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La isla "secreta" sin carreteras, con arena en las calles y vuelos por 25 libras: el destino español que conquista a Reino Unido

Forma parte de la mayor reserva marina de Europa y un área de excepcional valor paisajístico

La Graciosa, Canarias
La isla "secreta" sin carreteras, con arena en las calles y vuelos por 25 libras: el destino español que conquista a Reino UnidoEl Blog - Binter

Las Islas Canarias llevan años siendo el comodín infalible del viajero británico. Sol los 365 días del año, vuelos directos a buen precio, una cerveza que, mejor o peor, no duele en el bolsillo, y hoteles para todos los gustos. Lo saben en Londres, en Manchester y en cualquier pub de barrio de Reino Unido.

Pero ahora el diario británico The Express ha señalado una isla que, hasta hace no tanto, no solía aparecer como uno de los destinos imprescindibles de Canarias. El medio la define como el "secreto mejor guardado" del Archipiélago. Y, aunque parezca una exageración, no lo es.

Una isla sin carreteras

La protagonista de esta historia es La Graciosa y se encuentra a 30 minutos en barco desde el puerto de Órzola. La Isla es, probablemente, uno de los pocos lugares de Europa donde todavía no hay carreteras asfaltadas, pero tampoco las necesita. Es la más desconocida y la que derrocha más serenidad de Canarias, con calles de arena dorada y fina y un paisaje que conserva una desnudez prehistórica. Además, forma parte de Parque Natural del Archipiélago Chinijo (gentilicio que significa pequeño) y se integra en la mayor reserva marina de Europa y un área de excepcional valor paisajístico.

Ese carácter agreste es precisamente lo que, según recoge The Express, está conquistando a quienes buscan "paz y aislamiento". Una isla "tan bien escondida que la mayoría de los turistas desconocen por completo su existencia".

Las mejores playas de La Graciosa

Cada rincón costero de La Graciosa ofrece una experiencia distinta, marcada por la tranquilidad y la pureza del paisaje. La playa más accesible desde el núcleo principal, Caleta de Sebo, es La Francesa, situada a unos dos kilómetros. El trayecto, que puede completarse en aproximadamente treinta minutos a pie, conduce a un arenal de medio kilómetro de extensión, donde la arena clara se funde con aguas de tonalidad verde turquesa, transparentes y rebosantes de vida marina. Este lugar, resguardado por los 172 metros de altura de la Montaña Amarilla, se presenta como un espacio natural ideal para quienes buscan un baño sereno en un entorno casi virgen.

A escasa distancia, apenas quince minutos más de caminata, aparece La Cocina, una pequeña cala de aire íntimo que comparte el mismo carácter apacible y cristalino. Su reducido tamaño y su ubicación protegida la convierten en otro de los escenarios predilectos para sumergirse en las aguas limpias de la Isla.

En el extremo norte del territorio emergen dos de las playas más fotografiadas: Playa del Ámbar y Playa de Las Conchas. La primera destaca por su arena fina de intenso tono dorado, que contrasta con las formaciones volcánicas oscuras del entorno y regala una panorámica privilegiada del islote de Alegranza. Aunque conviene extremar la precaución ante las corrientes y el oleaje, su amplitud permite disfrutar de momentos de calma incluso durante la temporada estival.

Por su parte, Playa de Las Conchas se ha ganado la reputación de ser una de las joyas naturales de la Isla. Sus aproximadamente 600 metros de arena blanca y aguas turquesa muestran un paisaje de ensueño, reforzado por las vistas hacia los islotes de Montaña Clara y Alegranza, así como por los tonos rojizos de Montaña Bermeja. Llegar hasta allí desde Caleta de Sebo supone alrededor de una hora de caminata o media hora de bicicleta, pero el esfuerzo queda ampliamente compensado por la espectacularidad del entorno.

El precio del sol y del silencio

El periódico británico señala que "en el momento de escribir este artículo, un billete desde el Aeropuerto de Londres Stansted al Aeropuerto César Manrique-Lanzarote el 3 de marzo cuesta tan solo 25 libras, con una maleta de mano incluida".

Al llegar a La Graciosa la isla se abre mostrando casas blancas, bicicletas amontonadas y pescadores que tiran la caña una y otra vez al mar. Y playas abiertas, salvajes, donde el agua cambia de color según el capricho del cielo.