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Pedro, entre Hamon y Corbyn

Tiempo de lectura 4 min.

19 de junio de 2017. 00:04h

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Julián Cabrera 19/6/2017

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Bastan las cuatro semanas que han mediado entre este Congreso federal socialista clausurado ayer domingo y las primarias de mayo, para verificar cuánto puede cambiar el cuento en un partido y por ende en el devenir político de todo un país. El PSOE y el laborismo británico acaban de ser los más recientes ejemplos. A Sánchez se le ha venido equiparando con esos otros referentes del socialismo europeo, el francés Hamon y el británico Corbyn, por aquello de que tras vencer en sus primarias pagaban duramente en las urnas el hecho de encontrarse más a la izquierda que sus votantes en potencia, pero resulta que los recientes comicios del Reino Unido han puesto en cuestión esa teoría –otro renacido– y en consecuencia no para de crecer el elenco de allegados al líder del PSOE que, marcando distancias con Hamon sitúan a Corbyn como auténtico espejo de un Pedro que es a Jeremy lo que Rivera pretende ser a Macron. Al fin y al cabo las «bibianas» confluencias planetarias son gratuitas.

Sánchez, que entraba en el Ifema como Julio Cesar en Roma para tomar el poder de aguila tras derrotar a Pompeyo clausuraba el congreso del PSOE probablemente más rupturista frente a los conceptos de generaciones inmediatamente precedentes, excluidos Suresnes y el que abjuró del marxismo. El 39 cónclave socialista, además de sublimar una «plurinacionalidad» que obliga a pactar quién sabe con qué apoyos la reforma de la constitución en su artículo 2, casi podría calificarse de subversivo a tenor de algún otro aspecto que marcará sin duda el devenir de esta formación y que apunta al mismo sujeto que, como primer protagonista devolvió a Sánchez al poder, el militante. A partir de ahora los militantes tendrán una capacidad decisoria antes inimaginable y cuyo doble filo podrá hacerse patente por ejemplo en cuestiones como el visto bueno a pactos post electorales, esos que se derivarían de un nuevo panorama construido curiosamente por otro sujeto, el votante.

Pero la nueva situación tras la «mascleta» de fervor socialista de ayer en Ifema brinda desde hoy mismo otras variantes. No en vano estamos hablando del primer congreso del PSOE que da el pistoletazo de salida a una encarnizada e inmisericorde lucha por la hegemonía de la izquierda. Pablo Iglesias conseguía introducir su ectoplasma en el congreso socialista con previos cantos de sirena para «echar a Rajoy» y esta sera la permanente disyuntiva para un Sánchez, sabedor a estas alturas del partido de que su llegada al gobierno sólo puede pasar por meterse en la cama con Podemos y sabedor de que la formación de Iglesias tiene paradójicamente como primer objetivo la demolicion de un PSOE cuya vuelta a La Moncloa enviaría a los morados a la precedente irrelevancia de IU. Ese es el dilema de Pedro y también de Pablo. Mientras tanto –y por si acaso– habrá de ser Rajoy quien tenga el arma del hipotético adelanto electoral bien desenfundada, no vaya a ser que se le adelantase alguna moción de censura de esas que carga el diablo.

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