Sociedad
Palencia vuelve a mirar al cielo
Treinta años después del primer atlas ornitológico, la provincia actualizará el mapa de sus aves reproductoras y medirá el pulso ambiental de su territorio
Treinta años pueden parecer un suspiro en la historia de una provincia, pero en la vida de un paisaje son una transformación profunda. Los campos cambian, los bosques avanzan o retroceden, las infraestructuras se multiplican y el clima impone nuevos ritmos.
En ese escenario dinámico, las aves narran con su presencia o su ausencia lo que ocurre en cada rincón. Por eso, tres décadas después de la publicación del primer atlas provincial, la Asociación de Naturalistas Palentinos ha decidido volver a desplegar prismáticos, cuadernos y aplicaciones móviles para actualizar el mapa de la vida alada en la provincia.
La entidad comenzará este año los trabajos de campo del II Atlas de las Aves Nidificantes de Palencia, un proyecto científico y colectivo que permitirá comparar dos fotografías separadas por una generación.
Si el primer volumen, publicado en 1996, documentó 186 especies reproductoras y supuso un antes y un después para la ornitología local, el nuevo estudio aspira a ir más allá: medir tendencias, estimar poblaciones, evaluar amenazas y elaborar la primera Lista Roja provincial siguiendo los criterios de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.
“La composición de la comunidad de aves cambia a lo largo del tiempo”, explica Fernando Jubete, veterano ornitólogo y uno de los miembros de la asociación. “Cambia por la propia ecología de las aves y cambia también por alteraciones o por cambios que pueda haber en los hábitats que ocupan. Cambia por el cambio climático, pero también por transformaciones en los usos del suelo.”
El nuevo atlas analizará la presencia de todas las especies nidificantes en las 109 cuadrículas de 10×10 kilómetros en las que se ha dividido el territorio provincial. Cada cuadrícula será prospectada al menos en cuatro ocasiones entre marzo y julio, desde el amanecer hasta bien entrada la mañana, recorriendo todos los hábitats disponibles: páramos cerealistas, sotos fluviales, encinares, riberas, humedales, pastizales de montaña.
La metodología es exigente. “La prospección de cada una de estas cuadrículas implica un mínimo de cuatro visitas durante los meses entre marzo y julio, y cada visita implica hacer un recorrido desde el amanecer, es decir, desde las primeras luces del alba, hasta cinco o seis horas después, anotando todas las especies que se ven, recorriendo todos los hábitats presentes en la cuadrícula”, detalla Fernando a Ical.
Pero no se trata solo de listar especies. El equipo recogerá datos técnicos que permitirán estimar densidades, localizar nidos de especies sensibles y cartografiar colonias. “Es una base de datos brutal y, sobre todo, lo más importante, que nos va a poder permitir compararla con los datos del anterior atlas”, subraya.
Esa comparación será la clave. Entre 1987 y 1995, un pequeño grupo de naturalistas, “tres melenudos y poco más”, recuerda con humor, recorrió la provincia con medios analógicos. “Toda la recogida de información se hacía con libretas de campo, con papel y lapicero.
Todo eso se transcribía a fichas que pasábamos a mano, y esas fichas se convertían en mapas que también elaborábamos a mano”. Hoy, en cambio, la tecnología y especialmente las aplicaciones móviles permiten registrar coordenadas exactas y subir datos en tiempo real. “Cuando voy a una localidad ya no digo que voy a Frechilla, sé el punto exacto donde he visto cada una de las especies”, apunta.
Si algo parece claro antes incluso de cerrar el nuevo trabajo de campo es que el paisaje agrícola ya no canta como antes. Las aves esteparias y ligadas al cereal han sufrido un retroceso severo.
“Sabemos positivamente que hay especies como la ganga ibérica, de la que había tan solo dos pequeñas poblaciones, una en Astudillo y otra en el sur de la provincia, que han desaparecido porque el hábitat que tenían, que eran páramos con vegetación natural, actualmente son macroparques eólicos, y hace muchos años que no se tiene ni una sola cita”, lamenta Fernando.
La ganga ibérica podría figurar ya como extinguida a nivel provincial. No es un caso aislado. El sisón común, antaño relativamente frecuente en determinados enclaves cerealistas, ha visto colapsar sus efectivos. La intensificación agrícola, la desaparición de linderos, el uso de fitosanitarios y la transformación de barbechos en cultivos permanentes han reducido la diversidad y la abundancia.
“Muchas especies vinculadas al medio agrario han sufrido una regresión brutal, no solamente aves raras o poco comunes; estamos hablando de especies que eran relativamente habituales”, explica. Y añade una reflexión que trasciende lo estrictamente ornitológico. “Si las aves de los medios agrícolas están mal y todas sus poblaciones están colapsando, eso quiere decir que algo está pasando en esos ecosistemas, en los alimentos.
