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Economía

«Blesa no salía a la calle porque le abucheaban»

  • Su círculo cercano asegura que «desde hace años no salía prácticamente de casa, no quería que nadie le viese».

Preferentistas se manifiestan en la Audiencia Nacional el día de la declaración del ex presidente en 2014
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Quizá en alguna ocasión Miguel Blesa se haya arrepentido de aquellas veladas en el Club de Golf de la Toja, cuando aún era anónimo y podía afirmar entre amigos que él antes que ministro prefería dedicarse a la Banca, que le atraía más. Lo consiguió, hasta el punto de que tocó lo más alto, posición y reconocimiento, el único modo de poder ser después el principal objetivo del escarnio social.

A sus 69 años, podía llevarlo con serenidad. Poco a poco fue adaptándose a su nuevo estilo de vida, acompañado por su mujer, Gema Gámez, y su hija, María Jesús, fruto del primer matrimonio con María José Portela. Ya no se le veía en lugares públicos, se adaptó a moverse por el micro mundo de amigos que le ofrecían su casa o su finca para pasar un buen rato entre gente de confianza. Por eso, la noticia de que ayer el ex presidente de Caja Madrid podía haber tomado la decisión de quitarse la vida dejó en estado de «shock» a sus más allegados. «Estaba preocupado por su situación, pero no deprimido», cuenta un íntimo que prefiere mantenerse en el anonimato. «Estuve con él hace casi dos semanas y lo vi tranquilo, dudo mucho que haya sido un suicidio». Su familia y su círculo, ante la incredulidad de lo sucedido, se aferran a la posibilidad de que el suceso del miércoles por la mañana en la finca Puerto del Toro, en Córdoba, fuera un accidente y que el inspector de Hacienda no buscara con la excusa de mover el coche y ponerlo a la sombra para coger el rifle y quitarse la vida con un disparo en el corazón. «No quería llamar la atención, desde hace años no salía prácticamente de su casa, no quería que nadie le viese».

En su nuevo estilo de vida, Blesa se entregó a una de sus pasiones, la fotografía. «Le encantaba no sólo hacerlas, si no también documentarse y seguir aprendiendo la técnica». Cuando estaba en ese micro mundo, los temas que fluían no entendían de tarjetas black, si no de las conversaciones que suele tener un grupo de amistades. «Ya sé que la situación y los medios han creado un personaje a su medida de lo que era Blesa, pero era una persona normal». Muy familiar, le gustaba tratar también con los hijos de sus amigos, con los que «era súper cariñoso, al igual que su mujer, les gustaba pasar tiempo con la gente joven». Como con su hija, casada y madre de dos hijos, y que, según afirman, iba a hacer a Blesa abuelo por tercera vez. Otra de sus grandes aficiones era la literatura. «Leía muchísimo, era una persona muy culta, tanto novela histórica como ficción».

Pero donde se encontraba realmente a gusto era entre jaras y encinas. La finca El Puerto del Toro, en Córdoba, donde llegó pasada la noche del martes, a las dos de la madrugada, era uno de sus habituales destinos dada su amistad con los gestores del campo, Fermín Gallardo y Rafael Alcaide, propiedad de la compañía inmobiliaria Prasa. Allí, entre las casi 2.000 hectáreas de la finca de Sierra Morena, casi en la provincia de Ciudad Real, lejos de la mirada acusadora de la capital, podía relajarse y disfrutar de una de sus mayores aficiones, la caza. «Era un gran montero», asegura uno de sus amigos del mundo cinegético. «Le gustaba todo: la espera, el rececho...». Siempre caza mayor, la finca cordobesa es un buen destino si se quiere abatir corzo, jabalí o venado. Según cuentan, no solía viajar con armas en el coche, si no que las tenía en la finca.

Devoto de la buena conversación. Lo habitual es que la montería se celebre el sábado, y Blesa, como el resto de los cazadores, acostumbraba a ir la noche anterior para cenar en la casa y después tomar una copa. «Socialmente era muy correcto, pero también muy cauto si no te conocía. Era más de ‘petit comité’. Y un bebedor moderado. Al ex presidente de la administración de la Caja madrileña no le gustaba trasnochar si luego había montería... Y si había que disfrutar de unas buenas migas durante el desayuno. «Lo que no perdonaba era un buen puro después de las comidas, siempre traía y compartía con los demás».

También era coqueto. «Iba de punta en blanco. No perdonaba los pantalones de caza por las rodillas con los «britches» a los lados».

Nacido en Linares, su afición por el campo la aprendió en Jaén. Creció en una familia de clara tendencia conservadora, y se licenció en Derecho por la universidad de Granada. Al término decidió opositar para el Cuerpo de Inspectores de Hacienda, y fue allí cuando conoció al que fuera presidente del Gobierno y su valedor profesional, José María Aznar.

Hacía mucha «piña» con el matrimonio, y su primera mujer acabó siendo muy amiga de la ex alcaldesa Ana Botella, por lo que los inicios de su relación con Gámez fueron difíciles, a la que conoció cuando ella trabajaba en el Departamento de Mercado de Capitales de Caja Madrid, y con la que terminó contrayendo matrimonio en 2013.

Lejos quedan ya aquellas tardes en el club de la Toja, en el que un ascendente inspector de Hacienda se codeaba con el entonces gobernador del Banco de España, Mariano Rubio, y con el ex consejero delegado del Banco Pastor, Guillermo de la Dehesa.

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