A mi bola

Este blog es el fiel reflejo de mi personalidad. Ni más ni menos. Porque nadie dicta lo que pasa por tu cabeza yo hablaré de lo primero que se pase por la mía. ¿Y eso es bueno o malo? Ni idea.

  • Dicen que una imagen vale más que mil palabras. Éste es sólo un ejemplo del aspecto que tienen las muñecas y de para qué han sido diseñadas
    Dicen que una imagen vale más que mil palabras. Éste es sólo un ejemplo del aspecto que tienen las muñecas y de para qué han sido diseñadas

Sexo con niñas de plástico. ¿Aberración o negocio?

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Sobre el autor

Maribel Casado

Periodista de vocación y madre en la vida. De becaria de sucesos a redactora en la arena política y, entre medias, veinte años de vivencias. Ahora estoy inmersa en la edición digital de La Razón y esto promete.

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Hace unos días flipé con un sitio llamado «Lumi Dolls». Seguro que muchos sabéis de qué hablo, pero por si las moscas os diré que es un burdel en el que las prostitutas son muñecas sexuales y de apariencia real, muy real. Lo de flipar no es por la noticia sino por cómo son estas muñecas. Las hay para todos los gustos, a cual más sugerente, y se llaman Katy, Leiza, Lily y Aki.

Cada una tiene su ficha personal y su tarifa. Y por si tienes alguna duda de sus «capacidades», te aclaran que «al igual que todas las mujeres, cuentan con cavidad oral, vaginal y anal» y que están diseñadas para que el cliente «cumpla todas sus fantasías sin ningún límite». ¡Qué miedito!

Seguro que ya has pensado ¿Cuatro tías para tanto maromo? No pasa nada. Si eres de los «asquerositos» que sepas que son muy aseadas. Las «lumi dolls» son correctamente desinfectadas con jabones especiales antibacterias, antes y después de cada servicio. Y puedes ir solo, sola o en pareja. A ellas les da igual.

Tendrá éxito seguro, no hay más que ver a alguna de las muñecas. Pero lo de que esto acabará con la prostitución y la trata de blancas, sinceramente, es absurdo. ¿Que reducirá el problema de la explotación sexual? Tampoco. Se trata de problemas de fondo y un burdel con cuatro muñecas de plástico no son la panacea.

Y en éstas andaba yo, tratando el tema en plan irónico (como acostumbro), cuando veo la siguiente noticia: «Las autoridades noruegas alertan del aumento de incautaciones de muñecas sexuales con apariencia de menores de entre 4 y 10 años».

Sexo con niñas de plástico. ¿Aberración o negocio?

Se llaman «pedo-dolls» o, lo que es lo mismo, muñecas para pedófilos. Imitan el cuerpo de niñas que ni siquiera han llegado a la pubertad o el de niños ya con sus atributos masculinos. Claramente este «juguete», que no es ilegal, está pensado para los pederastas. Y es muy raro que un país penalice «las representaciones que sexualizan a los niños», como Noruega, por lo que su comercio se extiende por todo el mundo.

Es aberrante que esto se «normalice», que la gente diga que prefiere que un pederasta se tire a una muñeca que a una niña de verdad... ¿Quién te dice que al probarlo no provocará el efecto contrario?, ¿de verdad piensa que un pederasta va a frenar sus instintos porque tenga una muñeca?. Sólo pensar que un tipejo japonés hace negocio con ello impunemente me parece nauseabundo. Hay que proteger a la infancia y defenderla ante cualquier amenaza o sombra de amenaza. Y normalizar que un señor se sobrepase con una muñeca mientras piensa que es una niña es incomprensible. Ni con muñecas ni con niñas. Ni con muñecos ni con niños. ¿Hay alguien que pueda decir que la imagen de arriba no le provoca desasosiego?

Es triste pensar que han tenido que pasar diez años para que salten las alarmas. Sí, diez, porque la empresa que las fabrica lleva ya una década abasteciendo a pedófilos. Su fundador ha llegado a decir que lo único que hace es ayudar a sus clientes a expresar sus deseos «legal y éticamente». Lo de legal puede colar, lo de ético, ni por asomo. Y encima dice que recibe cartas en las que le dan las gracias porque «les sirven para no cometer delitos sexuales». Sólo por eso ya tendrían que estar en la cárcel. Ellos y él.

Y es que, aunque en algunos casos se pueda reducir su frustración, como alegan los psicólogos, en otras lo que provoca es justo el efecto contrario. Y son los mismos psicólogos los que advierten de que estos sustitutivos pueden llegar incluso a «agravar su frustración». ¿Qué hacemos entonces, nos la jugamos y que haya suerte?  

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