Tesoro literario

El otro archivo de Roberto Bolaño

LA RAZÓN accede a los numerosos papeles del escritor chileno guardados por quien fuera su amigo y maestro Carlos Edmundo de Ory

Carlos Edmundo de Ory y Roberto Bolaño en Blanes
Carlos Edmundo de Ory y Roberto Bolaño en BlanesFundación Carlos Edmundo de Ory

En el remite de un sobre se definía como «el bombero budista» mientras que en la dedicatoria de un libro calificaba al receptor de esas y tantas notas como «el conejo vertiginoso». Es una muestra de las comunicaciones entre Roberto Bolaño y Carlos Edmundo de Ory. En la fundación que lleva el nombre de este último, en Cádiz, se conserva lo que podría calificarse como el otro archivo del autor de «Los detectives salvajes». El poeta que fue su maestro conservó la extensísima correspondencia que mantuvo con Bolaño, pero también tuvo el acierto de hacer copia de todas las misivas que envió como respuesta. Hablamos de un conjunto que nos lleva desde 1977 hasta 1996 y que permanece por desgracia inédito en su totalidad, pese a algún intento frustrado de publicación. A esos documentos se le suman, además de un puñado de libros firmados con afectuosas dedicatorias del responsable de «2666», los mecanoscritos de dos títulos clásicos en la obra del chileno, «Estrella distante» y «Monsieur Pain», además de varios poemas y relatos.

En las siguientes líneas no se reproduce fragmento alguno escrito por Bolaño, pero podemos saber cómo pensaba o vivías además de cuáles eran sus aspiraciones literarias gracias a las cartas enviadas por Ory porque hizo copia de ellas, incluso apuntando qué tipo de papel empleó. Y un apunte antes de empezar. ¿Quién era Ory? Estamos hablando de uno de los grandes poetas españoles del siglo pasado, un autor que desarrolló un estilo muy personal, alejado de todo tipo de convencionalismos editoriales., algo que llevó a cabo desde Francia, donde se instaló, aunque sin olvidar sus raíces gaditanas.

Sobre de una de las cartas de Bolaño
Sobre de una de las cartas de BolañoFundación Carlos Edmundo de Ory

Para Bolaño, Ory era un oráculo, un referente al que seguir y pedir consejo. Pero el escritor no lo hizo solo sino que se dirigió al poeta junto con su amigo Bruno Montané, con quien había fundado el movimiento poético Infrarealista. El 27 de julio de 1977, Ory se dirigía a los dos calificándolos como «espíritus carnales» y aplaudiendo que fueran inteligentes y ladinos. Al gaditano le había fascinado «Alba clara en el cagadero», el poema que Bolaño y Montané habían escrito a cuatro manos: «La cosa parece líquida, una destilación en debida forma. ¡Loados sean los dioses anales! El día en que los poetas cambien de nombre y se llamen culos, nos abriremos paso a través de las trastiendas que dan a los jardines, que en los barcos se les llama así a los retretes. ¿Qué se ha hecho del hombre de lo Bello? Ha llegado la hora de quitarse la careta, oh hierofantes», aseguraba el veterano poeta.

Desde Barcelona –«Rosa de Fuego», para el chileno– y Blanes, Bolaño informa del nacimiento de su obra literaria, de los poemas, de los cuentos y de las novelas que escribe, además de la búsqueda de editor para sus textos. Resulta interesante, a este respecto, cómo Carlos Edmundo de Ory se convierte en el responsable de velar por las lecturas de su amigo. Le dice Ory en febrero de 1995: «Me dices: “Compro libros, me pierdo en librerías de viejo cuando voy a Barcelona”. Buscas libros para tu hijo, Y, de paso, sin duda también para ti. Sabiendo lo que te gusta, de novelistas contemporáneos, te pongo ante los ojos una pequeña lista de nombres de autores. Sólo norteamericanos. Ya iremos cambiando listas de alemanes, ingleses, italianos, etc. Tú me dirás si los has leído ya y qué,.si están editados en España, y dónde. Digamos que yo sé de ellos, y de su importancia estilística, formal y de contenido, de diferentes modos. Y digamos que me interesan, unos más que otros. Punto y aparte». En ese lista de recomendaciones encontramos a Cormac McCarthy, Philip Roth, Norman Mailer, Thomas Pynchon, Lawrence Ferlinghetti, Bret Easton Ellis, Raymond Carver, John Updike o John Kennedy Toole, entre muchos otros. Ory apuntaba una coda a todo esto que no deja de ser una declaración de intenciones lectoras: «Yo leo a los pesimistas superlativos, espantosos y curados de espanto. Al lado de ellos, Schopenhauer me parece un bebé sonriente».

