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«¡Es la política, estúpido!»

El fortísimo descontento popular con los partidos políticos expresado en las elecciones europeas de 2014 no ha hecho más que acentuarse en este primer «round» andaluz del combate electoral que se celebra en España en 2015. La gente está harta y así lo refleja sistemáticamente el CIS desde 2008: los españoles vemos la política y a los políticos como uno de los principales problemas del país. Y los partidos –con una ceguera no exenta de mezquindad– han hecho oídos sordos a este clamor, expresado electoralmente por segunda vez en las recientes elecciones al Parlamento de Andalucía. Los andaluces han hablado de nuevo, alto y claro, y se han dirigido con especial contundencia a Mariano Rajoy, principal responsable político de España, cuyo partido ha perdido medio millón de votos: no nos gusta lo que vemos, no nos basta lo que haces. Es inevitable recordar la expresión «it’s economy, stupid», que se hizo famosa en la campaña que llevó a la presidencia de Estados Unidos a Bill Clinton frente a un Bush que ofrecía más de lo mismo.

Para quien no quiera entenderlo será difícil distinguir ruido de las palabras, pero el rechazo hacia la forma distante de «gestionar» del Gobierno de Abogados del Estado que dirige Mariano Rajoy no puede ser más clara: los votantes le dicen que les importa poco que hayan hecho los deberes ante Europa y tengan sus mesas pulcras y ordenadas. Lo que la gente quiere es esperanza, ideas e ilusión. Puede que los políticos preocupados de las cifras económicas, y no de las personas, sean necesarios para que el país salga adelante. Pero los ciudadanos se sienten desatendidos, no escuchados (¿recuerdan a los frikis del «¡No nos representan!»?). La conclusión que saca la gente es obvia, aunque en muchos casos pueda no ser cierta: los partidos son una casta que se protege a sí misma y no atiende los problemas de la gente de a pie. Y por eso se ha producido el giro hacia nuevas formaciones políticas que focalizan su discurso en ese descontento y hacen propuestas que lo alivian.

El electorado del PP andaluz quedó muy tocado por el resultado de las elecciones autonómicas andaluzas de 2012: en las mejores condiciones para alcanzar el poder, con una campaña plana, el PP llegó a ser por primera vez la fuerza política más votada de Andalucía, pero eso no bastó para el cambio político en Andalucía. Muchos atribuyeron aquella estrategia electoral a Pedro Arriola, el sociólogo de cabecera de Rajoy.

Esta vez, el PP ha perdido más de un tercio de sus votos, a pesar de estar en la oposición y de haber tenido al frente de la Junta de Andalucía a un Gobierno de izquierdas acorralado por los casos de corrupción y por una pésima gestión que llevó, entre otras cosas, al adelanto electoral. La política es así, pero Mariano Rajoy lleva tres años al frente del Gobierno siguiendo las indicaciones del marido de Celia Villalobos como si fuera un oráculo. Los resultados electorales para el PP están a la vista.

Rajoy (Arriola) piensa que la economía es la única baza. Y es obvio que la gente quiere que mejoren el empleo y la situación económica: todos los partidos lo asumen incluso con «programas económicos» elaborados por expertos de campanillas. Pero la gente también quiere ilusión, propuestas políticas que supongan un cambio, más transparencia, elección directa de sus representantes, más rapidez en los juicios por corrupción, que los políticos cumplan sus promesas electorales... Eso es lo diferencial entre unos partidos y otros, y esto es lo que ha convertido a Podemos y a Ciudadanos en fuerzas políticas emergentes que ofrecen ilusión a los votantes.

¿Quién ha ganado las elecciones andaluzas? A pesar de haber bajado el suelo electoral del PSOE en Andalucía, no se puede decir que las haya perdido Susana Díaz, puesto que ha mantenido contra pronóstico su representación parlamentaria y ha recuperado la primera posición entre las fuerzas políticas anadaluzas. Las ha perdido evidentemente el PP, pero también IU y UPyD, que han estado más preocupados por el poder electoral que por los electores. Y las han ganado Podemos y Ciudadanos, que han estado atentos al clamor de la opinión pública. Ciertamente, ahora les toca demostrar que son de verdad algo nuevo. Pero de este primer asalto todos deben haber aprendido que, si no cambian, si quienes gobiernan no hacen política en vez de gestión y quienes están en la oposición no buscan acuerdos en favor de los ciudadanos en vez de controversia y ruido, en el próximo «round» del combate, el de las elecciones municipales de mayo, la caída será aún más dura y, en algunos casos, puede verse comprometida su misma continuidad en el mapa político.

*Catedrático de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra