
Estreno
El turno de pesadilla de los 50 de Fukushima
Movistar Plus+ estrena este documental con los testimonios de los ingenieros que permanecieron en la central nuclear japonesa

El 11 de marzo de 2011, el pueblo de Futaba presenció aterrado cómo sonaban las alarmas de radiación en la cercana central nuclear de Fukushima, operada por Tepco. El terremoto y el posterior tsunami acabaron con la vida de cerca de 20.000 personas, provocaron daños multimillonarios y dejaron a más de 25.000 personas sin poder regresar nunca a sus hogares.
Fukushima: una pesadilla nuclear es el documental que estrena Movistar Plus+, con los testimonios de algunos de los principales protagonistas de una catástrofe que pudo tener un alcance aún mayor. La pieza mezcla material de archivo con los relatos de supervivientes, así como de ingenieros, técnicos, soldados, bomberos y altos funcionarios gubernamentales que lucharon contrarreloj para contener la crisis.
Dirigido por el cineasta británico James Jones y la codirectora japonesa Megumi Inman, el documental arranca con una paradoja: que en Japón, un país tan marcado por la energía nuclear y sus consecuencias, se alabara públicamente esta fuente de energía cantando sus beneficios. En la serie animada Astro Boy de 1963, por ejemplo, la energía nuclear era presentada como «digna de confianza y buena».
Pero todo cambió aquel 11 de marzo, como muestra el documental con decenas de imágenes de los movimientos sísmicos que precedieron a la catástrofe. La producción retrocede primero a los antecedentes históricos, con las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki durante la Segunda Guerra Mundial. Después recuerda que en 1967 comenzó la construcción de la central de Fukushima, que contaba con un dique de diez metros de altura para contener la fuerza del mar en caso de olas gigantes.
Uno de los testimonios más cercanos a los hechos es el del ingeniero japonés Ikuo Izawa, natural de Futaba, que comenzó a trabajar en las instalaciones con solo 19 años. Reconoce que la construcción de Fukushima «transformó nuestra tranquila ciudad», dotándola de nuevas instalaciones deportivas y escuelas. Pero también advierte: «Tepco no siempre fue honesta».
El documental vuelve entonces a la cronología original, con el 11 de marzo marcado en rojo en el calendario. «Era un día totalmente normal», recuerdan, con unas 6.000 personas trabajando en la central. Entre ellas estaba incluso el estadounidense Carl Pillitteri, técnico de mantenimiento de General Electric, que había recalado en Fukushima por su parecido con otra infraestructura similar en la que había trabajado.
Las imágenes recorren Japón, desde la costa hasta el mismísimo Parlamento, para narrar el horror de aquellos días. Las tomas aéreas del tsunami arrasando los campos resultan impresionantes y transmiten la magnitud de la devastación. «Parecía el fin del mundo», dicen los testigos.
Después, la sucesión de explosiones en reactores sin agua suficiente para refrigerar el material nuclear puso al país en una situación extremadamente peligrosa. Es ahí donde el documental pone el foco en los valientes «50 de Fukushima», que en realidad eran 69, y que se mantuvieron firmes cuando todo invitaba a huir.
Quizá el testimonio más realista y crudo, porque incluye también los fallos humanos de Tepco y del Gobierno japonés, sea el del periodista de The New York Times, Martin Fackler. «Fuimos al norte, donde había más daños, y aquello fue como entrar en el infierno», explica. Y remata: «O escapas a tiempo o mueres».
Los días posteriores y las situaciones que estuvieron a punto de hacer inhabitable la parte norte de Japón se suceden en orden cronológico, con los relatos de Izawa y de otro ingeniero, Katsuaki Hirano. Entre ambos narran episodios como el uso de diez baterías de coche conectadas en serie para alimentar los paneles de la central; el escuadrón de jóvenes «suicidas» dispuesto a ventear manualmente los gases radiactivos; la negativa a aceptar ayuda estadounidense; la sensación de que Tepco había perdido toda esperanza; y las sugerencias de que los mayores de 60 años se sacrificaran por los demás.
El documental hace un buen trabajo al identificar a las víctimas y reconstruir el caos de aquellos días, aunque habría sido deseable que profundizara más en las responsabilidades y los culpables de una tragedia de semejante magnitud.
✕
Accede a tu cuenta para comentar


