Opinión
El derecho y la fuerza
La Corte Penal Internacional es inexistente precisamente para aquellos países que pueden imponer la fuerza: Estados Unidos, Rusia o China
Mucho habrán oído hablar estos días del Derecho Internacional en relación con lo que ha ocurrido en Venezuela; conviene analizar las cosas desde el principio.
El Derecho, «el Imperio de la Ley», es la base del funcionamiento de cualquier sociedad, pero el derecho, la ley, nada significa por sí solo si no es capaz de imponerse. Podemos decir que robar es un delito, pero esto solo se aplicará en la práctica si detrás hay una policía capaz de detener al ladrón y un juez con autoridad para enviarlo a prisión.
La Ley precisa, pues, del elemento coactivo de la fuerza para que no quede en una mera declaración de intenciones.
En el ámbito internacional, las cosas son mucho más complicadas, por lo menos en lo que concierne al Derecho Internacional Público en relación con los Estados y sus facultades.
Es evidente que los tratados, los convenios, los acuerdos, están para cumplirse, y es evidente que estas normas llevan también incluidas sanciones para los casos de incumplimiento. ¿Pero qué sucede cuando quien teóricamente lo incumple es quien tiene la fuerza para ser él quien sancione, y no el sancionado?
De hecho, la Corte Penal Internacional es inexistente precisamente para aquellos países que pueden imponer la fuerza: Estados Unidos, Rusia o China.
Vayamos por partes; China es una dictadura comunista que aparentemente no tiene intención de declararle la guerra a nadie, pero sí está dispuesta a controlar el mundo y los recursos, aunque tampoco es descartable que pueda llegar a utilizar su fuerza militar. Rusia ya ha demostrado cuál es su forma de actuar, desde la invasión de Ucrania hasta las misteriosas desapariciones de sus opositores, pasando por la injerencia en países extranjeros como España con el tema del procés.
En estas condiciones, ¿resulta descabellado tener como aliado a alguien también dispuesto a utilizar la fuerza?
Europa ha demostrado su práctica inutilidad y así seguirá siendo mientras no haya una política exterior común, y muy especialmente unas fuerzas de defensa comunes y unificadas; entonces sí podrá hablar de tú a tú con cualquiera de las grandes potencias.
Ya lo dijo Julio César: «Si vis pacem, para bellum» (si quieres la paz, prepárate para la guerra). La otra posibilidad es la de enviar flotillas y hacerse selfies, romper relaciones diplomáticas con Estados Unidos o salirse de la OTAN; si me permiten la expresión, auténticas gilipolleces. Y, a la hora de analizar las cosas, no olvidemos que Trump ha capturado a un dictador tirano y narcotraficante; las cosas como son.