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Merkel convence al SPD para reeditar la Gran Coalición

La canciller y los socialdemócratas firman un preacuerdo de Gobierno para garantizar la estabilidad toda la legislatura y se marcan como gran objetivo el relanzamiento de la UE

  • Horst Seehofer, Angela Merkel y Martin Schulz, esta mañana
    Horst Seehofer, Angela Merkel y Martin Schulz, esta mañana / Reuters
Rubén G. Del Barrio. 

Tiempo de lectura 4 min.

13 de enero de 2018. 03:14h

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Rubén G. Del Barrio.  12/1/2018

Alemania volvió a salvar Europa. Y lo hizo salvándose a sí misma de una tesitura que de no haber sido exitosa hubiera sumido al país en una circunstancia que ni los más experimentados analistas fueron capaces de predecir. El bloque conservador liderado por la canciller y el Partido Socialdemócrata (SPD) de Martin Schulz dieron ayer un paso hacia adelante sobre el que negociar la formación de un gobierno estable en Alemania y evitar así la vuelta a los comicios. Junto a ellos avanzó toda Europa. Tras casi cuatro meses sin gobierno, los dirigentes de los principales partidos en negociación volvieron a sonreír. Sin euforia, pero con el ademán suficiente como para insuflar el optimismo suficiente a una sociedad que, acostumbrada a ser la proa del continente europeo, se contenía atónita ante la ineficiencia de una clase política incapaz de alcanzar un mínimo de puntos en común.

No obstante, y a pesar de este importante avance, Merkel y Schulz no se olvidan del mal resultado de las elecciones o las más que insalvables diferencias que, por aquel entonces, entonó la base socialdemócrata. Tras cinco días de negociaciones, el resultado es un documento aprobado por unanimidad que sin embargo constata que la parte más complicada está aún por llegar. Con todo, Merkel respiró con cierto alivio y en una comparecencia conjunta con Schulz y el presidente de la Unión Socialcristiana (CSU) de Baviera, Horst Seehofer, anunció que las tres formaciones recomendarán el inicio formal de negociaciones tras alcanzar un acuerdo «sólido», capaz de garantizar la «gobernabilidad del país» durante toda la legislatura.

Pero nada es aún definitivo. Por parte de los socialdemócratas, la decisión de entrar en un nuevo gobierno de coalición deberá recibir el visto bueno de los delegados del partido durante un congreso extraordinario previsto para el 21 de enero y cuyo desenlace es incierto. Después, si se logra el sí, comenzarán las negociaciones detalladas sobre un programa de coalición de tal forma que, en el mejor de los casos, el nuevo ejecutivo será investido a finales de marzo. La incertidumbre se diluye pero no desaparece. El documento de 28 páginas expone los principios sobre los cuales se sientan las bases de la alianza y que van desde la voluntad de fortalecer la Unión Europea (UE) a limitar la llegada de refugiados. Para los socialdemócratas era fundamental la política europea y Schulz, ex presidente del Parlamento Europeo, apostó por «un nuevo punto de partida para Europa» en respuesta a las propuestas de París y Bruselas. «Queremos fortalecer a la UE con una financiación con la que pueda llevar adelante sus objetivos», dice el texto que establece una base para impulsar las reformas propuestas por el presidente francés, Emmanuel Macron. En esta línea, el acuerdo propone «examinar» otras iniciativas de París como la creación de un presupuesto de la zona euro o de un ministro de Finanzas común, dando por hecho que Berlín contribuirá más al presupuesto común.

Otro de los principales puntos de discordia fue el tema de los refugiados. El SPD rechazaba la propuesta del bloque conservador de imponer un límite anual a la entrada de refugiados, pero finalmente dio su brazo a torcer y acordó limitarla anualmente a entre 180.000 y 220.000 personas. Las reagrupaciones familiares tampoco superarán las mil al año, y se endurecerán las condiciones.

Asimismo, los líderes pactaron no llevar a cabo ninguna subida de impuestos a pesar de que el SPD reclamaba un incremento del tipo impositivo más alto. También decidieron que la contribución a los seguros médicos públicos se divida a partes iguales entre el trabajador y la empresa. Unos acuerdos que, en su conjunto, reivindican a Merkel como una hábil negociadora al arrancar un preacuerdo al socialdemócrata Martin Schulz, quien deberá vencer el rechazo de parte de sus camaradas a un pacto arduo para que se materialice otra coalición. Schulz tiene poco que ofrecer, ya que no logró imponer el llamado «impuesto a los ricos», ni tampoco la subida de la tasa máxima a los ingresos altos o la reforma de un sistema sanitario más igualitario al que aspiraba. En su haber destaca el compromiso con la estabilidad de las pensiones, la mejora de las prestaciones mínimas o las inversiones millonarias en infraestructuras educativas y sanitarias. El nuevo Gobierno tendrá un cheque de unos 1,39 billones para redondear el estado de bienestar, lo que podría resucitar al SPD.

Por otro lado, el compromiso puede permitir a la primera economía europea salir de tres meses y medio de bloqueo político y a Merkle asegurar su supervivencia política. No obstante, no es suficiente para las juventudes socialdemócratas, que aseguraron que seguirán defendiendo el «no» a la gran coalición. «Todo este acuerdo suena a más de lo mismo», coincidió la copresidenta de Los Verdes, Katrin Göring-Eckardt, y, por su parte, el líder de los liberales, Christian Lindner, advirtió de que el pacto «no es lo suficientemente bueno para el futuro» de Alemania.

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