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Animales

Dos siglos después, los guacamayos vuelven a volar sobre Río de Janeiro

Su regreso no es casual: detrás hay un proyecto que busca recuperar especies desaparecidas y devolver la vida a un ecosistema que se perdió hace siglos

Dos siglos después, los guacamayos vuelven a volar sobre Río de Janeiro Foto de ROMAN ODINTSOVPexels

Río de Janeiro vuelve a ver volar a los guacamayos azul y amarillo casi 200 años después de su desaparición. Estas aves, habituales en la zona hasta el siglo XIX, desaparecieron por la deforestación y el tráfico de fauna durante la colonización.

Su reaparición en la ciudad brasileña no es casual: forma parte de un ambicioso proyecto ambiental que busca recuperar especies desaparecidas y reconstruir el equilibrio del ecosistema.

Un regreso histórico a los cielos de Río

Ahora, destellos de azul y amarillo vuelven a aparecer entre la vegetación del Parque Nacional de Tijuca, una de las mayores selvas urbanas del mundo. Aunque hoy el entorno parece plenamente natural, en el pasado fue intensamente explotado para cultivos como el café o la producción de carbón, lo que arrasó gran parte del bosque.

Los primeros ejemplares, rescatados de la cautividad, han sido liberados de forma controlada tras meses de entrenamiento para adaptarse a la vida en libertad. Por ahora solo son cuatro, pero el plan prevé introducir hasta medio centenar en los próximos años.

Su presencia es clave: ayudan a dispersar semillas y favorecen la regeneración del bosque. Este paso se enmarca en un plan más amplio para recuperar fauna desaparecida. En los últimos años ya se han reintroducido especies como agutíes, monos aulladores o tortugas, que están contribuyendo a devolver la vida al entorno.

Los expertos recuerdan que hasta el 90% de las plantas de la selva atlántica dependen de los animales para dispersar sus semillas, por lo que su presencia resulta fundamental para que el bosque pueda regenerarse. Sin ellos, ese proceso se debilita.

En este contexto, el regreso de estas especies ya está teniendo efectos visibles. Animales que llevaban siglos ausentes vuelven poco a poco a ocupar su lugar y ayudan a que el bosque recupere funciones que había perdido con el tiempo.

En el caso de los guacamayos, su capacidad para recorrer grandes distancias les permite transportar semillas a zonas más amplias e incluso contribuir a regenerar áreas fuera del propio parque.

El proyecto también tiene desafíos. Su belleza y su carácter sociable los hacen especialmente vulnerables al contacto con humanos en un entorno que recibe millones de visitantes al año. Por eso, los equipos intentan evitar que se habitúen a las personas y asegurar su adaptación a la vida en libertad.