Nieve
Las estaciones de esquí del Pirineo aragonés inician su cierre escalonado tras un invierno de abundantes precipitaciones
Javalambre y Valdelinares despedirán la temporada el 22 de marzo, mientras que el Pirineo aragonés mantendrá la actividad hasta el 5 de abril
La nieve española echa el cierre tras una temporada al límite de la resistencia. El invierno comienza su repliegue definitivo en los principales macizos del país, clausurando una campaña marcada por una irregularidad meteorológica que ha puesto a prueba la capacidad de resiliencia de las estaciones. Los aficionados encaran los últimos descensos en un escenario de despedida forzosa, donde la altitud se ha convertido en el único salvoconducto para prolongar la actividad comercial frente al empuje térmico de marzo.
El calendario no concede tregua en las cotas más vulnerables de la península. En la provincia de Teruel, los dominios de Javalambre y Valdelinares apuran sus últimas jornadas con la previsión oficial de clausurar sus remontes el próximo 22 de marzo. Esta decisión, dictada por la escasez del manto nivoso y la ubicación geográfica, sigue la estela de estaciones como Port del Comte o Tavascan, en el Pirineo Catalán, donde el cese de actividad ya se ha materializado ante la imposibilidad técnica de garantizar la seguridad de los esquiadores.
El bastión del Pirineo Aragonés
En contraste, el Pirineo Aragonés resiste con una fecha de referencia fijada para el 5 de abril. Estaciones de gran dominio como Formigal-Panticosa, Cerler, Astún y Candanchú han logrado estirar el calendario gracias a un despliegue operativo sin precedentes. Tras registrarse cerca de 50 jornadas de precipitaciones en forma de nieve, según reflejan los balances operativos del sector, el mantenimiento exhaustivo de las pistas y la activación constante de protocolos de prevención de aludes han sido las herramientas clave para salvar la viabilidad de la campaña en el norte.
A pesar de la incertidumbre, la industria de la nieve no detiene su hoja de ruta estratégica. Algunos centros aprovechan este cierre progresivo para iniciar ambiciosos planes de modernización e infraestructura. Es el caso de la estación de Cerler, donde se proyectan mejoras estructurales en su base y la construcción de un nuevo puente de acceso para agilizar el flujo de visitantes. El objetivo es optimizar la logística ante un escenario climático cada vez más caprichoso que obliga a las estaciones a maximizar la eficiencia de cada jornada de apertura.
La montaña española se encamina así hacia un desenlace condicionado por la variabilidad térmica. Con la vista puesta en el término de la Semana Santa, solo las estaciones situadas en las cotas más elevadas mantienen el pulso, agotando sus reservas de nieve en una lucha desigual contra una primavera que ya reclama su hegemonía en la geografía nacional.