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Lo que España debe hacer por Luis de Guindos

Tiempo de lectura 4 min.

18 de septiembre de 2011. 03:53h

Comentada
18/9/2011

Vivimos una crisis económica que ya dura cuatro años, extremadamente compleja, profunda y de carácter internacional. Su más reciente expresión es una desaceleración de la actividad, sincronizada y global, que afecta prácticamente a todas las zonas del mundo. Incluso en algunas de ellas se habla de recesión y vuelven a surgir dudas sobre la liquidez e incluso la solvencia de las instituciones bancarias. Todo ello agravado por un nuevo estallido de la crisis de la deuda periférica en la UM. En resumidas cuentas, la crisis nos recuerda continuamente su origen; un exceso de endeudamiento, una burbuja de precios inmobiliarios y problemas de solvencia en los balances bancarios. Esta naturaleza ha llevado a que la crisis actual sea más profunda y su salida más frágil y titubeante que en recesiones previas.
España y sus problemas
La economía española ha sido especialmente vulnerable a la crisis económica global y a las turbulencias de los mercados financieros. Esto es así porque nuestro país acumuló importantes desequilibrios antes de su inicio, como por ejemplo, un déficit externo muy elevado, un crecimiento del crédito doméstico excesivo, una burbuja inmobiliaria de las más importantes de la OCDE y una pérdida de competitividad que dificultaba la capacidad de las empresas españolas para ganar cuota de mercado en el exterior. Además, la respuesta del Gobierno ante la crisis en un primer momento fue claramente incorrecta. Se pensó que con una expansión fiscal y un aumento del gasto público y sin necesidad de reformas estructurales podría evitarse el contagio y que España tendría capacidad para capear el temporal. Este error de diagnóstico, el retraso en el reconocimiento de la profundidad de la crisis y la puesta en marcha de una estrategia de política económica equivocada han llevado a que España se convierta en el país que más deterioro ha sufrido desde el punto de vista del empleo y que además en el ámbito financiero seamos muy vulnerables a las turbulencias externas.
Para hacer frente a los problemas y desequilibrios que deprimen a la economía española, hace falta un nuevo rumbo y un nuevo tono en la política económica. El cambio imprescindible no debe únicamente circunscribirse a las recetas a aplicar, sino que debe partir de una mayor convicción del futuro gobierno respecto a la necesidad de su implementación. España tiene problemas evidentes y profundos en el ámbito fiscal, financiero y laboral, pero tal vez el peor obstáculo con el que nos encontramos es la falta de confianza de nosotros mismos respecto a nuestras posibilidades de recuperación, y de los mercados de capitales internacionales en relación a nuestra capacidad para aplicar la política correcta.
La primera misión del nuevo gobierno debería ser mostrar esa convicción. Tras un diagnóstico adecuado sobre nuestras necesidades y tras elaborar y hacer público un plan integral de política económica, el objetivo fundamental debería ser atacar la desconfianza que actualmente rodea a todo lo que se refiere a España. El plan de política económica, en mi opinión, debería basarse en dos pilares: austeridad en las finanzas públicas por un lado, y por otro, reformas en los mercados que nos ayuden a crecer, crear empleo y regenerar el tejido empresarial.
En última instancia, sin embargo, lo fundamental puede que no sean tanto las medidas concretas que deben tomarse sino la convicción del nuevo gobierno en la capacidad de la economía española para volver a la senda del crecimiento y hacer frente a nuestros compromisos con el exterior. Es por ello que un nuevo ejecutivo resulta imprescindible, para así convertir a España en un país que contribuye a la solución de los problemas europeos y que no forma parte de ellos.


Luis de Guindos
Dir. IE Business School

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