Educación
Los cuentos, una llave para la enseñanza en Magea
El colegio burgalés reivindica el relato como herramienta de pensamiento crítico, educación emocional y construcción de identidad, y lo refuerza con un nuevo espacio lector en plena naturaleza
Hay historias que no se terminan al cerrar el libro. En el colegio burgalés de Magea, cada cuento se convierte en una herramienta para abrir conversaciones, despertar el pensamiento crítico y acompañar el desarrollo emocional de los alumnos desde sus primeros años. La lectura forma parte del corazón de este centro de educación activa, ubicado en Castrillo del Val (Burgos), donde las historias permiten explorar emociones, dialogar y construir un significado de forma compartida.
El enfoque parte de una idea clara: cada etapa evolutiva necesita un tipo de relato y una forma distinta de acompañamiento. Tal y como explica la educadora y codirectora de la Escuela Magea, Arantxa Arroyo, tiene que haber “diversidad” en los libros y que traten temas que los niños puedan entender y que además sirvan como “punto de unión y presencia en la crianza y en la educación” y no solo para “conseguir un objetivo concreto”.
En este punto, explica que muchas veces se busca dar a los niños libros que hablen sobre un tema muy específico, y hay que tener “cuidado” con eso, porque a veces son “muy explícitos y pueden generar un rechazo en el peque”.
En la franja de cero a siete años, cuando el pensamiento es todavía literal y la identidad se está configurando, la selección de libros cuida especialmente los referentes y la diversidad , aunque también que los pequeños lectores disfruten con este proceso. Se priorizan historias que amplíen el imaginario sin imponer moralejas cerradas ni reproducir estereotipos rígidos, entendiendo que, en estas edades, la narración moldea la manera en que niños y niñas se perciben a sí mismos y su lugar en el mundo.
De hecho, desde Magea no se trabajan los cuentos más clásicos, como puede ser ‘Caperucita Roja’, ‘La Sirenita’ o ‘El Patito Feo’. Consideran que estos cuentos en su día tuvieron una función muy importante para la época: proteger a la infancia. “Las familias los usaban para sobrevivir y por ello son cuentos basados en el miedo, que alejaban a los niños y niñas del peligro”, explica. Incluían además unos “estereotipos de género muy marcados” que creen que hoy en día no se adaptan a la sociedad actual.
Es consciente que los personajes de estos cuentos representan arquetipos, pero dado que en la primera infancia los niños están construyendo su lugar en el mundo y sus roles sociales, es fácil que el estereotipo pese más que lo que el arquetipo representa.
Sin embargo, a partir de los siete años su capacidad de abstracción se consolida. Los niños ya distinguen entre fantasía y realidad y los relatos se convierten en una herramienta privilegiada para el análisis, de forma que los personajes y sus decisiones a la hora de enfrentarse a un conflicto, permiten abrir debates acerca de la moralidad.
Incluso los cuentos tradicionales, pueden releerse desde una mirada contextualizada y crítica, no para censurarlos, sino para entenderlos. Arantxa Arroyo explica que aunque no traten estos cuentos tradicionales en el aula, cuando los padres les piden opinión, siempre los recomienda a partir de los siete años, e incluso si los pequeños preguntan en clase, hablan sobre ellos. “No es algo que negamos, pero abordamos otros recursos”, apunta.
Otro aspecto que defienden que es muy importante en el aprendizaje es la figura del narrador de cuentos. La historia debe cobrar vida cuando se cuenta con cuerpo, gesto y voz. “No tenemos que olvidar la importancia de la narración oral sin un soporte visual, porque con la lectura en voz alta no viene ninguna imagen, sino que tú estás reproduciendo esa imagen”, explica la educadora, que destaca la capacidad que tiene esta herramienta de fomentar la imaginación, y que cada niño o niña sea capaz de imaginarse un mismo personaje de formas diferentes. Así, no solo disfrutan de la narración, sino que también participen activamente en la construcción de la historia, desarrollando la atención y la capacidad de comprensión.
Un espacio al aire libre para disfrutar de la lectura
Esa concepción de la lectura como experiencia viva y compartida que tiene Magea se amplía ahora con la puesta en marcha de una ‘booktruck’, un nuevo espacio lector surgido de un proyecto de aprendizaje-servicio en colaboración con el IES Padre Aramburu y con el apoyo de la Fundación ‘La Caixa’. Inspirada en una iniciativa previa del CEIP Attilio Bruschetti , en Játiva (Valencia), esta ‘booktruck’ nace de la rehabilitación de una antigua caravana transformada en un rincón de lectura permanente, diseñado bajo criterios que favorecen la concentración, el bienestar y el aprendizaje en la infancia.
Tal y como explica Arroyo, la restauración fue llevada a cabo por alumnado del ciclo de Automoción del centro Padre Aramburu, aplicando sus competencias técnicas en un proyecto con impacto educativo y social real. Más allá de la intervención técnica, el proyecto ha generado un intercambio entre comunidades educativas: alumnado de Magea visitó el centro de Formación Profesional para conocer sus ciclos formativos, y alumnado del Padre Aramburu se desplazó a Magea para finalizar la instalación y conocer su modelo pedagógico basado en pedagogías activas y acompañamiento emocional.
La inauguración oficial del espacio tuvo lugar el pasado viernes 27 de febrero, y contó con la presencia de representantes del centro Padre Aramburu, de Fundación La Caixa, del Ayuntamiento de Castrillo del Val, así como de entidades del tercer sector de Burgos y de la comunidad educativa de Magea.
La ‘BookTruck’ de Magea inicia ahora su segunda fase, en la que funcionará como espacio lector en recreos y actividades de Magea, así como para talleres que se ofrecerán a entidades colaboradoras de Magea. Además, se van a adquirir libros sin estereotipos de género, con protagonistas con diversidad funcional o racializados, para que los más jóvenes aprender sobre diversidad, a la vez que disfrutan de la lectura. El buen tiempo ya ha animado a los más pequeños a disfrutar de este entorno, y el objetivo es que disfrute de esta caravana tanto el alumnado de Magea como aquellos que visitan el centro durante los campamentos estivales.
“Queremos que este espacio genere ese hábito de lectura y que sea un espacio de encuentro con la lectura desde un lugar diferente, para que tengan otra visión de una biblioteca”, indica Arroyo. El espacio acogerá también talleres de fomento a la lectura y diferentes actividades con los alumnos.