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NIIF 16, la revolución de los balances de las empresas

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Pablo García Estévez*.  Madrid.

Tiempo de lectura 5 min.

23 de octubre de 2017. 12:04h

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Pablo García Estévez*.  Madrid. 23/10/2017

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La próxima aplicación de la NIIF/IFRS 16, las nuevas normas internacionales de información financiera, el 1 de enero de 2019, está llamada a revolucionar los balances de las empresas, pues modifica la manera que éstas tratan a los arrendamientos. Como es sabido, es una práctica habitual entre las empresas de muchos sectores el alquiler de los activos, en vez de comprarlas. Un caso significativo es el de las aerolíneas, cuyos aviones, en una gran parte, están arrendados en vez de comprados. Las ventajas de estas prácticas son evidentes, pues la empresa mejora las ratios de rentabilidad operativa. Consiguen el mismo beneficio que teniendo la propiedad de los activos, pero con la ventaja de que en su balance no aparecen ni los activos, ni las deudas

Hasta la fecha, la contabilidad diferenciaba entre los arrendamientos operativos y los financieros. En los primeros no era obligatorio reconocer los costes de arrendamientos futuros, aunque se informaba en la memoria. Pero ahora, todo esto cambia con la NIIF 16 que obliga a las empresas a reconocer los arrendamientos en el balance. En otras palabras, de acuerdo con los nuevos requisitos contables, se elimina la diferenciación entre el arrendamiento operativo y el financiero de forma que, todos los contratos se van a reconocer de una forma muy similar a la que actualmente se desarrolla en la NIC 17 para los arrendamientos financieros. Según la norma, en la fecha en el que comience el contrato de arrendamiento se debe calcular el valor presente de los pagos futuros al tipo de interés implícito en el contrato de arrendamiento. Las empresas deberán, al firmar un contrato, determinar qué tipo de arrendamiento es. Para esto, se considerará arrendamiento siempre y cuando a cambio de un pago, se transmita el derecho a controlar el uso del activo en cuestión. Por lo tanto, el concepto de control es la clave para incluir el activo en el balance.

Desde un punto de vista financiero, este cambio no es inocuo, pues alterará tanto los balances como las cuentas de pérdidas y ganancias de las empresas. Una compañía aérea deberá anotar en el activo del balance los derechos de uso del avión, contra un pasivo que será un reconocimiento de deuda que representa la obligación de efectuar pagos que satisfagan el arrendamiento (proveedores de inmovilizado a largo plazo). Una empresa que realice una operación de arrendamiento operativo verá como los activos se incluirán en el balance, pero también verá cómo aparecerá una cuenta en el pasivo.

Pero la cosa no termina aquí: también se modificará su tratamiento en la cuenta de pérdidas y ganancias. Hasta ahora solo se anotaba el gasto de arrendamiento del activo. Ahora este arrendamiento se divide entre la amortización del activo y los intereses relacionados con el arrendamiento, que pasan a estar debajo del Ebit. De esta manera, el Ebitda crecerá por la cuantía del arrendamiento, mientras que el Ebit sólo crecerá por los intereses de los arrendamientos.

¿A qué métricas afectará?

El rendimiento económico o ROA, quedará afectado. Recordemos que el ROA es el cociente del beneficio antes de intereses e impuestos (Ebit) entre los activos. El Ebit crece sólo por los intereses, mientras que los activos se ven incrementados por el valor del activo arrendado. Esto significa que el ROA caerá. ¿En cuánto? Dependerá del valor del activo y de desagregación de los arrendamientos en amortización e intereses.

La ratio de endeudamiento no cambiará, pues sube tanto la deuda como los activos, aunque en ciertas circunstancias sí puede subir. Lo que sí que cambiará será la ratio de apalancamiento financiero, que se calcula como deuda dividido entre los recursos propios. El incremento de la deuda provocará un aumento de esta ratio. Y esto tendrá consecuencias, por ejemplo, en el cumplimiento de los «covenants» de la deuda.

La ratio de apalancamiento es profusamente utilizada para la valoración de las empresas. En este ámbito, cuanto más apalancamiento, más riesgo y, por lo tanto, una mayor rentabilidad exigida a las acciones de la empresa. Todo esto se traduce en un mayor coste de las acciones de la empresa. Además, si la se valora la empresa por multiplicadores, el aumento del Ebitda, generará una distorsión del valor.

La ratio de cobertura se modifica ligeramente; ésta mide las veces que el Ebit es más grande que los intereses. El incremento en el Ebit es proporcionalmente menor que el incremento de los intereses y provocará que esta ratio caiga ligeramente.

Otra de las ratios modificadas será la de la calidad de la deuda, que consiste en la división de la deuda a largo plazo entre la de corto plazo. Su aumento a largo plazo prooiciará una mejora en esta ratio.

Por último, la ratio de rotación de activos empeorará pues el numerador, las ventas, no se verá afectado mientras que el denominador, los activos sí, incrementándose. Esto provocará una caída de la eficiencia de los activos.

En definitiva, las empresas estarán más apalancadas, tendrán menos rentabilidad operativa y empeorarán sus ratios de cobertura y de rotación de activos. A cambio ofrecerán una mejor ratio de calidad de la deuda. El objetivo de esta norma es aflorar los contratos de arrendamiento que las empresas tienen fuera de balance y que, se estima que superan los 1,25 billones de dólares. Esta regulación tendrá una gran repercusión. En nuestro país afectará, principalmente, a las grandes empresas. En 2010, Banco Santander, BBVA, Telefónica, Iberia, Repsol, NH Hoteles y El Corte Inglés presentaron alegaciones para frenar la norma. Pero en 2016 la IASB desestimó la petición y marcó un proceso de adaptación hasta 2019, momento en que la norma empezará a aplicarse. Cuando entre en vigor, algunas empresas tratarán de ajustar las cifras de los ejercicios anteriores a la entrada en vigor de la norma.

Habrá sectores de la economía en los que el balance se incrementará significativamente (compañías aéreas, empresas hoteleras, empresas de telecomunicaciones, etc.) y otros sectores que se verán menos afectados. Básicamente, aparecerán más endeudadas.

Las empresas deberán hacer una labor de divulgación entre todos los implicados, para explicarles cómo se verá alterado su balance a partir de enero de 2019, so pena de encontrarse con una realidad que le puede traer problemas.

*Profesor de Finanzas de CUNEF

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