lunes, 29 mayo 2017
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Manuel Rebollo: «En los barcos de la Armada se come demasiado bien»

Un marino a 300 kilómetros del mar podría sentirse raro. Pero no éste. El jefe de Estado Mayor de la Armada camina seguro, un paso por delante del resto, nunca baja la mirada y su sonrisa es franca como el horizonte. Tiene 46 años de mar a sus espaldas y miles de hombres en la cabeza.
-Iba a empezar por Cristiano Ronaldo.
-Puede, pero prefiero hablar del Barça.
-Pues ser del Barça e ir siempre vestido de blanco tiene su guasa...
-Bueno, en invierno vamos de azul.
-¿No se siente raro en Madrid?
-Si fuera alférez de navío sí estaría como un pulpo en un garaje, pero a medida que asumes responsabilidades, Madrid es uno de los principales puertos de la Armada.
-Cuando quiere evadirse, ¿qué hace?,¿baja al Museo Naval?
-No tanto como quisiera. Es uno de los grandes museos de Madrid y desafortunadamente uno de los más desconocidos.
–Pocos saben que tiene el mapa de Juan de la Cosa, el primero con el Nuevo Mundo.
-No tanto como sería deseable.
-También es verdad que no mucha gente sabe quién era Juan de la Cosa.
-Estudiar historia es una de las aficiones que adquiere uno con los años. La juventud tiene otras cosas en que pensar. Pero la historia naval española está llena de grandes figuras que son grandes desconocidos.
-Parece que en España carecemos de héroes. Usted tiene claro que Blas de Lezo es una figura importante pero si sale a la calle el 90 por ciento no sabe quién era.
-Cierto. Quizá no hemos sabido difundir nuestra historia o no se haya enseñado.
-Claro, que si preguntas por un héroe en la calle te dirán que Casillas o Puyol...
-También son grandes héroes en su trabajo y eso no es negativo. La juventud tiene que tener ilusiones, y si éstas se las da una figura deportiva y ésa es española, como Nadal o la selección española, también es bueno.
-Usted es el único oficial que ha dado la vuelta al mundo navegando tres veces.
-La primera vez me tocó. Es un momento impactante para un joven, cuando sales de la escuela y te abres al mundo. Cuando quedamos a comer los que ingresamos en la escuela en el 69, siempre terminamos hablando del viaje en el Juan Sebastián Elcano. Los otros dos viajes los pedí, pero no sabía que iba a dar la vuelta al mundo.
-Pues con esa experiencia, cuando se retire, puede montar una agencia de viajes.
-No, en Elcano se viaja muy lento... yo he hecho navegaciones de 48 días en alta mar.
-¿Sin ver tierra?¿Eso no da vértigo?
–No tienes otra que aguantar. Eso sí, hubo que racionar el agua. Te ponías a ducharte, estabas enjabonado y había un señor que se ponía arriba y te cortaba el grifo. Había gente que, cuando llovía, salía a cubierta con el jabón Lagarto a fregarse. Entonces todo el mundo se quejaba, pero ahora es un recuerdo agradable. Los recuerdos de juventud siempre lo son porque en el fondo lo que recuerdas es lo joven que eras.
-Lo de una mujer en cada puerto es sólo cosa de piratas, ¿no?
-No sé si es de piratas, pero es una de las mayores falsedades que hay sobre la vida de un marino. A lo mejor a alguien le ha ocurrido, pero desde luego a mí no.
-Dicen que viajar abre mucho la mente.
-El otro día hice mi 34 aniversario de boda y mi mujer, que lleva muy contados los días que he estado navegando, decía que he pasado más de 13 años fuera. Viajar abre la mente, pero en la Armada no es ocio.
-¿Qué sensación le produce el mar?
-La inmensidad, la gran obra de la creación. Para los que somos creyentes es una prueba más de que todo ese orden que ves por la noche en la esfera celeste, esa infinitud, tiene que haber sido puesta por alguien.
-¿No le ha pasado nada raro en el mar?
-He visto el fuego de San Telmo. Más allá, anécdotas muchas. Me contaban que cuando en el Juan Sebastián Elcano llevaban animales vivos a bordo y se iba a sacrificar una vaca hacían una especie de sanfermín por el barco y una corrida de toros.
-Casi nadie sabe que Ferran Adrià estuvo en la Armada. ¿Ha influido algo en cómo se come ahora aquí?