Igual tenemos que revisar cuál es la política y cuáles son los procedimientos de producción, porque ese problema lo podemos estar teniendo nosotros también”. Las aves, insiste, son un termómetro. “No deja de ser un termómetro que nos muestra nuestro propio estado”.
Frente a ese declive agrario, otros ambientes parecen ofrecer una lectura distinta. El aumento de la superficie forestal en determinadas zonas de la provincia ha favorecido a especies ligadas al arbolado.
“Mientras que los medios agrícolas están sufriendo una regresión importantísima en cuanto a riqueza y abundancia, en otros ambientes, como los forestales, las especies están yendo mejor porque está aumentando la superficie forestal y, por lo tanto, las especies que allí viven también aumentan”, señala Jubete.
También las aves asociadas a medios acuáticos muestran una tendencia más estable o incluso creciente, aunque sometida a la incertidumbre de la sequía y a la transformación de riberas y humedales. El nuevo atlas permitirá cuantificar con precisión estas dinámicas y estimar tamaños poblacionales mediante censos directos o cálculos de densidad en hábitats representativos.
Tres años de estudio
El proyecto se desarrollará durante tres años, aunque el ritmo de adhesiones podría acelerar el calendario. A comienzos de marzo ya hay casi una treintena de naturalistas implicados y cerca del 50 por ciento de las cuadrículas asignadas para 2026. El perfil es heterogéneo. “Hay gente con formación académica sobre esta materia, biólogos, ambientólogos, técnicos forestales, pero hay muchísima gente con profesiones totalmente diferentes: ingenieros, conductores… de absolutamente todos los perfiles”, describe.
El requisito esencial no es el título, sino el conocimiento. “Para poder hacer este trabajo hay que conocer los pájaros visualmente y, sobre todo, acústicamente. Muchas especies son difíciles de ver en zonas forestales, oyes muchos pájaros pero ves muy pocos, y tiene que ser a través del oído como detectas la mayor parte de las especies”.
La asociación también abrirá la puerta a colaboraciones puntuales. “Podemos recibir datos de gente que no puede prospectar una cuadrícula con toda la metodología, pero que nos aporte datos puntuales: he encontrado un nido de águila culebrera en tal punto… Toda la información va a ser integrada y toda la información es válida”. Las personas interesadas pueden escribir a anpa@avespalencia.org para sumarse al proyecto.
Una de las grandes novedades del II Atlas será la evaluación del estado de conservación de cada especie reproductora en la provincia, aplicando criterios internacionales estandarizados. “Vamos a actualizar y elaborar la primera lista roja de las aves de Palencia siguiendo los criterios propuestos por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, que son aplicables en cualquier punto del planeta”, explica Fernando.
El objetivo no es solo etiquetar, sino orientar políticas públicas. “Si hay especies que figuren en categorías de máxima amenaza, como vulnerables o en peligro de extinción, tal y como dice la normativa se deberían implementar planes de recuperación o de conservación”.
El trabajo, subraya, se realiza de manera voluntaria y sin financiación. “Debería ser la administración la que implemente luego todas estas medidas”.
El atlas permitirá identificar puntos negros de mortalidad por colisión o electrocución en tendidos eléctricos, afecciones por infraestructuras energéticas, secado de zonas húmedas y otros impactos. Al recorrer sistemáticamente cada cuadrícula, los naturalistas no solo anotan cantos y vuelos: observan el territorio en su conjunto.
Para Fernando, este proyecto tiene una dimensión íntima. “Mis primeros pasos como naturalista en esta provincia fueron en los años 80 y 90, cuando se hizo ese primer atlas. Apenas tenía veinte años”, recuerda. Tres décadas después, contempla a una nueva generación de ornitólogos que ha crecido al abrigo de aquella experiencia. “Aquí participa mucha gente que yo he visto crecer como ornitólogos, mi propio hijo. Si lo habláramos en argot futbolístico, la cantera es encomiable”.
El segundo atlas será, en cierto modo, un cierre de ciclo. “Es un poco cerrar una puerta, no voy a llegar ya a hacer el tercer atlas”, admite con serenidad. Pero también es una apertura, la de una sociedad más consciente de su patrimonio natural, más preparada técnicamente y más conectada.
Cuando el volumen vea la luz, previsiblemente en 2029 o 2030, ofrecerá algo más que mapas y tablas. Será la crónica ambiental de treinta años decisivos, el relato de lo que se perdió y de lo que resistió, de lo que llegó nuevo y de lo que se fue en silencio.
En un tiempo en que el ruido domina la conversación pública, un grupo de personas ha decidido escuchar, porque, como recuerda Fernando, “todo este tipo de estudios no dejan de ser un termómetro del estado de conservación del medio en el que vivimos”. Mirar al cielo, en Palencia, vuelve a ser una forma de entender la tierra.