Historia
La isla española que nunca fue una sola y vivió dividida en dos reinos durante siglos
Antes de llamarse como hoy, este territorio ya se gobernaba desde dos lados y compartía una misma identidad
Durante años se ha repetido el nombre de Maxorata para referirse a la Fuerteventura prehispánica. No es incorrecto, pero tampoco es toda la historia. Hay otro término, menos popular, que poca gente conoce y que sale en los textos antiguos: Erbania -o Herbania-.
El nombre aparece recogido por cronistas normandos y, según una línea de investigación cada vez más citada, podría derivar de Arbani, “el lugar de la muralla”. No un muro simbólico, sino real, de piedra, levantado en el istmo de La Pared, el punto más angosto de la isla. Un corte físico que dividía Fuerteventura en dos mitades.
Dos reinos, una misma isla
La isla no era un territorio homogéneo, porque estaba organizada en dos grandes reinos o tribus, cada uno con su propio rey al frente. Al norte, Guize. Al sur, Ayoze. Sus nombres han sobrevivido al tiempo y todavía dan identidad a ambas comarcas.
No se trataba de monarquías al estilo europeo, claro. Aquellos reyes eran, sobre todo, jefes militares. Liderazgos forjados en el conflicto. Mandaban porque sabían pelear y porque hacían de la defensa un arte. Su autoridad nacía de la guerra constante entre grupos emparentados, unidos por alianzas matrimoniales y económicas, pero enfrentados por algo tan básico como la tierra de pasto y el control del ganado.
Los antropólogos describen este modelo como un sistema dualista: dos fracciones sociales enfrentadas de manera recurrente, canalizando la violencia hacia "el otro" más lejano en términos genealógicos. Un equilibrio tenso. Frágil.
Hostilidad, pero no ruptura
Sin embargo, la división no era absoluta. A pesar de los enfrentamientos, ambos reinos compartían algo más profundo: la conciencia de pertenecer a la misma etnia. Eso se notaba cuando aparecía un enemigo externo. Frente a las incursiones normandas de los siglos XIV y XV, la rivalidad interna quedaba en suspenso.
También ocurría durante determinadas festividades o rituales.. Momentos en los que la guerra se detenía y la Isla volvía a sentirse una sola. Pura. No era una paz eterna, pero sí una tregua momentánea.
Los propios cronistas europeos dejaron constancia de esa ambivalencia. Hablan de guerreros temibles, diestros con piedras y lanzas de madera, sin armaduras ni hierro. Combatían casi desnudos, con medios precarios, pero con una puntería que impresionó a quienes llegaron del otro lado del mar. Un perfill que se repite en otras Islas del Archipiélago.
¿Una teoría discutida?
No todos los investigadores aceptan esta lectura del territorio. Hay quien cuestiona la idea de dos reinos equilibrados, señalando que la comarca del norte era territorialmente mucho más extensa que la del sur. La respuesta de quienes defienden la hipótesis de Erbania es clara: la superficie no lo es todo. En recursos, ambas zonas estaban bastante igualadas.
El debate, hoy día, sigue abierto. Como casi todo lo que rodea al pasado aborigen de Canarias, avanza a base de fragmentos, textos y una arqueología que, de vez en cuando, da alguna sorpresa nueva. Sin grandes certezas, pero con cada vez más matices.
Un pasado que aún se está escribiendo
Mirar a Erbania es intentar entender cómo vivieron los primeros habitantes de esta parte de la Macaronesia. Cómo se organizaron, pelearon y cooperaron cuando fue necesario. Y también aceptar que la historia de Fuerteventura no fue lineal, sino la de una cronología dividida. Pero también, una isla consciente de sí misma, mucho antes de que llegaran los europeos.