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Un Sónar de justicia

Justice y De la Soul despiden por todo lo alto un festival que ya prepara las celebraciones de su 25 aniversario

  • Justice fueron los cabezas de cartel de la última noche del Sónar
    Justice fueron los cabezas de cartel de la última noche del Sónar
Carlos Sala.  Barcelona.

Tiempo de lectura 2 min.

19 de junio de 2017. 09:24h

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Carlos Sala.  Barcelona. 19/6/2017

La noche del sábado el Sónar se despidió con dos grandes nombres propios, Justice y De la Soul, que no decepcionaron. Contraprogramados el uno contra el otro a la misma hora, las 30.000 personas tuvieron que tomar una difícil decisión, aunque los dos eran lo suuficientemente diferentes como para no dudar mucho. Los que prefirieran la electrónica sucia y efectista de los francese, ya sabían dónde estar. Los que preferían el hip hop clásico, «old school», alegre y «funkero» de De la Soul, pues también lo sabían. Al final, Justice ganó en respaldo popular, pero no con tanta ventaja como se podía esperar. Cualquiera que sólo viera uno de ellos, se perdió una gran demostración de sacar lo mejor de tus virtudes.

Se adelantaron Justice, con una espectacular puesta en escena, que marcaba a fuego la aspereza y rugosidad de sus «beats». Su sonido no ha evolucionado desde 2005 y a veces parece demasiado obstinado a parecerse a sí mismo, pero lo cierto es que el resultado final es contagioso y euforizante. Ni siquiera una desganada y confusa rendición de «We are your friends» deslució una actuación llena de músculo.

Lo mismo puede decirse de De la Soul. Pronto introdujo al público a un viaje en el tiempo a finales de los 80, cuando el hip hop todavía no había abierto todas las puertas y no era la fuerza creativa y libre que es hoy día. Ellos fueron los que abrieron una de esas puertas y el sábado demostraron por qué. El final fue apoteósico con la recuperación de sus grandes clásicos de aqeul «3 feet and rising» y el público puesto a sus pies.

Del resto de la noche destacó la nueva careta de Carl Craig, ahora en una versión más orgánica. Con la Versus Synthesizer Ensemble atrapó a todos desde el minuto uno con una demostración de cómo reimaginar la electrónica, limpiarla de toda oscuridad, y acercarla a un público más amplio con sintetizadores, melodías clavadas con fuego y ritmos que no te hacían bailar, sino volar directamente.

También estuvo bien la sensión de la francesa Clara 3.000, nuevo fenómeno de lo «cool» de la generación millenial. Lo suyo es apostar por la oscutridad, siempre seria, indiferente, como si nada le afectase. Pero lo hizo tan bien que al final acabó por escapársele una sonrisa ante el entusiasmo que generó en el público.

Antes, Cerrone se puso a pinchar los éxitos de sus eurodisco de aquellos 70 que hoy ya parecen prehistoria pura y dura de la electrónica. Acompañado por una vocalista rescató todos sus «hits» y consiguió que la gente se sintiera rara, fuera de lugar, pero les encantase por ello. La noche de conciertos la cerró unos Vitalic que crearon una «Guerra de las galaxias» visual con su tecno grueso que finalizó con su éxito «My friend Darius».

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