
Citas célebres
Sócrates: “El amigo debe ser como el dinero; antes de necesitarlo, es necesario saber su valor”
El filósofo griego dejó una reflexión sobre las relaciones sociales que cobra especial importancia en la sociedad actual

Cuantas amistades se rompen por dinero. Un préstamo no devuelto, favores sin agradecimiento o un egoísmo profundo a la hora de pagar en cualquier plan. El dinero y la amistad son cosas diferentes y hasta pueden chocar, pero para Sócrates, una de las voces fundacionales de la filosofía occidental, están relacionadas. El filósofo reveló una lección práctica sobre la amistad y la responsabilidad personal: “El amigo debe ser como el dinero; antes de necesitarlo, es necesario saber su valor”. El pensador ateniense recuerda que las relaciones verdaderas no son cuestiones de azar ni conveniencias pasajeras, sino activos que requieren reconocimiento, cuidado y juicio previo.
Sócrates fue un filósofo del siglo V a.C., conocido por su método de preguntas y por su insistencia en la ética práctica. Su figura llega al siglo XXI principalmente a través de los diálogos de sus discípulos. Su atención a la vida buena, cómo vivir de forma justa y razonable, incluye una reflexión constante sobre las relaciones humanas. Comparar a un amigo con el dinero no busca mercantilizar la amistad, sino subrayar la necesidad de valorar aquello que puede sostenernos en momentos decisivos.
Qué quiso decir exactamente con esta frase
La frase exige leerla en dos claves: preventiva y cualitativa. Preventiva, porque el consejo es reconocer el valor del amigo antes de enfrentarnos a la necesidad; cualitativa, porque implica distinguir amistades profundas de meras relaciones de utilidad. Como el dinero bien gestionado, un amigo valioso es un recurso que requiere prudencia, no en el sentido egoísta, sino en el de saber en quién confiar, y generosidad, no ahorrar afecto sino invertirlo con sensatez.
La amistad como capital moral
Pensar la amistad como un capital no supone reducirla a una transacción: más bien propone considerarla una inversión ética. Formar vínculos sólidos implica tiempo, sinceridad, reciprocidad y esfuerzo sostenido. La inversión rinde su fruto cuando las pruebas aparecen: enfermedad, pérdida, conflicto o fracaso. Un amigo “de valor” es quien mantiene el compromiso, ofrece consuelo y ayuda práctica sin esperar beneficio inmediato. En esa respuesta se revela la verdadera rentabilidad moral de la relación.

Así se aplica esta frase en la actualidad
En una sociedad donde las conexiones suelen ser abundantes pero superficiales, la advertencia socrática se vuelve especialmente importante. Antes de confiar ciegamente o de esperar ayuda instantánea, conviene calibrar la calidad de los vínculos: observar consistencia en el trato, discreción en las confidencias y disposición real a acompañar en dificultades. Practicar esta evaluación no es instrumentalizar personas, sino protegerse de falsas expectativas y cultivar relaciones capaces de sostenernos.
Cómo distinguir una amistad auténtica
Hay señales concretas que permiten valorar a un amigo antes de la necesidad: la capacidad de escucha sin juicio, la voluntad de dar tiempo y apoyo, la honestidad en los momentos incómodos y la discreción. También cuenta la trayectoria relacional: amistades que perduran en la distancia o tras conflictos menores suelen demostrar una robustez comparable al “ahorro” acumulado con el tiempo. Reconocer estas cualidades ayuda a decidir a quién acudir cuando la situación exige ayuda real.
La frase de Sócrates invita a una ética de la amistad compartida: no basta con valorar a quienes pueden ayudarnos; hay que ser también amigos valiosos. Eso implica reciprocidad, lealtad y el cultivo de la empatía. En términos sociales, fortalecer redes de apoyo genuinas contribuye al tejido comunitario: barrios, colegios o lugares de trabajo donde se prioriza la confianza generan mayor resiliencia colectiva ante crisis.
Valorar antes de necesitar
La advertencia socrática es clara: un amigo debe ser como el dinero y que es preciso conocer su valor antes de necesitarlo. No es un pragmatismo frío, sino una llamada a la prudencia afectiva. Reconocer y cultivar amistades auténticas es una forma de responsabilidad personal y social: un modo de invertir tiempo y cuidado hoy para no hallarnos solos cuando más importará el apoyo humano. En tiempos de relaciones líquidas, esa lección antigua sigue siendo, sencillamente, imprescindible.
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