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Sin «o» ni «e»

Tiempo de lectura 2 min.

17 de octubre de 2016. 22:13h

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Alfonso Rojo 17/10/2016

Ni obrero ni español. Y nadie puede llamarse a engaño, porque el PSC enseñó la patita desde el principio. Cuando se constituyeron en los albores de la Transición y los Felipe González, Alfonso Guerra y compañía cometieron la insensatez de renunciar a sus siglas para aglutinar en un solo partido todo el espectro socialista catalán, eliminaron la «O» y la «E». Era un estremecedor indicio de que a los Pasquall Maragall y demás «intelectuales» de Barcelona, encargados de pastorear a las masas socialistas del cinturón rojo, lo que les importaba por encima de todo era la «C».

Y a eso, a lo «identitario» al «hecho diferencial» y a los pelos de Wifredo el Velloso, se ha dedicado durante cuatro décadas, con tanto tesón por su parte como desidia por la de los que tenían que haber visto desde Ferraz lo que se les venía encima. A su favor jugaba que, cada vez que llegaban elecciones generales, metían en el saco del candidato socialista a la presidencia del Gobierno de España un zurrón de diputados. Hace nada, en 2008, con Carme Chacón al mando de la lista, cosecharon 1.672.777 votos y le dieron a Zapatero la friolera de 25 escaños. Ocho años después, el pasado 26-J, con Meritxell Batet de abanderada, sacaron la miseria de 550.033 votos y sólo 7 diputados. La tercera parte que en Andalucía, uno más que en Galicia y un par más que en Extremadura.

No se trata de un revés ocasional, sino de una tendencia que obliga al PSOE, o a lo que quede de él cuando se asiente la polvareda levantada por Pedro Sánchez y sus cuates, a adoptar la traumática decisión de presentarse en Cataluña con la «O» de obrero y la «E» de español.

El riesgo es mínimo, porque muy mal lo tienen que hacer para no sacar con sus propias siglas y banderas un escaño en cada una de las provincias catalanas. Cuando el PSC aportaba 25, hubiera sido políticamente suicida ir al choque con los «catalanistas», pero ahora es obligado. Los surrealistas derrapajes del PSC, abducido por ERC y el independentismo, no sólo le han llevado a perder implantación entre el electorado de izquierdas catalán, sino que perjudican seriamente al PSOE en el resto de España. Siempre es doloroso amputar un miembro gangrenado, pero no hacerlo suele provocar la muerte por septicemia del paciente.

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