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Francisco: misionero en Colombia

Tiempo de lectura 4 min.

06 de septiembre de 2017. 22:02h

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Luis Alejandre 6/9/2017

Ha llegado el Papa a Colombia como llegó a comienzos del siglo XVII el también jesuita español Pedro Claver (1580-1654) a Cartagena de Indias, intentando paliar el desgarro moral y físico de aquellos esclavos negros recién llegados al nuevo mundo. Claver fue canonizado en 1888 por León XIII, como ahora Francisco lo hará con el obispo Jesús Emilio Jaramillo, secuestrado, torturado y asesinado por un comando del ELN. Un ELN que desde la Pontificia Universidad de Quito, el actual lugar de conversaciones de paz con el Gobierno del presidente Santos, ha anunciado como detalle especial un cese de hostilidades a partir del próximo 1 de octubre.

Cinco días densos, agotadores. Programas ajustados al último detalle, desde los contactos oficiales en Casa Nariño, sede de la presidencia de la República, hasta las especialísimas visitas a Villavicencio y Medellín, incluida la capital Bogotá. Busca la visita, como dice motivado el Vaticano, «dar un primer paso». Yo añadiría un «más que un primer paso» porque ya se han dado algunos importantes aunque se mantenga en la opinión pública un clima de incertidumbre y recelo. Pero las raíces católicas de Colombia tienen su peso específico y estos días se pondrán al servicio del proceso de paz: desde el traslado a la Catedral capitalina de la Patrona de Colombia Nuestra Señora de Chiquinquirá, pasando por cinco eucaristías multitudinarias, dos beatificaciones y finalmente la visita al santuario de San Pedro Claver, dan suficiente testimonio del carácter misionero de la visita.

Porque se han dado pasos. Con no pocas dificultades se ha concluido la fase de desmilitarización de las FARC que el enviado especial del secretario general de la ONU, Jean Arnault, ha certificado. Pero Arnault sabe por otras experiencias que siempre quedan flecos de desconfianza, algo que en un recién terminado congreso fundacional, las FARC han querido disipar presentándose como partido político con vistas a las elecciones de 2018. Delegados llegados de todo el país, han diseñado las líneas maestras de la nueva formación que ha elegido como logo la misma rosa de nuestro PSOE, aunque sin renunciar a la estrella de cinco puntas marxista. Como tampoco han sido capaces de renunciar a sus siglas históricas, rebautizándose como Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, algo que considero personalmente un error. FARC entraña desde hace décadas más que el nombre de un movimiento revolucionario, unas siglas asociadas al secuestro, al asesinato, al narcotráfico, al terror. Bien sé que en otros procesos tanto el FMLN salvadoreño como el FSLN nicaragüense han mantenido sus siglas y ostentan hoy el poder. Pero Colombia es diferente, tanto por extensión territorial como por riqueza económica y sobre todo por la forma en la que vivió la guerra. En Centroamérica cada ciudad, cada pueblo, vivió intensamente el conflicto que llegó incluso a las propias capitales como San Salvador o Managua. En Colombia durante mucho tiempo la guerra fue un problema entre elementos insurgentes y Ejército. Salvo algún atentado grave como la voladura del círculo económico El Nogal, Bogotá no sentía la presión del conflicto. Y si en los países centroamericanos el estado –sus fuerzas militares– podían estar presentes en todo su espacio, la gran extensión y la complicada orografía de Colombia no lo permitían: de ahí que para suplir la falta de presencia del estado surgieran movimientos que intentaron cubrir sus espacios de seguridad con consecuencias gravísimas para el propio estado.

Incertidumbre y desconfianza estarán presentes a partir de ahora en la vida colombiana. Mientras las FARC declaran sus bienes-fincas, ganado, vehículos (incluso han inventariado material de limpieza) a fin de ayudar al Fondo de Reparación para las víctimas incluido en los acuerdos de paz, fuentes americanas («The Economist»), cifran en 10.000 millones de dólares los fondos que tienen en cuentas corrientes secretas.

En este ambiente Francisco deberá hablar de perdón, de reconciliación. En mis largas charlas en Colombia siempre les ponía el ejemplo de España. «Tras tres años de guerra civil que fue también una lucha social, aún hoy aparecen rescoldos; ustedes vienen de 50 años de guerra; pero tienen ventajas a su favor; a España le envolvía un entorno bélico que se precipitó en una cruel Guerra Mundial donde mismos factores políticos y sociales se ponían en juego; el entorno geoestratégico de Colombia está apaciguado; incluso la latente crisis de Venezuela les beneficia; el entorno mundial es de ayudarles; ¡aprovéchenlo!».

Por supuesto deseo éxito a Francisco en su nueva Misión que seguiremos aquí paso a paso como si de nuestra Patria se tratase. Tampoco descarte que le reclamemos un día, porque también sufrimos graves fisuras políticas y sociales.

En Cartagena de Indias junto a Pedro Claver encontrará la memoria de un irrepetible Blas de Lezo, otro español que escribió una de las páginas más gloriosas de nuestra Historia. ¡A lo mejor también deberemos recurrir a la decidida fortaleza de un carácter como el suyo!

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