
Estreno
«The Pitt»: feliz 4 de julio en «la fosa»
►HBO Max estrena hoy la segunda temporada de la serie elegida como una de las mejores del año pasado, que vuelve y vuelve

Han pasado 10 meses desde que el tiroteo masivo de Pittsburgh casi acaba con el departamento de urgencias del hospital de Trauma protagonista de la serie «The Pitt». En este tiempo, la serie de HBO Max creada por R. Scott Gemmill y protagonizada por Noah Wyle, entre muchos otros, ha conseguido cinco premios Emmy, podría hacer historia en los Globos de Oro de esta noche y ya ha sido renovada por una tercera temporada. La plataforma acaba de lanzar la segunda entrega, solo unos días antes de la noche de los premios, confiando en llevarse la estatuilla a la sala de médicos del hospital.
En la segunda entrega asistimos a otros 15 capítulos, cada uno una hora del servicio en las urgencias del Pittsburgh Trauma Medical Hospital. En estos diez meses, los estudiantes más reseñables se han convertido en residentes a las órdenes del doctor Michael «Robby» Robinavitch (Wyle). Veremos en acción a la doctora Mel (Taylor Dearden), la doctora Santos (Isa Briones), el doctor Whitaker (Gerran Howell), la doctora Mohan (Supriya Ganesh) y la doctora Javadi (Shabana Aseez). Todos ellos ya han asimilado que trabajan en uno de los pozos del infierno y su destreza casi consigue manejar el caos. Para ayudarles, siguen en plantilla la omnipresente Princess (Kristin Villanueva), primer filtro en la sala junto a Perlah (Amielynn Abellera); siguen en turno el Dr. Shen (Ken Kirby), la cirujana doctora García (Alexandra Metz) y una de las favoritas, la doctora McKay (Fiona Dourif). Además del intermitente y combatiente doctor Abbot (Shawn Hatosy en un papel a medida), que es el contrapunto de Robby y, a veces, su bálsamo. La temporada comienza a las 7 am, con Robby llegando al hospital sin casco en su moto, lo que provocará durante toda la jornada reproches de sus compañeros. Así empieza la jornada de urgencias en el 4 de julio, festividad en Estados Unidos y llena de accidentes relacionados con las fiestas, el alcohol y los fuegos artificiales. El comienzo de la serie siempre es un poco más suave mientras nos ponemos al día con pacientes y personal del hospital. Como siempre, la sala de espera de urgencias está a rebosar de gente herida, enferma y con un calor insoportable. Lupe (Tracy Vilar) sigue cribando pacientes hacia el interior. Pronto nos enteramos de que Robby va a tomarse tres meses sabáticos recorriendo Alberta en su moto. Para intentar paliar su ausencia, la dirección del hospital contrata a un nuevo personaje, la doctora Baran Al-Hashimi (Sepideh Moafi). Pero no se limitará a observar, sino que rivaliza con el poder de nuestro médico favorito y empieza a dar visos de intentar modernizar y mejorar el servicio con un seguimiento más cercano del paciente y el uso de la IA para ahorrar tiempo en los diferenciales y los informes. Los encuentros y desencuentros entre Robby y la nueva doctora serán centrales esta temporada.
Pero todavía hay dos personajes que vuelven para algarabía de los espectadores. El primero es el denostado doctor Langdon (Patrick Ball), que, tras confesar que sustraía medicación opioide de los pacientes del hospital, y tras enfrentarse con su jefe, lleva diez meses de rehabilitación y pide perdón a todos los que causó problemas, pero sin que eso suponga el más mínimo gesto de Robinavitch. Y la segunda estrella en volver, a pesar de que haber sufrido una agresión en la pasada temporada por parte de un paciente la hizo repensarse su vocación, es el alma de las urgencias, la jefa de enfermeras Dana Evans, interpretada por la ganadora del Emmy Katherine LaNasa. Siempre calculadora, amable, rebelde y admirada, en esta segunda temporada tiene su máximo apogeo en un caso de violencia sexual.
La serie vuelve por sus fueros con los temas más importantes para los guionistas y los actores, siempre asesorados por médicos de verdad. La situación de la medicina americana, la salud mental, la violencia sexual, el cáncer, el fentanilo, los derechos trans, todo porque los guionistas consideran con acierto que el hospital es un «microcosmos; una representación de la clase socioeconómica existente». Cada detalle de cada paciente está cuidado al detalle con secundarios de lujo como Michael Nouri, y pacientes habituales como Louie (Ernest Harden), que incluso llega a decir con palabras lo que muchos se plantean del porqué estas personas siguen con su trabajo: «¿Así es como funciona? Crees que las cosas son importantes; que todo es tan importante. Y terminas aquí y ves...». Pero es una jornada dura, muy dura; ya lo avisa Robby en un caso: «Las botas, chicos, va a haber mucha sangre». El espectador notará los latidos del corazón en la boca con cada entrada en una sala de trauma y empatizará con médicos, enfermeras y pacientes, sabiendo incluso que alguno no saldrá de las urgencias. Pero sí está permitido pensar como el doctor Robby: «Tenía que haberlo dejado ayer». Pero no lo hicieron y damos gracias.
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