchísimo a Agustín. Su trabajo era especialmente difícil porque no solo interpretaba a un personaje, sino a una figura muy reconocible, muy presente todavía en el imaginario de mucha gente. Ahí se mueve en una línea muy fina. Además, la forma de rodarlo también tenía su complejidad, porque muchas escenas se planteaban con él dentro del zulo y nosotros dándole la réplica. Eso exige mucho, porque hay que construir la evolución emocional del personaje casi encerrado en ese espacio. Y creo que él lo hace muy bien: aporta el peso dramático que la serie necesita sin romper el tono. Hay comedia, sí, pero también se percibe el sufrimiento, y eso es muy difícil de sostener. Luego están el parecido, el acento… hace un trabajo fantástico.

Para terminar, me gustaría que definieran a sus personajes en pocas palabras: cuál es su papel dentro del grupo y cómo los describirían.

Raúl. Mi personaje se llama Alfonso y es, en teoría, la cabeza pensante del secuestro, aunque, más que una cabeza pensante, es una cabeza malpensante. Tiene malas intenciones, quiere llevar la voz cantante, pero luego es bastante torpe a la hora de ejecutar las cosas.

Vito. El mío es Jorge, un mecánico que sería el manitas del grupo, aunque tampoco demasiado brillante. Es de esos personajes en los que la torpeza y cierta estupidez pesan casi tanto como la función que cumple dentro del plan.

Gabriel. Mi personaje es Salva, un chico de barrio que quiere salir adelante rápido, ganar dinero y buscar una salida fácil. En él también hay una cuestión de clase muy clara: esa aspiración al lujo, a aparentar, a tener una vida mejor, que muchas veces aparece en entornos humildes. Es un personaje muy impulsivo, bastante torpe y con tendencia a soltar ideas sin medir del todo las consecuencias. De hecho, la idea de secuestrar a alguien sale de él casi como una ocurrencia dicha medio en broma, pero acaba convirtiéndose en algo real.