Además de lectura, Bolaño buscaba en Ory sus consejos como poeta y primer lector de sus versos. En febrero de 1993 le envió el poema «Mi vida en los tubos de supervivencia» asegurando que se podía leer como si fuera una aventura de dibujos animados. Un mes más tarde, Ory le remitía sus impresiones: «Leí tu poema, si quieres llamarlo así. Es más bien prosa introspectiva y mitificadora, un cuento intergaláxico que te cuentas a ti mismo como de costumbre tienes, soñando levitaciones. Tales como subir hasta los “grandes ojos fieles” (huelga decir que lo son de “un amor”). De todos modos, ese largo monólogo de holandés errante que evoca ghettos y de pronto nombra a Stefan Zweig, que has escrito recientemente (me dices), tengo la impresión que coincide con el momento mental que te hizo decir también a mí en enero de este año: “Ahora tal vez me vaya a Chile o tal vez no”. O sea, que la vida, la tuya, se ocupará de suprimir del mapa (mental) el dudoso por desconfiado “tal vez”. Lo mejor es confiar en la vida. Y no lo olvides: tú eres un poeta, y por lo tanto careces de patria, oh santiaguino».

Portada del original de "Estrella distante"
Portada del original de "Estrella distante"Fundación Carlos Edmundo de Ory

Muchos, tras la muerte de Bolaño, se apuntaron al carro de ser los primeros en descubrir al gran escritor. Carlos Edmundo de Ory pudo ponerse justamente esa medalla mucho antes que otros oportunistas. En mayo de 1993, tras regresar de Nueva York, se reencontró con «La pista de hielo», el que era en ese momento el nuevo trabajo de su amigo. Su lectura fue «un regalo». Al compararlo con su debut en la novela con «Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce», que había escrito conjuntamente con A.G. Porta, Ory veía en «La pista de hielo» «una obra de tus solas manos de arquitecto. No obstante, en ambas novelas, se consigue el propósito ambicionado: dar en el blanco de la curiosidad cosquilleante del lector. Creo que tú tienes capacidades imaginativas y técnicas para montar sueños novelescos de mucha enjundia. Lo cual te llevará. oh esforzado, a recoger éxitos. Sé que corriges y sin duda rompes. Nada más higiénico que rupturas. Hay que vacunarse contra la rabia retórica».

Hablando de novelas, resulta interesante constatar en estas cartas que Bolaño comparte los avances de su trabajo con un siempre receptivo Ory. De esta manera, a través del epistolario sabemos de los avances sobre «Monsieur Pain», de algún proyecto que no se materializó como «El caníbal dialéctico» o la técnica que empleará en obras tan ambiciosas y aclamadas como son «Los detectives salvajes» o «2666».

Otro aspecto interesante en esta serie de cartas son las opiniones que ambos tienen de diferentes autores. Luis Goytisolo es objeto de duras críticas mientras que Georges Perec es, para Bolaño, lo más parecido a Jesucristo reencarnado. Philip K. Dick es uno de los más elogiados apuntando Ory que tiene en casa su obra completa.

Precisamente es Ory uno de los encargados en abrir muchas de las puertas buscadas por Bolaño para publicar. Por ejemplo, el poeta gaditano es quien le recomienda que se acerque de su parte a Félix Grande para poder publicar en «Cuadernos Hispanoamericanos»: «Le escribes de parte mía, le recuerdas que le hablé de ti en El Escorial, le envías algunos de tus libros y, al mismo tiempo las cosas que te gustaría ver publicadas, y se publicarán. Guando lo hagas, dímelo. Ya le preguntaré cuándo salen. Y, de paso, le recomiendo a Bruno Montané», añadió en una ce las cartas. Ory también dirigió los pasos de Bolaño hasta la revista zaragozana «El Bosque» recomendándole que trate de hablar con Javier Barreiro donde finalmente se publicaron algunos poemas.

Una de las cartas de Ory a Bolaño
Una de las cartas de Ory a BolañoFundación Carlos Edmundo de Ory

Pero lo más importante de todo este material es la constatación de la gran amistad que unió a estos dos autores. Para Ory, pese a la diferencia de edad, se trató de un hecho importante en su vida, considerando a Bolaño como una «persona porosa» con la que podía mantener un diálogo sincero y «gota a gota». En este sentido describía el intercambio epistolar entre ambos como algo sagrado porque «es como si habláramos de pie mirándonos con buenos ojos». Todo ello lo llevó a decir que los silencios prolongados entre ambos no eran vacío, sino «música callada». Esa música sigue sin ser publicada.