-Hizo la mili en Cartagena y estuvo de pinche en Capitanía. Parte de lo que allí aprendiera le habrá servido luego, supongo. Aparte de eso, ahora se come de maravilla en los barcos. Me atrevería a decir que se come demasiado bien, porque se ve en cómo coge peso la gente, aunque se vigila mucho la obesidad.
-Si, como Adrià, deconstruye a un marino, ¿qué esencia queda?
-La vocación. Ahora no está de moda hablar de vocación, pero esta carrera es muy difícil vivirla sin eso. En la deconstrucción del marino lo primero que debemos buscar es un elemento de vocación.
-¿Cómo se educa a un hijo subido en un barco en el otro extremo del mundo?
-Con mis dos primeras hijas me comunicaba con casetes. Llegaba a un puerto y tenía una cinta donde mi mujer me grababa las voces de mis niñas. Luego grababa una cinta y se la enviaba. En mi época, hablábamos tres minutos cada quince días con la familia. Además, al ser en banda lateral era: «¿Cómo están los niños? cambio», «muy bien, cambio», y con todos los de la estación de radio presentes.
-Los nuevos buques tienen Play Station. ¿Cómo se entretenían en su época?
-Desde el parchís al mus, hasta la tremenda revolución del vídeo. Mucho antes teníamos el cine de 16 milímetros, aunque se llevaban pocas películas porque eran carísimas. La misma se ponía cinco o seis veces en un crucero. Al fresquito de la noche en cubierta se ponía un auténtico bodrio pero lo pasábamos de maravilla.
-Todo hombres, claro. ¿Ha supuesto una revolución la entrada de la mujer?
-No, la transición del modelo de mili obligatoria a las Fuerzas Armadas profesionales ha sido muy fácil. La mujer ha sido una consecuencia, un fenómeno natural.
-Son buenas marinas?
-Sí, y yo no me querría morir sin ver una mujer almirante.
-La igualdad se da aquí más que en ningún sitio; un capitán de navío es un capitán de navío sea hombre o mujer...
-...y la gente que le tiene que obedecer va a obedecer igual. Aquí la igualdad es total. Eres lo que haces y no lo que pareces.
-¿Cómo le explica a un hombre que vive en Madrid que el trabajo de un marino es fundamental para su día a día?
-Muy simple. El 90 por ciento de los productos energéticos que España consume entran por mar. Si ese chorro de productos energéticos se cortara, el país se resquebraja.
-Ahora les toca buscar tesoros...
-Es una labor que tenemos que empezar con los medios que tenemos, ver los archivos, localizar los pecios y luego...
-Que no aparezca Odyssey...
-Malos siempre va a haber.
-Estar toda la vida mandado por hombres y cuando llega a lo más alto que le mande una mujer, ¿cómo sienta?
-Es indiferente quién ejerce el mando. Lo que importa es cómo y en ese sentido no he notado ninguna diferencia.
-¿Ha tomado alguna vez biodramina?
-Sí. El marino que diga que no le importa el estado de la mar miente como un bellaco.
-De vacaciones, ¿al mar o a la montaña?
-Alterno. He estado veinte años pasando al menos una semana en la montaña, donde no se veía costa por ningún lado.
-¿Para desconectar de su trabajo?
-Sí. Soy de los que piensan que ver una vaca pastando relaja mucho. Sobre todo si has estado viendo agua toda tu vida.
 

Marinero con los pies en la tierra
El jefe de Estado Mayor de la Armada se metió a marinero con diecisiete años de tanto ver el mar enfrente de su casa, en Alicante. Y poco a poco llegó a lo más alto en una de las mejores marinas europeas, «por el efecto mariposa, o qué se yo». ¿Y con esfuerzo? «Claro, sin esfuerzo no se consigue nada», sentencia. En su despacho suena discretamente música clásica. Tras la ventana, al otro lado de la calle, tiene a Gallardón, pero no le saluda, dice, porque «no nos vemos». Habla de su profesión con fervor, y del mar con respeto y un punto de melancolía apenas perceptible en un rostro imperturbable. Y de sus mujeres, las de los marinos, con admiración: «Si no tienen un monumento, desde luego habría que hacérselo». Eso sí, lo de una mujer en cada puerto es mentira.
 

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