Solidaridad
Diez años impulsando libertad
La asistencia personal se consolida en Castilla y León como motor de autonomía, empleo y cambio sociales
Hace una década hablar de asistencia personal en Castilla y León era, en palabras de sus protagonistas, casi una “rareza”. Pocas personas sabían en qué consistía esta prestación del sistema de dependencia, cómo solicitarla o de qué manera podía transformar la vida cotidiana de alguien con discapacidad. Diez años después se ha conseguido un crecimiento experiencial, mayor reconocimiento social y cientos de proyectos de vida que hoy se desarrollan con más libertad.
La entidad Impulsa Igualdad ha sido una de las promotoras “clave” de este cambio. Su presidente, Francisco Sardón, recuerda los inicios como una etapa de pedagogía constante. “Cuando empezamos, la asistencia personal era una prestación muy poco conocida. Nuestro objetivo fue darla a conocer en toda Castilla y León, explicar qué era, cómo se podía solicitar y cómo podía mejorar la calidad de vida”.
Castilla y León fue la primera comunidad autónoma en poner en marcha un servicio específico de gestión de asistencia personal. Hoy es la segunda autonomía que más prestaciones de este tipo concede en España, un dato que, según Sardón, refleja una apuesta política y social sostenida en el tiempo.
Charlas informativas, seminarios, campañas en redes sociales y acompañamiento personalizado han sido parte del trabajo desarrollado durante estos diez años. La asistencia personal ha contribuido a un cambio de paradigma, pasar de modelos más institucionalizados como residencias o centros de día, a un enfoque donde la persona decide como quiere vivir.
“No estamos en contra de otros modelos, pero defendemos que cada persona pueda elegir la prestación que mejor se adapte a su proyecto de vida”, aclara Sardón a Ical. Y ahí radica la esencia de la asistencia personal; en apoyar sin sustituir, acompañar sin decidir.
Uno de los elementos diferenciales de este modelo es que la persona participa activamente en la elección de su asistente. No se trata solo de recibir ayuda, sino de escoger quién será el apoyo cotidiano en ámbitos tan íntimos como el hogar o la vida social. Cada persona, incluso con diagnósticos similares. Tiene aspiraciones distintas que van desde trabajar, estudiar, viajar, formar una familia o simplemente organizar su día con autonomía. El asistente personal debe adaptarse “como un guante” a esa realidad concreta.
Ignacio Fadrique, un usuario del servicio, explica que antes de contar con asistencia personal, vivía en un pueblo con sus padres, que eran su principal apoyo. Dependía de ellos para las tareas básicas y para salir de casa. “Tenía suerte porque mis amigos y primos me ayudaban a salir, pero siempre dependía de terceros”, recuerda. La oportunidad de mudarse a Valladolid y probar una vida independiente marcó un antes y un después. Solicitó asistencia personal para cubrir apoyos esenciales como levantarse, vestirse o desplazarse, y desde entonces su rutina ha cambiado “radicalmente”.
“Ahora tengo muchas más alternativas. Puedo decidir a qué hora levantarme, qué hacer, ir a ocio y no solo al médico”, explica. Uno de los hitos que más valora es algo aparentemente sencillo: volver a coger un autobús por sí mismo. “Me animo a ir solo. Eso antes era impensable”.
Para Ignacio, la palabra que resume el cambio es clara: libertad. “Es algo que jamás pensé que iba a tener. Gracias a los asistentes personales he podido obtener esa libertad”.
Vocación y retos
Detrás de cada historia de autonomía hay también una historia profesional como la Henar Gómez que lleva nueve años trabajando como asistente personal. Su trayectoria previa en residencias y el ámbito social le permitió comparar modelos. “Aquí trabajas con la persona, no para la institución”, subraya a Ical. Su labor es tan diversa como la vida misma: apoyo en el aseo, preparación para eventos, organización de viajes, acompañamiento en actividades laborales o de ocio. “Ellos tienen que hacer su vida y tu estas en la suya”, resume.
La principal diferencia respecto a otros servicios es la flexibilidad y el respeto a las decisiones cotidianas. En una residencia, explica, los horarios están marcados. En la asistencia personal en cambio, es la persona quien decide si quiere desayunar más tarde, salir a cortarse el pelo o viajar a otra ciudad.
Tanto Sardón como Gómez coinciden en que falta mayor reconocimiento social y laboral. Para que el modelo funcione, es “imprescindible que la asistencia personal sea una profesión atractiva, regulada y con condiciones dignas” cuenta para explicar que sin asistentes personales suficientes, el sistema no puede sostenerse.
Además, añaden que el sector ha abierto oportunidades laborales a perfiles diversos como personas sin formación académica previa, habitantes del medio rural o trabajadores que buscan empleos más flexibles y personalizados. En muchos pueblos, esta figura ha permitido generar empleo sin necesidad de desplazarse a la ciudad, según Sardón.
Financiación pública
Si hay una demanda clara en este décimo aniversario es la mejora de la financiación pública, precisa el presidente. Aunque el sistema de dependencia contempla ayudas económicas según el grado de dependencia, estas no siempre cubren el coste real de las horas necesarias. Algunas personas requieren apoyos de siete u ocho horas diarias, prácticamente una jornada completa. Cuando la prestación no cubre el 100% del coste, el derecho reconocido puede convertirse en un derecho difícil de ejercer.
Sardón plantea que si las administraciones quieren apostar de verdad por la vida independiente, deben reforzar la dotación económica de la asistencia personal.
En estos diez años la asistencia personal ha ayudado a profesionales y sociedad a entender que las personas con discapacidad son sujetos de decisión, no objetos de cuidado. “Antes se decidía muchas veces por la persona. Ahora entendemos que somos nosotros quienes debemos acompañar sus objetivos, no marcarlos”, señala el presidente de la entidad.
La relación entre asistente y usuario se construye sobre el diálogo y el respeto mutuo. Si se encaja, el servicio contempla cambios. La clave es que ambas partes se sientan cómodas en una relación cercana pero profesional argumentan.
Sardón confía en que dentro de otros diez años haya más personas que se atrevan a dar el paso hacia la vida independiente y más asistentes personales que encuentren en esta profesión una opción estable y reconocida.
Porque, como demuestra la historia de Ignacio, a veces la revolución empieza con algo tan cotidiano como elegir la hora de levantarse o decidir coger un bus solo. Y eso, cuando antes parecía imposible, es el verdadero significado de impulsar la igualdad.