Política

Montero frente a su propio espejo

La candidata del PSOE andaluz se enfrenta a sus contradicciones como vicepresidenta y ex consejera de la Junta y en relación a la estrategia de supervivencia de Pedro Sánchez

Montero defiende la "referencia internacional y estabilidad" de España frente a los conflictos actuales en el extranjero
María Jesús Montero durante la Interparlamentaria socialista de AndalucíaEuropa Press

El primer salto al vacío del pingüino emperador supone un momento crucial y dramático en el que se lanza desde acantilados de unos 15 metros a las aguas antárticas sin haber nadado antes, impulsado por el instinto y la necesidad de alimento y marcando el inicio de su vida marina y una etapa clave para su supervivencia. Aunque la vicepresidenta Montero ha adoptado decisiones arriesgadas, transitando más allá de la llamada zona de confort en su vida política –como pasar de Sanidad a Hacienda en Andalucía o del Ejecutivo andaluz con Chaves, Griñán y Susana Díaz al Gobierno central junto al rival en el partido de la última presidenta socialista andaluza–, aceptar la candidatura a la Junta frente a la mayoría absoluta de Juanma Moreno responde a un ejercicio de disciplina de partido y defensa del líder de la manada, Pedro Sánchez, amparada, como las aves marinas no voladoras de la Antártida, en su capacidad para soportar el frío extremo. Montero, otrora mirlo blanco de la sucesión del PSOE andaluz, tiene la hoja de ruta y los tiempos marcados. A pesar de Vox, el PSOE no facilitará el Gobierno al PP: no habrá abstención. Y cuando cierre la financiación autonómica y unos hipotéticos presupuestos, el salto a Andalucía ya será sin retorno.

La secretaria general del PSOE-A reunió en Alcalá de Guadaíra a la Interparlamentaria, a una semana del aniversario de su proclamación como candidata a la Junta, para abordar esta «hoja de ruta» de cara a las elecciones andaluzas previstas este año. La maquinaria socialista calienta motores hace meses. Controlado el «incendio» de la crisis de los cribados de cáncer –no sin daño electoral para el PP-A–, la candidata andaluza se ve, de nuevo, frente al espejo y su propio «retrato de Dorian Gray» con la financiación autonómica y el «cupo catalán». Montero, como candidata, se encuentra atrapada en sus contradicciones, entre lo que defendía como consejera de Hacienda, cuando rechazaba, con la vehemencia que la caracteriza, la ordinalidad, y lo que viene haciendo como ministra. La vicepresidenta y candidata del PSOE-A se ve obligada a galopar sobre el recuerdo de la hemeroteca. El PSOE-A valora el nuevo modelo y asegura que Montero «cumple con Andalucía» como la comunidad «más beneficiada». El Gobierno afirma que la Junta «no tiene excusa para no apoyar» la nueva financiación con «más recursos de los que pedía Moreno». La vicepresidenta primera del Gobierno defiende que Andalucía recibiría unos «4.850 millones» más en 2027 y critica que la comunidad pudiera «renunciar» a recibir esa cifra adicional por «sectarismo político» del PP, cuyo líder en Andalucía, Juanma Moreno, ve «un objetivo electoral» en la reforma.

Montero llegó hace un año para insuflar ánimo y compareció como secretaria general con el eslogan «Andalucía Gana». La primera consigna era levantar a la tropa tras la travesía por el desierto de la oposición después de más de 36 años de gobiernos ininterrumpidos en la Junta. El «efecto Montero» no le ha dado al PSOE para recuperar votos y en algunas provincias puede producirse incluso un "sorpasso" de Vox. La vicepresidenta primera del Gobierno, de celebrarse ahora elecciones en Andalucía, empeoraría incluso los resultados de Espadas en los últimos comicios autonómicos y se estrenaría como líder de los socialistas andaluces con el peor resultado de la historia del partido. El PSOE, salvo remontada, ahondaría su suelo electoral, que es, hipotéticamente, lo que estratégicamente buscaba evitar la designación de Montero para tratar de salvar La Moncloa en las generales. Andalucía es un territorio clave donde se ponen en liza 61 diputados para el Congreso. La estrategia de Pedro Sánchez remite de nuevo al pingüino emperador: la hembra pone un solo huevo –el previsible descalabro socialista y la necesidad del PP de pactar con Vox–, que el macho incuba sobre sus patas mientras ella se lanza al mar (electoral). Las urnas determinarán si, como en la fábula, el emperador estaba desnudo.